Cada 24 de diciembre, cuando las familias españolas celebran la cena de Nochebuena, todas las cadenas de televisión emiten de manera simultánea el discurso de Navidad del rey. Lo normal es que Felipe VI (y antes su padre, Juan Carlos I) repita tópicos y vaguedades. Luego, tradicionalmente, los partidos con mayor representación en el parlamento alaban el discurso, mientras que las formaciones minoritarias lo critican. Este año, sin embargo, el discurso de Felipe VI sorprendió a todos, por su fuerte carga política.
Felipe VI lanzó un reproche insólito a los partidos. “Es necesario que la contienda política, legítima, pero en ocasiones atronadora, no impida escuchar una demanda aún más clamorosa de serenidad. No podemos permitir que la discordia se convierta en un constante ruido de fondo que impida escuchar el auténtico pulso de la ciudadanía”, dijo en tono serio.
Puede parecer una crítica leve, pero en la democracia española no hay precedentes de un rey afeando a los partidos su manera de debatir. En las monarquías parlamentarias, los reyes deben mantenerse al margen. Suele decirse que los reyes reinan, pero no gobiernan. Sin embargo, algo está cambiando en Palacio. La explicación, se
En las comedias americanas (estoy pensando en Los Simpsons y en Friends, pero ocurre en muchas otras), a menudo se presenta a Canadá como un país aburrido y lleno de obsesos del hockey sobre hielo. Los clichés siempre son injustos y no ayudan a la convivencia. La cosa es más grave cuando las bromas solo hacen gracia a una de las dos partes. El pasado 18 de diciembre, el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que sería una “gran idea” que Canadá se convirtiera en el Estado número 51 de Estados Unidos.
Trump es de esas personas cuyas bromas son inquietantes. Nunca se sabe qué puede provocar un caprichoso cambio de humor en alguien tan poderoso. En este caso, su burla no es algo aislado. Se enmarca en una nueva estrategia que entrará en efecto este mes de enero, cuando tome posesión. Trump ha amenazado tanto a Canadá como a México con aranceles del 25% en todos los productos que quieran exportar hacia Estados Unidos.
La amenaza de Trump, además, busca que ambos países refuercen la vigilancia fronteriza, para frenar el tránsito de inmigrantes sin papeles y de drogas. Una reforma arancelaria de este tipo sería un golpe tremendo para todos. También para la economía de Est
Nunca entendí ese lema que emplean ciertos partidos políticos en muchos países. Ese lema que pide establecer dos clases de seres humanos: los nacidos en el país y los que vienen de fuera. “Los americanos, primero”; “los franceses, primero”; “los portugueses, primero”... Es un eslogan que se repite año tras año. Da igual el país que uno elija: en él siempre habrá un partido que defienda esa consigna. Y claro, cumplirla requiere dar derechos a una parte de la población y negarlos a otra.
El último ejemplo lo tenemos en Portugal, donde el gobierno del conservador Luís Montenegro, apoyado en el partido de extrema derecha Chega, va a aprobar una ley para limitar el acceso a la sanidad pública de extranjeros sin papeles.
Los partidarios de este tipo de medidas (quitar derechos a un grupo de población), suelen justificarlas de varias maneras. Dicen, por ejemplo, que solo pretenden luchar contra la inmigración ilegal. También afirman que las personas indocumentadas no deberían disfrutar de servicios como la Sanidad pública porque no pagan impuestos. De hecho, una de las normas que Portugal está tramitando prohibirá que los extranjeros sin permiso de residencia puedan beneficiarse del Servici
“Al abrir los ojos lo primero que he visto es su ausencia". Estas palabras del cineasta Pedro Almodóvar reflejan el estado de shock en el que España amaneció el 17 de diciembre: la actriz Marisa Paredes había fallecido en la madrugada inesperadamente por un fallo cardíaco. Tenía 78 años y había permanecido activa hasta su último día. No se le conocía ninguna enfermedad.
Sobre las tablas del Teatro Español, a modo de actuación final, fue colocado su féretro. Ese templo de la dramaturgia se encuentra en el corazón de Madrid, en la plaza de Santa Ana. En una casa de esa misma plaza nació, en 1946, Marisa Paredes. Era la hija de una portera. Desde esos humildes orígenes supo llegar a la cumbre del cine.
"La estrella de Almodóvar muere a los 78 años", escribió la revista Variety al anunciar la noticia del fallecimiento. Es verdad que Marisa Paredes participó en seis largometrajes de Almodóvar. Entre otros, Tacones lejanos, La flor de mi secreto, Todo sobre mi madre y Hable con ella. Pero ella era mucho más que una de las llamadas "chicas Almodóvar". Su filmografía abarca más de 75 películas, en colaboración con directores como Fernando Trueba, Guillermo del Toro o Arturo Ripstein.
Paredes
Cada 1 de enero me pasa lo mismo: envidio a mi perro, a los pájaros y a las plantas. Para ellos este día es igual al anterior y al siguiente. No tienen el vértigo del cambio de año, ese recordatorio de que comienza un nuevo ciclo. En estas fechas mucha gente aprovecha para hacer borrón y cuenta nueva. En realidad, cualquier día es bueno para marcarse metas, pero la costumbre nos impone que en Año Nuevo hagamos un balance del pasado y nos planteemos nuevos retos.
Entre los llamados propósitos de Año Nuevo hay de todo. Desde los más concretos –dejar de fumar, aprender un idioma, apuntarse al gimnasio o ahorrar dinero–, hasta algunos más abstractos, como ser más pacientes o prestar más atención a los demás. Es sorprendente el alto índice de abandono de todos estos objetivos. El 68% de las personas desiste pronto de ellos, según la empresa de investigación de mercados OnePoll.
En España las razones para el abandono están claras. Más allá de plantearse metas poco realistas o demasiado ambiciosas, un 57% de la población está desmotivada y reconoce “falta de energía”, según un estudio de la Confederación de Salud Mental. El problema no es tanto qué queremos conseguir, si no de qué manera qu