La semana pasada, el presidente de EE. UU., Joe Biden, sorprendió a muchos resucitando la teoría de que el Covid-19 pudo haberse originado en laboratorio. El presidente pidió a las agencias de inteligencia estadounidenses redoblar sus esfuerzos para investigar la cuestión y les dio 90 días para preparar un informe al respecto. ¿Qué está pasando?
He de reconocer que, cuando surgió la hipótesis de que quizá el coronavirus escapó de un laboratorio, y, más concretamente, del Instituto de Virología de Wuhan, la región china donde se originó la pandemia, no presté demasiada atención. Una teoría conspiratoria más de Trump, su Administración y el partido republicano, pensé.
Muchísima gente se dejó llevar por el mismo tipo de razonamiento, incluyendo a políticos, periodistas y, al parecer, incluso científicos. Pero, con Trump fuera de la Casa Blanca, algunos comenzaron a reconsiderar su postura. Importantes virólogos han opinado recientemente que la teoría de que el coronavirus se originó en laboratorio merece seria consideración y, hace dos semanas, 18 prominentes científicos defendieron tal posibilidad en una carta abierta publicada en la prestigiosa revista Nature.
Entretanto, como comentab
Durante el último año, han corrido ríos de tinta sobre la pandemia de coronavirus. Pero una cuestión que, en mi opinión, no se ha discutido lo suficiente, quizá porque había temas más urgentes que tratar, es la de las oportunidades creadas por la pandemia.
La crisis, obviamente, todavía no ha pasado. Pero, en los países que tienen la suerte de contar con potentes campañas de vacunación, es concebible que antes de acabar el año pueda declararse la pandemia bajo control. Y eso significa que, si vamos a aprovechar las oportunidades que comentábamos hace un momento, el momento de hacerlo es ahora.
En España, una importante oportunidad se presenta en el sector educativo. Una reivindicación histórica del profesorado ha sido siempre una menor ratio de alumnos por aula. Y, de repente, y como por arte de magia, la pandemia les concedió su deseo. Para poder mantener la distancia de seguridad en clase, en la mayor parte de centros educativos se limitó a 20 el número de estudiantes por cada profesor.
La inmensa mayoría de educadores ha valorado muy positivamente los efectos de la bajada de ratios en el desarrollo pedagógico de las clases. Y, sin embargo, el acuerdo educativo alcanzado hace unos d
Por increíble que parezca, hasta hace apenas unos días la universidad pública española seguía rigiéndose, en parte, por una ley firmada por el dictador Francisco Franco en 1954. Una norma que todavía penalizaba las palabras “indecorosas” y las “manifestaciones contra la religión y moral católicas”.
No resulta sorprendente que, habiendo sido redactada bajo un régimen dictatorial, la antigua norma se centrara en lo punitivo, como comentaba hace unos días el ministro de Universidades, Manuel Castells. La nueva Ley de Convivencia Universitaria, cuyo anteproyecto fue aprobado el pasado 25 de mayo por el Consejo de Ministros, pone el énfasis en la tolerancia y el pluralismo, y fomenta la mediación, y no el castigo, como medio principal de resolución de conflictos. El ministro Castells sabe de lo que habla, pues él mismo sufrió la represión franquista en su época de estudiante.
A pesar de todo, la nueva ley sí que estipula una serie de faltas, y las consideradas muy graves suponen la expulsión del alumno entre dos meses y tres años, y la pérdida parcial de derechos de matrícula. Entre las faltas muy graves están el acoso, las novatadas y el plagio. Redactar una ley de este tipo sin estipula
La estética es, sin duda, un elemento importante en el acto de fumar. Ese je ne sais quoi que da el tener un cigarrillo entre los dedos. Sin embargo, entre los objetos producidos por nuestra especie, la colilla, el inevitable desecho del cigarrillo, está sin duda entre los más repulsivos. Pero que las colillas sean antiestéticas es, imagino, el menor de los problemas. Como es sabido, tirar la colilla es un elemento más del ritual del fumador, que con frecuencia implica deshacerse de ella prontamente y sin miramientos, sin importar dónde se encuentre uno.
Se estima que solo aproximadamente una cuarta parte de las colillas acaba en la basura. El resto, aproximadamente 4.500 millones de colillas al año en todo el mundo, acaba contaminando no solo nuestras ciudades, sino también el medio ambiente, con la nicotina, metales pesados y otros compuestos químicos, algunos de ellos cancerígenos, absorbidos por el filtro del cigarrillo.
En España, uno de los entornos naturales más castigados por esta auténtica lacra son las playas. Como bien sabe cualquiera que haya participado en recogidas de basura en la playa, el desecho número uno encontrado suelen ser las condenadas colillas. Ahora, la asoc
Para los autócratas del mundo, Internet es, obviamente, un gran dolor de cabeza. En Rusia, sin embargo, hasta ahora Vladimir Putin había logrado mantenerse en el poder sin necesidad de restringir significativamente el acceso a la red. Un “logro” que hay que reconocerle al presidente ruso, y que le ayuda a dar credibilidad a su régimen dentro del país, contribuyendo a mantener la ilusión de que se vive en una sociedad abierta.
Ahora las cosas podrían estar cambiando. Como informaba el New York Times el pasado 26 de mayo, últimamente Roskomnadzor, el ente gubernamental ruso que regula Internet, ha estado aumentando su nivel de exigencia sobre plataformas online como Facebook, Twitter y Google. Las peticiones se multiplican, tanto para retirar contenidos no aprobados por el Kremlin como para dar acceso a informaciones favorables al régimen anteriormente bloqueadas.
Este desafortunado cambio podría tener que ver con el uso de Internet, y en particular de las redes sociales, para organizar y apoyar las recientes protestas en favor del líder opositor Alexei Navalny. Aunque, al parecer, Putin lleva tiempo preparando la infraestructura necesaria para ejercer el control sobre la red en Rusia.