Es prácticamente una fórmula matemática: en tiempos de incertidumbre como los que estamos viviendo, muchos líderes populistas intentan agitar los miedos y las ansiedades de la población para obtener réditos políticos. Y la manera más sencilla de atizar los temores es generando animadversión hacia el otro, el extraño, el foráneo. En otras palabras, promoviendo el miedo hacia los inmigrantes.
Una ola de xenofobia e islamofobia ha recorrido prácticamente toda Europa en los últimos años. España, por fortuna, era uno de los pocos países que se habían mantenido al margen de este fenómeno. Pero al parecer aquello ha llegado a su fin.
Según una encuesta elaborada por el Centro de Investigaciones Sociológicas y publicada a mediados del mes pasado, la inmigración se ha convertido, por primera vez, en el principal problema de España en la percepción de la mayoría de los ciudadanos. Para el 30,4% de los encuestados, la preocupación relacionada con la llegada de inmigrantes se sitúa ahora por encima de la falta de trabajo, el rumbo de la economía o el acceso a la vivienda. Llama bastante la atención que la inmigración, hace apenas dos meses, se situaba en el cuarto lugar en una encuesta realizada
Edward Snowden, a través de las filtraciones que llevó a cabo, en el año 2013, gracias a la colaboración de varios medios de comunicación, fue uno de los primeros en poner el dedo en la llaga. El célebre consultor tecnológico alertó sobre los modos, sumamente intrusivos, con los que el gobierno estadounidense espiaba masivamente, a través de los ordenadores personales y los teléfonos móviles, a los estadounidenses. Hoy en día, los gobiernos cada vez saben más y más detalles sobre la vida, así como los gustos personales, de los ciudadanos. ¿Nos estaremos encaminando hacia el desarrollo de unos Estados permanentemente vigilantes, unos sistemas distópicos similares al que imaginó George Orwell en su inquietante novela 1984? China, por ejemplo, ya ha llegado bastante lejos en ese sendero. Este país parece haberse adentrado de lleno en la serie Black Mirror. Desde hace años, los chinos se ven obligados a participar en un "sistema de crédito social". A través de este sistema, el partido único controla, puntúa y juzga, gracias a millones de cámaras y al seguimiento del uso de Internet y de las tarjetas de créditos, el comportamiento de los ciudadanos.
España aún no ha llegado tan lejos en
There's no business like show business... Así rezaba la célebre y pegadiza canción compuesta por Irving Berlin, allá por el año 1946. Y es un tema musical que jamás ha perdido vigencia. Todo lo contrario. Y es que hoy en día, gracias sobre todo al impulso que han brindado las plataformas digitales, la industria del entretenimiento está viviendo una nueva edad de oro. Las grandes estrellas del show business están ejerciendo más influencia que nunca. Por ejemplo, se dice que las preferencias políticas de Taylor Swift pueden inclinar la balanza, hacia un lado u otro, en unas elecciones. Y hay analistas que sostienen que lo que realmente forzó la retirada de Joe Biden fue la carta abierta, publicada en el New York Times, en la que George Clooney pedía su renuncia a la candidatura presidencial.
Pero esta enorme influencia no se limita únicamente al ámbito de la política. También la podemos apreciar, por ejemplo, en la industria global del turismo. Una película o una serie de televisión puede impulsar la actividad turística en cualquier país o ciudad. Aún recuerdo cómo hordas de turistas, hace unos cuantos años, recorrían inhóspitos parajes de España con la intención de fotografiar algu
Hay imágenes que han marcado a toda una generación. Y también a todo un país. En el caso de España, una de ellas es, sin duda alguna, el gol que marcó Andrés Iniesta en la final de la Copa Mundial de Fútbol del 2010, celebrada en Sudáfrica. Es realmente difícil encontrar a algún español o española que no tenga grabado en la memoria ese espectacular gol, marcado en el minuto 116 del encuentro, cuando sólo restaban cuatro agónicos minutos para ir a la tanda de penaltis. Esa jugada es equivalente, en el caso de los argentinos, a aquel legendario gol que marcó Maradona ante Inglaterra en México 86, luego de recorrer medio campo con el balón prácticamente pegado al pie. Son goles que entran en la historia del fútbol y hacen vibrar a todo un país. Y es que no recuerdo ningún otro momento en el que tantos millones de españoles, gracias a aquel gol que nos brindó nuestra única Copa del Mundo, hayamos celebrado algo juntos con tanta pasión y alegría. Es lo que tiene el fútbol en nuestro país.
Pero ese no fue el único instante de alegría que nos regaló Iniesta, un incomparable centrocampista. También nos deleitó a todos los amantes del fútbol mientras vistió la camiseta del Barça. Junto a otr
Era solo cuestión de tiempo para que sucediera. Y, a pesar de que ya todos esperábamos esta noticia más temprano que tarde, aun así nos ha embargado de profunda tristeza a millones de españoles, así como a infinidad de amantes del tenis de todo el planeta. El pasado 10 de octubre, Rafael Nadal anunció su retirada definitiva de este deporte a través de un muy emotivo vídeo publicado en las redes. En él, la gran leyenda del tenis expresó su frustración por tener que decir adiós a la gran pasión de su vida. Con voz entrecortada y ojos lagrimosos, el deportista mallorquín afirmó: "Han sido unos años difíciles. Estos dos últimos, especialmente. No he sido capaz de jugar sin limitaciones. Es una decisión difícil, que me ha llevado tiempo tomar, pero en esta vida todo tiene un principio y un final".
Nadal se refería así a las diversas lesiones que, a lo largo de los últimos tiempos, lo apartaron de las pistas y luego le impidieron recuperar el altísimo nivel al que nos tuvo acostumbrados durante más de dos décadas de exitosa carrera profesional. Es la ley de la vida. Sobre todo en el ámbito del deporte. Los cuerpos comienzan a sufrir achaques y marcan unos límites que, a partir de ci