La velocista bielorrusa Krystsina Tsimanouskaya ya está a salvo en Europa. El pasado miércoles, 4 de agosto, la atleta aterrizaba en Viena proveniente de Tokio, bajo protección diplomática de Polonia. Menudas Olimpiadas le ha tocado pasar a la pobre Tsimanouskaya.
La atleta acudió a los Juegos Olímpicos para competir en las pruebas de 100 y 200 metros lisos. Pero, ya estando en Japón, se enteró de que, sin su permiso, el Comité Olímpico de Bielorrusia (COB) la había inscrito en los relevos de 4 x 400, una prueba en la que nunca antes había participado. Así que decidió protestar por su situación en las redes sociales. El domingo por la noche, un día antes de la competición, miembros del COB se presentaron en la habitación de la velocista. Le dijeron que hiciera las maletas, que esa misma noche se iba a casa.
En Bielorrusia, obviamente, nada bueno esperaba a Tsimanouskaya. Quizá prisión, como su compatriota y jugadora de baloncesto Yelena Leuchanka. Y como los miles de bielorrusos encarcelados tras protestar por el resultado de las elecciones presidenciales del año pasado, con toda probabilidad amañadas por el autócrata Alexander Lukashenko.
Pero Tsimanouskaya no se dejó amedrentar. Pid
Cuando se incluyen nuevas modalidades en los Juegos Olímpicos, siempre suele haber algo de polémica. En las Olimpiadas de Tokio, entre las nuevas disciplinas ha habido una que parecía, en principio, a prueba de críticas: la escalada. Una actividad que exige capacidad atlética, destreza, concentración… ¿por qué no convertirla en deporte olímpico?
En este caso, la controversia ha venido no tanto por incluir la actividad en sí, sino por la manera de estructurar la competición. A sugerencia, al parecer, de la Federación Internacional de Escalada Deportiva, se añadieron tres modalidades de escalada en los Juegos de Tokio: bloque, dificultad y velocidad. Las dos primeras son modalidades consolidadas en el mundo de la escalada deportiva, cuya inclusión creo que pocos discutirían.
La modalidad de velocidad es la que ha traído polémica. En ella, dos escaladores suben sendos muros de 15 metros de altura, con una ruta estándar que es exactamente la misma en todas las competiciones. Gana quien llega arriba en menos tiempo. Triunfar en esta disciplina exige potencia explosiva y memoria muscular. Pero quizá depende menos de la técnica y de la creatividad a la hora de resolver problemas sobre la ma
Si en España hay un lugar que ilustra a la perfección el desarrollo turístico desenfrenado, es la ciudad de Benidorm. A finales del siglo XIX, el balneario de la Virgen del Sufragio ya atraía visitantes a la ciudad, y en 1926 se construyó el primer hotel, pero Benidorm era poco más que un pueblo de pescadores. Hoy en día, la ciudad tiene 70.000 habitantes… y, en 2019, tuvo más de 16 millones de pernoctaciones turísticas.
De esta ciudad, situada en la provincia de Alicante, se han dicho muchas cosas: que es la Nueva York del Mediterráneo; que es el paraíso del mal gusto y del ladrillo salvaje; o, en palabras del dibujante Paco Roca, recogidas por el diario italiano Corriere della Sera el pasado 2 de agosto, que está “a medio camino entre Las Vegas y Gotham City”.
Benidorm se jacta de tener más rascacielos por habitante que ningún otro lugar del mundo. Y, hace unos días, abría sus puertas el edificio más alto del skyline de la ciudad: Intempo. Los medios no parecen ponerse de acuerdo con la altura exacta de la construcción, que ronda los 190 metros, y, al parecer, es el edificio residencial más alto de Europa.
Sospecho que los veteranos del desarrollo urbanístico de Benidorm habrán vist
En algún momento, imagino que dejaremos de contar cuántas olas de la pandemia de coronavirus ha habido. Yo debo admitir que ya perdí la cuenta, pero, según veo en los medios, en España actualmente estamos sufriendo la quinta ola. La incidencia de infecciones, que había llegado a bajar a algo más de 100 casos por 100.000 habitantes, hace unos días volvió a estar por encima de los 700. Y, entre los jóvenes de 20 a 29 años de edad, la franja con más incidencia, ésta ha superado nada menos que los 1.772 casos. Probablemente no es casualidad que este grupo de edad esté también entre los que han recibido menos vacunas.
A pesar de todo, ni el Gobierno central ni los regionales parecen dispuestos a tomar medidas demasiado restrictivas. De momento, se diría que la idea sigue siendo apostarlo todo a una sola carta: la vacuna. Pero las autoridades no son las únicas que apuestan; los ciudadanos también lo hacemos. La gente quiere sacarle partido al verano, pero, ¿qué riesgo asumimos participando en determinadas actividades?
Resulta difícil de decir. Pero, admitámoslo, en buena parte depende de nosotros mismos. Un ejemplo de ello es el concierto ofrecido por el cantante Sergio Dalma el pasado 1 d
Cuando, ahora hace dos años, el político ultraderechista Matteo Salvini salió del Gobierno italiano, para muchos, tanto dentro como fuera del país, fue un gran alivio. Incluso se especuló con que la extrema derecha perdía popularidad. Desgraciadamente, a día de hoy, la ultraderecha italiana no parece perder apoyos. De hecho, se diría que cada vez coge más fuerza. Además, a Salvini le ha salido competencia: Giorgia Meloni y su partido Fratelli d’Italia.
En las elecciones generales italianas de 2018, Fratelli d’Italia obtuvo un 4,3 % del voto, triplicando sus resultados de 2013, aunque todavía lejos del apoyo obtenido por la Lega, el partido de Salvini. Pero, desde el pasado septiembre, el partido de Meloni gobierna la región de Marche, tras ganar las elecciones regionales, y ahora diversas encuestas sitúan a Fratelli d’Italia a la par con la Lega como las formaciones políticas con más apoyos del país. El diario británico The Guardian incluso especulaba, el pasado 3 de agosto, con que Meloni ya se prepara para suceder a Mario Draghi al frente de Italia tras las elecciones generales de 2023.
Yo espero que las alarmistas especulaciones del Guardian no se cumplan. En todo caso, el auge de