El pasado mes de septiembre, cuando el partido de ultraderecha FPÖ ganó las elecciones austriacas, parecía que Julio César hubiera cruzado el Rubicón. Que un partido antiislámico y antiinmigración, fundado por antiguos nazis, hubiera obtenido casi un 30 % del voto en Austria, iba a cambiar el panorama político europeo. Iba a alterar, incluso, el equilibrio de poder entre Rusia y Occidente.
Al final, todas aquellas predicciones grandilocuentes y agoreras quedaron en nada. Lo que realmente presagiaba el éxito electoral del FPÖ, quién lo hubiera dicho, era el primer Gobierno de coalición tripartito en Austria desde 1949. El pasado lunes, 3 de marzo, tomó posesión el nuevo ejecutivo, encabezado por Christian Stocker, del ÖVP, el Partido Popular austríaco. Los conservadores controlarán los ministerios del Interior y de Defensa; los socialdemócratas del SPÖ, los ministerios de Economía y de Jus
La Comunidad de Madrid es —atendiendo a diversos criterios, como el PIB per cápita— la región más rica de España. Y, sin embargo, es también la que menos invierte en educación pública por alumno de todo el país.
La comunidad educativa madrileña lleva tiempo quejándose de las políticas y los recortes presupuestarios de Isabel Díaz Ayuso, la presidenta regional. Y, el pasado 23 de febrero, el descontento desembocó en una gran manifestación en la que miles de personas recorrieron las calles de la capital en defensa de la educación pública. Más de 20 colectivos participaron en la marcha —estudiantes, docentes, sindicatos, familias de alumnos—, gritando consignas como “Docente en condiciones decentes” o “La pública no se toca”.
“Rechazamos las políticas neoliberales privatizadoras del Partido Popular, que están provocando una degradación paulatina de las escuelas públicas”, decía en la manifest
A Carlos San Juan, un médico jubilado, le resulta difícil utilizar el cajero automático. Por los temblores del párkinson. Hace ya tres años, su banco redujo las horas de atención al público en la sucursal más cercana a su casa, en Valencia. Además, le informaron de que, para contactar con un agente de servicio al cliente, tenía que concertar cita online. Tras recibir su queja, el banco le informó de que, si no estaba contento, podía irse a otra institución financiera.
San Juan, como es lógico, se indignó. Entre otras cosas, porque esperaba que una empresa de la que era cliente desde hacía más de 50 años lo tratara mejor. Pero no se quedó cruzado de brazos: inició una petición online, bajo el eslogan “Soy mayor, no idiota”, que reclamaba a los bancos un mejor servicio para los mayores. En dos meses tenía ya 600.000 firmas.
En nuestro país, muchas personas mayores piensan que no las tratan c
Al novelista Javier Sierra le fascina lo enigmático. Ha escrito sobre ovnis, energías misteriosas y, quizá especialmente, sobre los mensajes ocultos que encierran grandes obras de arte. No es casualidad que, para una entrevista reciente, Sierra posara frente al cuadro El jardín de las delicias en el Museo del Prado.
La obra del Bosco —que, más que incluir mensajes ocultos, a mí me parece un enigma en su conjunto— juega un papel clave en El plan maestro, la nueva novela de Sierra. La obra, publicada el pasado 26 de febrero, es la secuela de su best seller El maestro del Prado y las pinturas proféticas, en la que un misterioso personaje le explica al protagonista las claves ocultas de diversos cuadros del Prado.
La premisa de El maestro del Prado se basa en una vivencia del propio Sierra. Cuando tenía 19 años, y estudiaba periodismo en Madrid, al parecer pasaba muchas tardes en el Museo del
En otras circunstancias, el delirante vídeo sobre la “Gaza de Trump” que circula por Internet sería, imagino, solo una grotesca curiosidad. Un ejemplo más de lo que puede hacer la inteligencia artificial generativa. Y, sin embargo, Trump decidió compartirlo en las redes sociales, y el clip se convirtió, a ojos de mucha gente, en una cosa muy distinta: una ventana a la mente del mandatario.
Una playa rodeada de rascacielos. Lujosos yates fondeados en aguas color turquesa. Un bonito paseo bordeado de palmeras, presidido por una estatua dorada gigante de Trump. Elon Musk bailando en la playa, tirando billetes al aire mientras un grupo de personas bebe champán y lo aplaude. Y, por supuesto, el propio Trump. Primero, en una discoteca, en compañía de una bella mujer que baila enfundada en un vestido semitransparente. Y, después, en la piscina de un hotel, en bañador, tomando un refresco con el