Hemos visto ya en la última década tantas películas y series distópicas que tengo dudas de si los ciudadanos de los países nórdicos se tomarán en serio las guías de preparación para la guerra que acaban de distribuir sus gobernantes. Hasta ahora, en Europa, parecía algo descabellado acumular agua potable, comida en lata o una mochila de emergencia con botiquín, linterna e incluso pastillas de yodo por si ocurría un ataque nuclear. Sin embargo, eso es justo lo que han pedido las autoridades escandinavas a sus ciudadanos: que se preparen.
La escalada bélica de la guerra en Ucrania, y la cercanía física de Rusia a estos países, han activado los mecanismos de la llamada ‘Defensa Civil’. Dinamarca, Finlandia, Suecia y Noruega han difundido guías de preparación para la ciudadanía. Pero, más allá de la guerra de Ucrania, las nuevas guías se centran también en catástrofes naturales originadas por el cambio climático –como inundaciones o corrimientos de tierras– o en el corte del suministro eléctrico y agua potable.
El comienzo de la guía de Suecia resume bien el estado mental que las autoridades quieren ver en sus ciudadanos. Es un comienzo digno de una de esas series y películas distópicas:
Es un hombre de negocios de los que hacen favores a personas poderosas para medrar. Víctor de Aldama, de 46 años, ha sido de todo: presidente de un modesto club de fútbol, cónsul honorario de Georgia en España y asesor de varias empresas, entre ellas una que es clave para esta historia: la aerolínea Air Europa. Con la aviación tiene también que ver el delito por el que ha estado unos meses en prisión preventiva a la espera de fecha para su juicio.
Aldama está siendo procesado por haber defraudado millones de euros en impuestos de hidrocarburos para aviación. Pero no es este el caso que ha hecho famoso al “hombre que puede tumbar al Gobierno”, en palabras de Jorge Bustos, columnista de El Mundo.
Aldama aparece también en dos sumarios con escasa importancia económica, pero con mucha relevancia política y mediática (ambos casos acorralan estos días al ejecutivo del progresista Pedro Sánchez).
Por un lado, está el llamado ‘caso de las mascarillas’: Víctor de Aldama fue asesor del exministro José Luis Ábalos, destituido y procesado tras haber cobrado comisiones por la compra de mascarillas durante la pandemia del Covid. Según la Fiscalía, Ábalos habría mediado para que instituciones púb
Si allá por los años 90, hizo fortuna en política la expresión “es la economía, estúpido” para indicar cuál debía ser la prioridad de un gobernante, hoy se podría decir: “es la vivienda, estúpido”. En España, como en toda Europa, la vivienda es el gran problema. No poder permitirse una hipoteca o un alquiler produce un terrible efecto dominó en varios planos.
En el plano personal, un joven que no puede independizarse es un adulto malogrado. Sin una vivienda propia es casi imposible desarrollar un proyecto de vida. Depender de los padres o tener que compartir piso como si uno fuera un eterno estudiante produce un efecto psicológico devastador. En el plano económico, que los precios de los alquileres no dejen de subir implica que no basta con tener un buen trabajo para llegar a fin de mes.
En el plano político, la frustración y el descontento que genera esta situación entre las generaciones más jóvenes son el abono perfecto para los partidos de extrema derecha, que prometen una vuelta a un pasado idílico (que en realidad nunca existió) en el que todo el mundo tenía una casa y una familia. Hoy, cada vez más jóvenes sin futuro quieren votar por el pasado.
Lo cierto es que la especulación
Qué bella es esa frase que dice que “la patria es la infancia”. Más allá de fronteras y banderas, es cierto que en la niñez comenzamos a tejer una red de afectos con nuestros padres, hermanos, amigos… El amor a los nuestros a menudo se confunde con el amor a nuestro país, y pensamos que es recíproco: queremos y somos queridos. Formamos parte de un todo. Por eso es tan triste el caso de ciertos ciudadanos franceses, hijos de inmigrantes de origen africano, que han decidido volver al país de sus antepasados.
El creciente éxodo de franceses que se instalan en África es un hecho. Racismo y discriminación en Europa hacen que miles de franceses, y otros europeos con raíces africanas, no se sientan queridos en su propia patria. Uno de los principales receptores de europeos altamente cualificados es Senegal. La excolonia francesa es vista como un territorio capaz de ofrecer el respeto y las posibilidades que Europa a veces niega.
Estos singulares emigrantes no buscan solo una mejoría económica. También ansían el reconocimiento intelectual y laboral que debería otorgarles en Francia la formación que sus padres pagaron con el sudor de su trabajo y sus impuestos. Unos padres que lo dejaron todo
Por si no tuviéramos suficiente con esos parientes metomentodo, que presionan a los jóvenes en las cenas de Navidad para formar una familia, ahora, desde las marquesinas publicitarias de la ciudad de Madrid, una asociación ultraconservadora conmina a las mujeres a tener hijos. Usan como lema una expresión coloquial de mal gusto, una metáfora culinaria tristemente común: "Se te está pasando el arroz".
Si en la cocina el arroz se queda demasiado tiempo en el fuego, se queda duro y seco. Si las mujeres esperan demasiados años para tener hijos, quizá ya no puedan. La campaña de la Asociación de Familias Numerosas de Madrid no es una invitación a ser padres, es una amenaza dirigida a la mujer, porque los hombres pueden tener hijos durante casi toda su vida (a ellos no “se les pasa el arroz”).
La campaña muestra a una pareja heterosexual distraída en lo que la asociación ve como pérdidas de tiempo. Una copa de vino, el móvil, un videojuego o un animal de compañía son distracciones banales cuando se podría alcanzar la felicidad gracias a los hijos que, si no llegan, es por el egoísmo y la desidia de la pareja. Nada menciona la campaña sobre el reto de procrear en Madrid: la vivienda está