En mi familia se ha transmitido de padres a hijos una frase célebre de una pensadora y jurista española del siglo XIX llamada Concepción Arenal. Es, quizá, su afirmación más famosa: “Odia el delito y compadece al delincuente”. En estas palabras se encierra el sentido último del sistema penitenciario español: no limitarse a castigar a los delincuentes; sino, sobre todo, intentar rehabilitarlos para reinsertarlos en la sociedad.
En ese espíritu de ‘odio al delito’ y de ‘compasión hacia el delincuente’ se enmarcan otras medidas como la revisión y reducción de penas o los permisos penitenciarios. También la que es quizá la mayor medida de gracia y la más polémica: el indulto. La decisión de indultar a un delincuente siempre es controvertida, porque supone que el poder político anule una condena impuesta por el poder judicial.
Aun así, el indulto existe en casi todos los países. En España, desde el siglo XIX. Los Gobiernos pueden aplicarlo, siempre que consideren la existencia de razones humanitarias, para mejorar la convivencia o por conveniencia política. Esa decisión es exclusiva del Gobierno de turno y, por tanto, siempre es objeto de polémica.
El actual Ejecutivo, liderado por el prog
Los países escandinavos tienen buena fama: son lugares prósperos, avanzados, dialogantes y siempre dispuestos a mediar en conflictos internacionales. Su alto nivel de vida, su sólido estado de bienestar y sus elevados estándares democráticos y ambientales a menudo son vistos por otros países como el camino a seguir. Esta imagen impecable ha quedado hecha añicos este mes por Dinamarca.
El parlamento del país aprobó el pasado 3 de junio, con el apoyo de los socialdemócratas y de los partidos conservadores, una ley que permite tramitar las peticiones de asilo de refugiados fuera de territorio danés. Dicho de otra manera, si uno llega –por ejemplo– huyendo de la guerra de Siria a la frontera danesa, allí le podrán meter en un avión y llevarle a un centro de internamiento en otro país, hasta que se concluya la tramitación de su solicitud.
Además, si se concede el asilo, el solicitante no lo disfrutaría en territorio danés, sino en el país donde se realice la tramitación. El mecanismo es sencillo: Dinamarca pagaría a terceros países (la prensa danesa menciona a Egipto, Eritrea y Etiopía, pero especialmente a Ruanda) para que tramiten las peticiones y se queden con los refugiados.
Tanto Naci
“Cómo no envidiar la vida de nuestros padres. Cómo volver a creer en el progreso”. Estas preguntas retóricas, pronunciadas en un discurso ante varios miembros del Gobierno español por la escritora y periodista Ana Iris Simón –de 29 años y que dará a luz en las próximas semanas– han sacudido la política de nuestro país y han situado a esta joven en el centro del debate.
La autora de la novela ‘Feria’, un auténtico superventas, cree que sus padres podían permitirse tener fe en el futuro porque en sus vidas había una mejoría constante y seguridad económica y laboral: “Lo que más envidio es que para ellos tener hijos no supuso el salto al vacío que yo siento ahora”. Es verdad que tener hijos en España es una decisión arriesgada. El país ostenta el récord de Europa en paro juvenil (casi un 40%) y en contratos temporales. Además, los menores de 30 años deben destinar el 94% de su salario si quieren vivir solos en un piso de alquiler.
Lo que no está tan claro es que la generación de los padres de Ana Iris Simón no sintiera un “salto al vacío”, porque la precariedad laboral, el paro y la vivienda han sido desde hace medio siglo los grandes problemas del país y han centrado los discursos (aun
El servicio postal español decidió, hace unos días, hacer coincidir una campaña antirracista con el primer aniversario del asesinato de George Floyd. Pero la cosa no salió como se esperaba. Correos, que así se llama la empresa pública, emitió una serie de cuatro sellos, imitando diferentes tonos de piel. Hasta ahí, todo bien…
Sin embargo, alguien en la agencia publicitaria que diseñó la campaña decidió que sería una buena idea que los sellos más claros tuvieran más valor (1,60 euros), y los más oscuros, menos, hasta los 70 céntimos. “Así, al hacer un envío será necesario usar más sellos oscuros que claros. Cada carta y cada envío será un reflejo de la desigualdad que crea el racismo", argumentaban. ¿Es buena idea reproducir una discriminación para concienciar sobre el racismo? Parece que no.
“La campaña tiene un problema insalvable de fondo: lo que trasciende es que los sellos oscuros tienen menos valor que los claros. Lo que se transmite y lo que queda es una contradicción enorme: una campaña que para mostrar el igual valor de nuestras vidas pone en circulación sellos con un valor desigual según el color. El mensaje es un absoluto desastre. Es racista. No hay mucho más que añadir”,
Una de esas imágenes que no se olvidan es la de los gritos y saltos de alegría de los miembros de la delegación de una ciudad cuando el jurado desvela que su candidatura ha sido elegida para celebrar los Juegos Olímpicos. Esa euforia contagiosa se parece mucho a la de quien gana la lotería. Para la ciudad vencedora, ser elegida siempre ha sido visto como un enorme golpe de suerte: nuevas infraestructuras, atención mediática, turistas, proyección internacional… Un enorme salto hacia el futuro envidiado por medio mundo. Hasta ahora.
Nunca unos Juegos Olímpicos habían cosechado tanto rechazo entre los ciudadanos del país anfitrión como los de Tokio. Más de un 80% de los japoneses no quiere que se celebren los campeonatos cuyo comienzo está previsto para el 23 de julio. La encuesta que publicó a mediados de mayo el rotativo nipón Asahi Shimbun no deja lugar a dudas: el 43% de los encuestados quiere que los Juegos se cancelen y el 40%, que se vuelvan a posponer.
Los japoneses temen que la llegada de 15.000 atletas de 200 países agrave la pandemia de coronavirus. No se sienten protegidos ante la avalancha de visitantes y la razón es simple: no lo están. El porcentaje de vacunados en este p