“India está lista para alimentar al mundo”, aseguraba recientemente Narendra Modi, el primer ministro del país. Palabras quizá algo grandilocuentes, pero en todo caso esperanzadoras. Ahora parece que la promesa de ayuda de Modi se ha esfumado como un espejismo.
Hace tan solo unos días, el Gobierno indio se mostraba dispuesto a exportar trigo para paliar los efectos de la guerra en Ucrania, uno de los mayores productores mundiales de este cereal. Pero la ola de calor que golpea India ha forzado un cambio de planes. El precio del trigo está marcando récords en el mercado doméstico indio, y ha llevado al Ejecutivo de Modi a prohibir las exportaciones. La mala noticia se ha trasladado a los mercados internacionales, con una subida del índice de referencia del trigo del 6,9 % en el mercado de futuros Chicago, como informaba la BBC el pasado lunes, 16 de mayo. El precio del trigo alcanza así su valor máximo de los últimos dos meses.
Los ministros de Agricultura del G7, —el grupo de las 7 economías más avanzadas del mundo— reunidos en Alemania, se han quejado de que medidas como esta no hacen más que empeorar las cosas. Puede ser, pero, en vista de las circunstancias, ¿quién puede culpar a
Estos días, en nuestro país se da el curioso fenómeno de que los cazadores parecen sentirse perseguidos. Se ha prohibido la caza del lobo. Se han promulgado nuevas leyes que protegen los derechos de los perros, y que, en general, exigen tratar a los animales como “seres sintientes”. Se planea modificar el código penal para perseguir el maltrato a los animales vertebrados.
Todos estos cambios no parecen encajar muy bien con la filosofía de quienes matan animales por placer. Y, sin embargo, en ciertos aspectos, la alarma de los cazadores quizá no esté justificada. Como contaba al diario infoLibre el pasado 7 de mayo Sergio García Torres, director general de Derechos de los Animales, las penas propuestas por causar lesiones a animales vertebrados, por ejemplo, no afectarían a actividades legalmente reguladas como la cinegética.
Yo imagino que, en realidad, los cazadores son conscientes de ello. Pero no les interesa demasiado entrar a debatir ciertas cuestiones, por miedo, creo, a que ello abra las puertas a más controles y limitaciones. Así que optan por echarse las manos a la cabeza y cerrarse en banda, pidiendo que la caza quede excluida de toda esta nueva hornada de “molestas” leyes
Los hogares soportan una presión fiscal ochenta veces más intensa que las fortunas, aseguraba un artículo del diario Público el pasado 8 de mayo. Imagino que, como yo, tendréis la sensación de que, a nivel global, la desigualdad entre los ricos y el resto de la humanidad está claramente al alza. Pero ¿cómo están las cosas en nuestro país? ¿Puede ser verídico el dato de Público?
Lo es, y proviene de un sencillo cálculo: dividir el tipo actual para el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, —un 13,17 %— que pagan cada año millones de españoles, por el tipo del Impuesto sobre el Patrimonio, —un 0,16 %— que afecta solo a quienes poseen un patrimonio neto valorado en más de 700 000 euros.
A las numerosas personas a las que, desgraciadamente, en nuestro país les cuesta llegar a fin de mes, 700 000 euros sin duda pueden parecerles una fortuna. Y, sin embargo, teniendo en cuenta los desorbitados precios del mercado inmobiliario en muchas ciudades españolas, creo que la cifra ya no impresiona tanto; una familia que tenga su domicilio habitual en propiedad, y disponga de una segunda residencia o inversión inmobiliaria modesta, puede acercarse o incluso superar un patrimonio de 700 000
El tenista Carlos Alcaraz está imparable. 2022 es sin duda el año de la explosión del joven deportista español, que en 2021 logró solo un título ATP, el primero de su carrera. En lo que va de esta temporada, Alcaraz lleva ya 4, incluyendo dos Masters 1000, más que ningún otro tenista del circuito. El último fue el Abierto de Madrid, trofeo con el que se alzó el pasado 8 de mayo. Ya ocupa el puesto número 6 del ranking mundial.
Estos días, en el mundo del tenis corren ríos de tinta sobre Alcaraz. Creo que hace tiempo que no se veía irrumpir a un tenista en el top ten mundial con tanta fuerza. ¿Ganar a Nadal y a Djokovic en días consecutivos, y después derrotar al número 3 del mundo en la final de Madrid, tras solo 1 hora y 2 minutos de partido? ¿Convertirse en el jugador más joven en estar entre los 10 mejores del mundo desde Rafa Nadal en 2005? ¿Encabezar la carrera de campeones de la ATP con tan solo 19 años? Son algunos de los logros del tenista murciano este año.
A mí, como a otra gente, me resulta difícil no ver en Alcaraz al Nadal de sus inicios. Por el desparpajo que muestra el joven tenista sobre la pista, y por su energía explosiva; parece que no hay pelota a la que no sea ca
“El mejor regalo de boda”, aseguraba Claudia Aguilera al anunciar su embarazo en Instagram. La periodista paraguaya estaba disfrutando de su luna de miel en la paradisíaca isla de Barú, en Colombia, junto a su flamante marido, el fiscal también paraguayo Marcelo Pecci. Pero, el pasado miércoles, 11 de mayo, la felicidad de la joven familia fue arrancada de raíz. Dos sicarios se presentaron en la playa donde se encontraba la pareja y, sin mediar palabra, asesinaron a tiros a Pecci.
El fiscal Pecci estaba especializado en crimen organizado, tráfico de drogas, blanqueo de dinero y financiación del terrorismo. Colaboraba con la DEA, la agencia antidrogas estadounidense. Obviamente, Pecci tenía enemigos. Con un trabajo como el suyo, creo que sería virtualmente imposible no tenerlos.
Quizá por ello, leyendo estos días sobre el asesinato de Pecci, me ha extrañado un poco ver que, al parecer, su muerte ha producido cierta “sorpresa”. Y también saber que, aunque disponían de escolta en Paraguay, Aguilera y Pecci se fueron de luna de miel solos. Colgaron fotos de su estancia en Barú en las redes sociales, y se sentían tranquilos. Relajados.
Claramente, se confiaron. Pero entiendo que no se pued