El Mar Menor en Murcia se está muriendo. Se trata, por desgracia, de una muerte anunciada. Bueno, la verdad es que, en retrospectiva, prácticamente todos los desastres ecológicos hoy en día dan la impresión de haber sido anunciados con gran antelación. Lo cual lo hace todo mucho más lamentable, pues aquello quiere decir que pudieron haber sido evitados si se hubiesen tomado a tiempo las medidas adecuadas. Lo cierto es que, hace apenas un par de semanas, mencionamos en este programa la tragedia del Mar Menor, una gran laguna de agua salina, situada en la comunidad española de Murcia, cuyo frágil ecosistema se ha venido deteriorando gravemente en los últimos años debido, sobre todo, a los constantes vertidos de fertilizantes provenientes de la agricultura intensiva. Lo que no podíamos imaginarnos es que, tan sólo unos días más tarde, y como si nuestro análisis hubiese sido funestamente profético, comenzarían a aparecer miles de peces muertos flotando en su turbia superficie. El pasado 28 de agosto, los encargados de las labores de limpieza ya habían retirado de las aguas quince toneladas de peces, crustáceos y algas. La causa de tan gigantesco desastre ecológico es la paulatina dismi
No hay duda de que millones de seres humanos, sobre todo aquellos inmersos en las selvas de cemento que son hoy en día las inmensas urbes del planeta, han perdido prácticamente todo contacto con la Madre Naturaleza. Este distanciamiento, llamémoslo "sensorial", ha alcanzado niveles inauditos en los últimos tiempos. He leído en más de una ocasión, en diversos artículos periodísticos, que son incontables los niños que, por ejemplo, jamás en sus vidas han visto con sus propios ojos a una vaca o a una simple gallina (en estado vivo, se entiende). Y tengo la sospecha de que no son sólo los niños, sino también cada vez más los adultos, quienes han extraviado esta sublime conexión natural y directa a través de los sentidos.
Porque no se trata únicamente de la vista. También tenemos que hablar del sentido del oído. Y es que se está haciendo bastante habitual en nuestros días el hecho de que numerosas personas, sobre todo turistas durante el período veraniego, expresen su disgusto ante el sonido que hacen ciertos animales en medio de su hábitat natural. De hecho, hace poco nos enteramos de una anécdota que refleja esta creciente y preocupante desconexión. Hace un par de semanas, el diario br
El gobierno mexicano fue protagonista, hace unas pocas semanas, de una noticia que fue reproducida por gran parte de los medios de comunicación internacionales. A principios del mes pasado, el gobierno presidido por López Obrador interpuso una demanda judicial en contra de diez empresas estadounidenses fabricantes de armas. Tal acción legal, presentada ante un tribunal federal del Estado de Massachussets, representa la primera vez en la historia en que un gobierno extranjero intenta sentar en el banquillo de los acusados a este poderoso gremio empresarial. Todo ello es la consecuencia final de largos años en los que incontables funcionarios mexicanos han expresado sus quejas ante el mínimo control que ejercen los fabricantes de armas, así como el propio gobierno estadounidense, sobre el flujo ilegal de rifles y pistolas entre ambas fronteras. La inmensa mayoría de este armamento termina, de manera clandestina, en manos de los carteles de la droga. Y es que, según datos ofrecidos por las autoridades de México, el 70% de las armas confiscadas en el territorio nacional proceden de Estados Unidos.
Es muy poco probable que esta demanda judicial prospere y llegue a buen puerto, sobre todo
Mucho se ha hablado en los últimos tiempos acerca de la progresiva mercantilización del mundo del deporte, especialmente en relación al fútbol. Hoy lo vemos por doquier: equipos tradicionales convertidos en meras empresas capitalistas, deportistas transformados en activos económicos vendibles al mejor postor, agentes y representantes de jugadores que se asemejan a brokers de la bolsa de valores... Según muchos amantes del balompié, los vaivenes del mercado y el hipercapitalismo desbocado han desvirtuado y corrompido a un deporte en el que ya no parece importar demasiado el amor por un escudo y una camisa, sino más bien la vulgar devoción por el dinero. Una clara muestra de todo esto la vimos hace unos pocos meses en Europa, cuando un puñado de clubes de fútbol, los más poderosos económicamente de Italia, España e Inglaterra, hicieron el intento (frustrado, por los momentos) de crear un campeonato particular a nivel continental en el que los clubes "pequeños" estuvieran excluidos. El fuerte rechazo expresado por miles de aficionados en varios países, genuinos amantes de este noble deporte, fue una de las causas de que este proyecto meramente mercantil no siguiera adelante.
Y es que,
Dicen que "los viejos roqueros nunca mueren". Ojalá esa famosa frase fuera cierta. Y es que, lamentablemente, una de las leyendas más longevas del rock and roll ha dejado de existir. Charlie Watts, fiel baterista de The Rolling Stones desde 1963 (apenas un año más tarde de la fundación de la mítica banda londinense), falleció el pasado 24 de agosto, a los 80 años de edad, a consecuencia del mal estado de salud que le acompañó durante los últimos meses. Ya las alarmas habían saltado a principios de este año, cuando el propio Watts anunció que, por primera vez en largas décadas, no acompañaría a los "Stones" en su nueva gira mundial. Sin embargo, pocos sospechaban que el fin estuviera tan cerca, de modo que la noticia de su fallecimiento tomó a muchos por sorpresa. Entre ellos, a ilustres personajes del show business como Elton John y Paul McCartney, quienes dedicaron al percusionista emotivas palabras a través de las redes sociales. Este último, el legendario bajista de The Beatles, escribió que Watts, además de una "persona encantadora", era un "fantástico baterista, firme como una roca".
Y es que todo verdadero amante del rock and roll es consciente del enorme talento que siempre