No está claro si la cumbre de los BRICS, celebrada hace unos días en Kazán, Rusia, produjo muchos resultados tangibles. Lo que sí resulta obvio, y en eso todos los analistas parecen estar de acuerdo, es en que ha sido un triunfo para Vladimir Putin.
La presencia de representantes de 36 países en Rusia, incluyendo a los presidentes de potencias como China e India, parece echar por tierra los esfuerzos occidentales por aislar a Putin tras la invasión de Ucrania. Otras victorias diplomáticas que el presidente ruso se ha apuntado son la presencia de Antonio Guterres, secretario general de la ONU, y del Sr. Erdogán, presidente de Turquía, un país miembro de la OTAN.
Iniciativas presentadas en la cumbre, como el desarrollo de un sistema de pagos entre los países miembros de los BRICS, la creación de una plataforma para el comercio de cereales, o el establecimiento de un sistema de cooperación interbancario, parecen estar todavía en sus etapas iniciales. La reunión de los BRICS nos puede preocupar, pero hay que ser objetivos: si estos países consideran que Occidente no los ayuda lo suficiente, y que el foro de los BRICS puede aportarles algo, me parece comprensible que se unan a él.
Aquí sol
Cuántas veces habremos arreglado todos el mundo en una reunión de amigos. Y, sin embargo, incluso en ese tipo de conversaciones, a medio camino entre lo real y lo imaginario, se hace cada vez más difícil ser optimista. Durante una cena reciente con un grupo de amigos, en lugar de arreglar el mundo, acabamos hablando de cómo nuestra civilización —como el Imperio romano antes de su colapso— podría encontrarse al borde del desastre; al borde de un cataclismo del que podría tardar siglos en recuperarse.
Mis amigos y yo no somos, claro está, ni los primeros ni los últimos en comparar el estado de la civilización actual, y de Estados Unidos en particular, con el del Imperio romano tardío. Infinitamente más preocupante que nuestras elucubraciones, sin embargo, es la carta abierta firmada recientemente por 82 premios Nobel, que asegura que las próximas elecciones presidenciales estadounidenses podrían tener consecuencias funestas para el progreso.
En el documento, los firmantes, entre los que se incluyen ganadores recientes del Nobel, como el economista Daron Acemoglu, el físico John Hopfield o el químico David Baker, expresan su apoyo a la candidatura de Kamala Harris y advierten que una se
Con las macrogranjas de animales ocurre, creo, como con las centrales nucleares: sabemos que existen, pero no solemos pensar en ellas. La mayoría no conocemos cómo funcionan en detalle, pero tenemos una cosa muy clara: que por nada del mundo quisiéramos vivir cerca de una de estas instalaciones.
Cuando Avícola Son Perot —cuyo nombre comercial es Avícola Ballester— inició los trámites para establecer una macrogranja de 750.000 gallinas en Sineu, en Mallorca, los vecinos del pueblo acudieron en masa al Ayuntamiento. Presentaron cientos de alegaciones contra el proyecto, colgaron carteles de denuncia en todo el pueblo y crearon una petición en change.org.
A los vecinos se sumó también Greenpeace. Según la organización medioambiental, la macrogranja propuesta sería la explotación avícola más contaminante no solo de la isla de Mallorca, sino de toda España. Greenpeace estimó que la explotación utilizaría más de 61.000 metros cúbicos de agua al año, el equivalente a una tercera parte del consumo del municipio de Sineu. A los activistas medioambientales les preocupaba también la posible contaminación de los acuíferos con nitratos. Un problema que, por desgracia, en Sineu conocen bien, puest
15.000 manifestantes recorrieron el pasado 19 de octubre el centro de Valencia para reclamar el derecho a la vivienda. Los asistentes pidieron que se regulen los precios de los alquileres, que se cree un parque de viviendas de protección oficial, que se paralice la venta de propiedades residenciales al capital extranjero y que se prohíban los apartamentos turísticos.
En los últimos años, se han visto manifestaciones similares en muchos lugares de España que, como Valencia, sufren problemas de vivienda: Barcelona, Granada, Mallorca, Tenerife… El encarecimiento de la vivienda en nuestro país tiene probablemente múltiples causas, pero, si hubiera que escoger una, la mayoría de españoles —creo— apuntaríamos a la misma: el turismo. Los manifestantes valencianos, de hecho, pidieron que se deje de apostar por el turismo como motor económico y que se ponga fin a la promoción de la ciudad como destino turístico.
Yo estoy muy de acuerdo con los manifestantes valencianos. Es más, creo que no es solo Valencia la que debería dejar de apostar por el turismo, sino toda España. El turismo, obviamente, no puede —ni debe— prohibirse, e indudablemente continuará por muchos años. Pero, en un país sobres
La Academia de Cine española anunció el pasado 17 de octubre que la actriz Aitana Sánchez-Gijón recibirá el Goya de Honor en reconocimiento a su carrera cinematográfica. El premio será entregado el 8 de febrero del próximo año en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Granada.
Cuando Fernando Méndez-Leite llamó a Sánchez-Gijón para comunicarle la decisión, al parecer la actriz se pasó varios minutos “echándole la bronca” al presidente de la Academia, al considerar que era demasiado joven para recibir el galardón. El presidente comenzó a temer que Sánchez-Gijón no aceptara el premio, pero al final la actriz decidió hacerlo; se dio cuenta, como contó hace unos días en rueda de prensa, que si lo rechazaba ahora, quizá cuando sí lo hubiera querido, más adelante en su carrera, ya habría pasado la oportunidad.
Con estos premios honoríficos, nunca llueve al gusto de todos: parece que siempre es difícil acertar con la edad. Pero, aunque es cierto que, con 55 años, Sánchez-Gijón es todavía joven para recibir el Goya de Honor, también es verdad que empezó muy pronto en la profesión. Creo que nadie puede decirle a la Academia que la actriz, tras casi 40 años de carrera, no tiene merecido el