Cada vez resulta más difícil para los escépticos del calentamiento global continuar negando las evidencias. De hecho, me parece increíble que a estas alturas sigan existiendo negacionistas del cambio climático. Las pruebas simplemente están a nuestro alrededor. Constantemente. Porque no se trata únicamente del inusitado aumento de las temperaturas en comparación con años y décadas anteriores, algo que se hace aún más palpable con la llegada del verano. Se trata, también, del notable incremento en la frecuencia de fenómenos tales como enormes incendios forestales, tormentas, huracanes y largos períodos de sequía. Los ejemplos abundan por doquier. Una ola de calor sin precedentes ha afectado durante los últimos días a grandes zonas de Canadá, en las que se han llegado a rozar los 50 grados centígrados. Como consecuencia de ello, el 90% de la localidad de Lytton, en la Columbia Británica, fue consumido por las llamas el pasado 30 de junio. Estados Unidos tampoco se ha salvado. La norteña ciudad de Portland, por ejemplo, registró la semana pasada un récord histórico de 46,5 grados.
Pero estas altísimas temperaturas no son, por supuesto, exclusivas de Norteamérica. Simplemente allí han s
Es probable que, cuando los miembros fundadores del Partido Comunista Chino celebraron su primer congreso, en julio de 1921, muy pocos de ellos se imaginarían que, un siglo más tarde, millones de chinos estarían rindiendo tributo a aquella memorable asamblea fundacional. No hay duda de que el Partido Comunista Chino ha sabido demostrar, a través de las décadas, que posee un espíritu bastante tenaz y belicoso. Consiguió sobrevivir durante los largos y difíciles primeros tiempos en los que estuvo sumido en la clandestinidad, hasta lograr conquistar, en 1949, el poder absoluto a nivel nacional. Incluso ha conseguido superar en longevidad al sistema soviético-leninista, sobre el que se inspiró en sus inicios para desarrollar su ideología. También ha sabido dejar atrás los tiempos marcados por el férreo liderazgo de Mao Zedong, un oscuro período en el que los traumáticos procesos de "La Revolución Cultural" y "El Gran Salto Adelante" dejaron tras de sí un incontable reguero de cadáveres. Pero ya sabemos que la historia la escriben los ganadores. O mejor dicho la "reescriben" los gobernantes, porque el Partido Comunista ha intentado rehabilitar en los últimos años la controvertida figura
Millones de franceses (y yo diría que también millones de europeos) pueden respirar aliviados, al menos por un tiempo: Reagrupamiento Nacional, el partido de ultraderecha liderado por Marine Le Pen, sufrió una dura derrota en las elecciones regionales francesas, cuya segunda vuelta se desarrolló el pasado 27 de junio. Tras unos resultados sumamente decepcionantes en la primera vuelta, realizada una semana antes, en la que Reagrupamiento Nacional apenas obtuvo en torno al 20% de los votos, Marine Le Pen mantenía la esperanza de conquistar el feudo de Provenza-Alpes-Costa Azul, la única región en la que su partido aún tenía opciones de salir victorioso. Sin embargo, Le Pen ni siquiera pudo consolarse con esa victoria. También allí su partido resultó derrotado, en beneficio del candidato de la derecha tradicional, Renaud Muselier. Este fracaso resulta especialmente doloroso para Le Pen, pues precisamente en esta región se halla ubicada la populosa y bastante mestiza ciudad de Marsella, una urbe en la que la líder de extrema derecha aspiraba a obtener buenos réditos a base de mensajes xenófobos y antimusulmanes. Afortunadamente, aquello no pudo ser. Sobre todo porque las recientes elec
Si algo nos ha enseñado la pandemia del coronavirus es que no podemos confiarnos ni bajar la guardia en ningún momento. Portavoces de la Organización Mundial de la Salud advirtieron, el pasado 1 de julio, que la racha en Europa de descenso generalizado de las cifras de contagios, un largo período que duró diez semanas, por desgracia había llegado a su fin. Las infecciones han aumentado en torno al 10% desde hace dos semanas en el continente europeo, un ligero aumento que no se apreciaba desde mediados del pasado abril. Y lo más preocupante es que esta tendencia negativa podría incrementarse en las próximas semanas, todo como consecuencia de la relajación en las restricciones y del aumento de los viajes turísticos que suele traer consigo el inicio de la estación veraniega. Pero también hay un segmento poblacional sobre el que todas las miradas se han posado y al que muchos culpabilizan por este lamentable aumento en el número de contagios: la juventud.
Esto lo podemos ver con mucha claridad, por ejemplo, en nuestro propio país. Las imágenes de aglomeraciones de jóvenes abarrotando calles y plazas durante sus juergas nocturnas han copado los noticiarios e incluso han llamado la atenci
El rostro de Rafael Nadal durante su última rueda de prensa, justo tras perder ante Novak Djokovic en el torneo de Roland Garros, expresaba claramente su frustración y su desolación. Ese día, el pasado 11 de junio, Nadal no sólo había perdido un partido crucial en las semifinales del campeonato parisino. También había desaprovechado la oportunidad de pasar a la final para intentar conquistar por decimocuarta vez en su carrera el trofeo de Roland Garros, lo cual a su vez le habría servido para sumar 21 torneos de Grand Slam (una cifra que nunca nadie ha alcanzado hasta ahora en toda la historia del tenis). Recordemos que cada año se juegan cuatro torneos calificados como "Grand Slam", los más importantes y codiciados por cualquier jugador de tenis: el Open de Australia, en Melbourne, el Roland Garros de París, el Wimbledon de Londres y el Open de Estados Unidos, en Nueva York. Existe un consenso generalizado entre la inmensa mayoría de los seguidores de este deporte que establece, a pesar de que no haya ninguna regla escrita en torno al tema, que el mejor jugador de la historia es aquel que logre conquistar el mayor número de trofeos de Grand Slams. Y ésta es la razón, sin ir más le