El panda gigante es un icono del conservacionismo. De hecho, como sabrán, el logotipo del World Wildlife Fund (WWF), una de las organizaciones conservacionistas más populares del mundo, es un oso panda. Pero, según el propio WWF, el logo de la organización fue inspirado, hace décadas, por un panda gigante… del zoológico de Londres.
Hubo un tiempo en que estos animales habitaban la mayor parte de China y países del sudeste asiático. En la actualidad, las cosas son muy diferentes. Debido principalmente a cambios provocados por la actividad humana, los pandas gigantes se han visto confinados a una serie de regiones montañosas fragmentadas de la China occidental.
Dentro de su desgracia, no obstante, los pandas tienen un elemento importante a su favor; el régimen comunista chino los considera un símbolo del país. Y lleva décadas dedicando grandes esfuerzos a salvarlos de la extinción. Esfuerzos que, en buena parte, han consistido en establecer nuevas reservas naturales. En 2017, por ejemplo, China anunció la creación de una nueva reserva de más de 27.000 metros cuadrados; tres veces más grande que el Parque Nacional Yellowstone, en Estados Unidos.
Pekín también ha buscado acelerar la aplic
Una de las cosas que han quedado claras durante la pandemia de coronavirus es que, en una situación así, la cadena internacional de suministro es poco confiable. Lo hemos visto, entre otras cosas, con las mascarillas, con los respiradores, con los equipos de protección del personal sanitario, y, por supuesto, también con las vacunas.
A estas alturas, parece dudoso que podamos deshacernos por completo del coronavirus, incluso con la ayuda de las vacunas. Pero, sea éste u otro virus, personalmente tengo poca confianza, debo admitirlo, en que en los próximos años el mundo no vuelva a sufrir una pandemia similar. El Covid nos cogió a todos desprevenidos. ¿Estaremos mejor preparados para la siguiente pandemia?
Ahora, el Gobierno español —y apuesto a que muchos otros— está preparando medidas para que, en caso de afrontar una crisis similar, no vuelvan a repetirse los errores cometidos la primera vez. Y muchas de estas medidas, incluidas en la Ley de Seguridad Nacional que prepara el Ejecutivo, van dirigidas a reducir la dependencia exterior. Quizá sea una lección triste, pero el pasado año nos ha enseñado que, en caso de necesidad, debemos ser más autosuficientes.
Para ello, como informaba
Me imagino la llegada de The Hair Truck al pueblo de Gargallo, en Teruel, como la escena de la película El Espiritu de la Colmena en la que el cine ambulante llega al pueblo. El film de Víctor Erice está ambientado en un pequeño pueblo castellano en los años cuarenta. La llegada del camión, cargado con el equipamiento para la proyección de cine, es anunciada a gritos por los niños del pueblo, que corretean alborotados alrededor del vehículo.
Una evocativa escena que vemos como algo perteneciente al pasado. Pero, como es sabido, la historia se repite. En Gargallo, como contaba el diario Vozpópuli el pasado 4 de julio, no hay peluquería y, hasta hace poco, quienes querían arreglarse el pelo tenían que recorrer muchos kilómetros. Pero ahora, cada cierto tiempo aparece por la plaza mayor del pueblo The Hair Truck, una peluquería sobre ruedas a la que no le faltan clientes. Solo que, a diferencia de El Espíritu de la Colmena, en Gargallo la mayoría de quienes esperan ansiosamente la llegada de la caravana son personas mayores.
Natalia y Eneko, los peluqueros y emprendedores que hace tres años lanzaron The Hair Truck, vieron en la “España vaciada” una oportunidad de negocio. Solo en la pro
Todavía no había acabado la guerra civil española, y el autoproclamado jefe del Estado, —y futuro dictador— el general Francisco Franco, ya comenzaba a recibir “regalos”. En 1937, el conde de las Almenas hacía testamento en favor de Franco, y le cedía la finca el Canto del Pico, de 820.000 metros cuadrados, y un palacete con capilla, la Casa del Viento, situado en la propiedad. En 1988, más de 10 años después del fin de la dictadura, los herederos de Franco vendían la Casa del Viento y parte del terreno, embolsándose el equivalente a casi 2 millones de euros. Un negocio redondo de entre los muchos que hizo la familia Franco con lo obtenido durante la dictadura.
Con el Pazo de Meirás, las cosas no les han salido tan bien a los Franco. La propiedad, de más de 100.000 metros cuadrados, había pertenecido a la escritora gallega Emilia Pardo Bazán. En 1938, un grupo de hombres influyentes de A Coruña, asumiendo que Franco saldría victorioso de la Guerra Civil, decidieron comprar un inmueble cerca de la ciudad para regalárselo al general. Tras una campaña de recogida de “donativos”, muchos de ellos forzosos, adquirieron el Pazo de Meirás.
Pero surgió un pequeño problema y es que, al parecer
Viendo en los medios fotografías de gente que ha cometido crímenes violentos, suelo preguntarme si, en caso de encontrarme con una persona así, sería capaz de anticipar el peligro. En general, me temo que no, y un buen ejemplo de ello es el presidente ruso, Vladimir Putin. Un individuo peligroso que, con toda probabilidad, ha ordenado cometer actos abominables. Sí, su rostro suele tener una expresión algo impasible, pero ¿un asesino? Casi puede intuirse en él un sentido del humor pícaro deseando salir a la superficie… quizá con unos tragos de vodka. O… de champán.
La “guerra del champán” rusa de la que todo el mundo habla estos días, por ejemplo, me encaja más con el Putin pícaro de mi imaginación que con el asesino frío y calculador que probablemente es. Como sabrán, hace unos días el presidente ruso firmaba una ley que prohíbe a fabricantes extranjeros de champán etiquetar su producto como tal en Rusia. En lugar de ello, deberán utilizar el término “vino espumoso”.
Los fabricantes de champán francés montaron un gran revuelo. ¡La denominación “champagne”, que para ellos es casi sagrada, atacada! Incluso hubo amagos de interrumpir la exportación de champán francés a Rusia. Después la