De los lugares que conozco, Estados Unidos es quizá el país donde la gente se identifica más con el himno nacional. El pasado domingo, cuando los fans de los Raptors abuchearon el himno estadounidense durante un partido de la NBA en Toronto, los jugadores de Los Angeles Clippers debieron sentirse, imagino, bastante afectados. Algo similar había ocurrido el sábado en Ottawa, la capital canadiense, durante un partido de hockey sobre hielo.
Ayer martes, 4 de febrero, iban a entrar en vigor los aranceles impuestos por la Administración Trump sobre las importaciones de Canadá y de México: un 25 % sobre todos los bienes de ambos países, excepto los productos petrolíferos canadienses, sujetos a un un recargo del 10 %. Ambos países llegaron a acuerdos in extremis para retrasar un mes los aranceles. Sí entraron en vigor los aranceles de un 10 % anunciados hace unos días sobre las importaciones de China.
Tanto el canadiense como el mexicano de a pie saben que los aranceles los pueden afectar muy directamente. Podrían perderse miles de puestos de trabajo. Las economías de ambos países podrían, incluso, entrar en recesión. Para los canadienses, en particular, la cuestión probablemente sea más pe
Cuando uno tuvo una bonita experiencia en un sitio, siempre está tentado de volver. Aunque uno debe asumir, claro está, el riesgo de que posteriores visitas arruinen los recuerdos de la primera vez. A mí me ocurrió con París, donde pasé un verano hace años, cuando era estudiante universitario. He vuelto muchas veces, y me sigue encantando, pero me resulta cada vez más difícil disfrutar de los lugares emblemáticos de la ciudad… por las multitudes.
Y si hablamos de multitudes en París, tenemos que mencionar el Louvre. El pasado 28 de enero, el presidente francés, Emmanuel Macron, anunciaba un “colosal” proyecto de reforma del museo parisino. El Louvre, el mayor museo del mundo, recibe más de 9 millones de visitantes al año y, al parecer, no da para más. En un informe dirigido al Ministerio de Cultura francés, y filtrado recientemente a la prensa, la presidenta del Louvre, Laurence des Cars, calificaba la experiencia de visitar el museo como un “suplicio físico”.
Nunca llueve a gusto de todos, y la reforma anunciada hace unos días por Macron ha levantado polémica. Algunos representantes sindicales de los trabajadores del Louvre, por ejemplo, consideran que el “mastodóntico” proyecto no
A veces viene bien salir de tu país para coger un poco de perspectiva. Hace poco, visité a un amigo en Canadá y, una noche, nos sentamos a ver las noticias de televisión. En seguida me llamó la atención el aspecto de los presentadores: no eran particularmente jóvenes ni atractivos. No parecían salidos de un casting de modelos. El contraste con el patrón por el que están cortados muchos de los presentadores de informativos en España era obvio.
Si quisieran, no lo dudo, los canadienses también podrían contratar presentadores jóvenes y atractivos, y quizá haya canales que lo hagan. En nuestro país, en todo caso, la obsesión del medio televisivo por personas de una cierta edad y apariencia no se limita solo a los noticieros. El pasado 28 de enero, varios periódicos informaban de las conclusiones de un estudio llevado a cabo recientemente por dos investigadoras de la Universidad de Málaga. Según la investigación, en la última década, los Goya —los galardones de la Academia de Cine española— solo han premiado a un 15 % de actrices maduras, y a un 0 % de actrices de la talla XL.
La Academia las prefiere jóvenes y delgadas. Pero no solo discrimina por edad y por talla, sino también por sexo,
Ferran Adrià cerró el mítico restaurante El Bulli en 2011. Desde entonces, se diría que, de una manera u otra, el chef se ha dedicado a deconstruir —por utilizar un término aplicado con frecuencia a su cocina— lo ocurrido en los vertiginosos años que llevaron El Bulli a la cima de la alta cocina mundial.
En los noventa, la gastronomía española experimentó una gran transformación, de la mano de chefs como el propio Adrià, Juan Mari Arzak, Andoni Luis Aduriz, Joan Roca, Carme Ruscalleda y Martín Berasategui, entre otros. Algunos opinan que este movimiento ha sido el más influyente en el mundo de la alta cocina desde la Nouvelle Cuisine francesa. Una auténtica revolución gastronómica.
En una entrevista reciente, le pidieron a Adrià que contara cómo se gestó aquella revolución, a cuyo frente marchó durante años El Bulli. Todo comenzó, respondió él, en el año 1994. Antes, explicó, “cocinábamos en base a un lenguaje conocido”. Adrià se refería al “lenguaje” de la Nouvelle Cuisine francesa, el único que, según él, había existido hasta entonces en la alta cocina. Pero en el ’94 “comenzamos a crear un nuevo lenguaje, con palabras que ni nosotros conocíamos. Poco a poco, fuimos aprendiendo el
En los últimos 5 años, el consumo de fármacos de última generación contra la obesidad —Ozempic, Wegoby y Mounjaro, principalmente— ha crecido un 2.500 % en nuestro país. Nada menos. Y eso, teniendo en cuenta que los dos últimos productos no estuvieron disponibles hasta 2024.
De los tres fármacos anteriores, la Seguridad Social solo cubre el uso de Ozempic, y en personas obesas con diabetes tipo II. Según contaba El Periódico el pasado 26 de enero, entre quienes utilizan estos medicamentos en nuestro país, muchos no cumplen estos requisitos, y se están pagando de su bolsillo la medicación. El coste es considerable: la dosis más pequeña de Wegoby cuesta 179 euros al mes, y la mayor 292.
A juzgar por los comentarios que leo en Internet, la gente está probando los medicamentos. Quizá hayan oído que funcionan, y quieren verlo por ellos mismos. La buena noticia, imagino que muchos descubrirán, es que estos productos sí funcionan; la mala es que, con frecuencia, hay que tomarlos de forma habitual. Después de haberse tratado quizá durante algunos meses, y de haber perdido peso, debe ser duro darse cuenta de que, en realidad, a largo plazo uno no puede permitirse el tratamiento.
¿Y si la Segur