China comercia con todo menos con ideología y democracia
Los trapos sucios se lavan en casa, decía mi abuela. China debió pensar en este refrán cuando le espetó a la comunidad internacional que no tenía nada que decirle sobre la muerte del Nobel de la Paz Liu Xiaobo. El escritor murió el pasado jueves 13 de julio como consecuencia de un cáncer de hígado que le fue diagnosticado en mayo. Xiaobo pasó sus últimas horas en este mundo bajo la vigilancia del gobierno chino. Es el primer Nobel de la Paz que muere en cautiverio desde 1935. Un anacronismo total.
Trump y Macron en la ciudad del amor
Las primeras noticias de la visita que Donald Trump realizó la semana pasada a Francia para reunirse con Emmanuel Macron me dieron la sensación de ser un affair en toda regla. Al parecer, la sintonía entre el presidente estadounidense y el recientemente elegido presidente francés fue total. “Aquí hay gato encerrado”, pensé yo, al creer imposible que personajes tan distantes políticamente pudieran llevarse bien.
Macron invitó a Trump a París para celebrar los cien años de la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial. La cita coincidía también con la celebración más importante de Francia: el 14 de julio, o sea la toma de la Bastilla. El mandatario francés no escatimó en honores para recibir a su homólogo norteamericano. Los actos estuvieron rodeados de mucha pompa protocolaria.
¿Realmente Trump se ha ganado ser recibido con tales gestos en Europa? me pregunté leyendo la noticia en los diarios. Sus declaraciones parecen decir que no valora lo más mínimo este continente que fue la cuna de la civilización occidental. La segunda duda que me planteé es si Macron estaba traicionando sus principios con tanta alfombra roja.
El nuevo presidente francés quiere presenta
El enigma insoluble de la innovación en España y Europa
Encontrándome en el curso final de mis estudios universitarios, fui becario en un organismo regional que ayudaba a empresas a conseguir ayudas europeas. De eso hace más de veinte años. Pero leyendo una entrevista publicada el pasado 10 de julio en el diario ‘online’ español Vozpópuli, veo que las cosas han cambiado poco desde entonces.
En la entrevista, Diego Soro, CEO de Fundera, comenta que su organización se dedica a encontrar financiación española o europea para startups, centros de investigación, empresas, ONGs, y un largo etcétera. Y habla de la maraña de entidades públicas que ofrecen financiación y de las miles —literalmente— de líneas de ayuda que hay en España.
Hasta ahí, todo igual. Bueno, casi. El Sr. Soro no se parece en nada al director de mi antigua organización. Él tiene más pinta de modelo de colonia para hombres. Lleva camiseta y barba incipiente, se diría que va mucho al gimnasio, y mira a la cámara con tranquila confianza. Y el modelo económico de Fundera también difiere del de mi antigua organización, que ofrecía sus servicios de manera gratuita. Cuando Fundera detecta una idea interesante, lo que hace, en palabras de Soro, es ‘vender esos leads’.
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Madrid y Barcelona afrontan críticas tras dar pasos para disminuir la presencia de coches en el centro
No sé qué tendrá el ponerse al volante de un coche… que nos vuelve locos. Y no en un sentido positivo. Además, en España la ‘furia del conductor' no parece ir a menos. No es infrecuente ver noticias de gente que se lía a puñetazos en medio del tráfico, porque algún conductor le recriminó a otro una maniobra indebida.
Mi impresión es que los conductores españoles, en general, tenemos poquísima paciencia; nos basta muy poco para frustrarnos y ofuscarnos. El resultado, sin ánimo de ofender a nadie, —y me incluyo— son conductas objetivamente estúpidas al volante. Y, a pesar de que muchos nos vemos en las mismas casi a diario, ello no parece prepararnos en lo más mínimo para el atasco del día siguiente. Misterios del aprendizaje —o del no aprendizaje— humano.
A esto hay que añadir el ruido que generan los coches, la contaminación, la habitual ausencia de educación con los peatones… vamos, que el tráfico es estresante y pésimo para la salud. Sí, nos acostumbramos a él. Nos parece un mal necesario de la vida en la ciudad. Pero, ¿de veras no queda otra que rendirse y considerar el tráfico urbano como un problema intratable?
Si nos empeñamos en aparcar el coche justo en la puert
España, ¿estado laico?
Son muchas las veces que me quejo de la enorme presencia que la Iglesia Católica sigue teniendo en España. Un simple ejemplo es que el calendario de días laborables y festivos lo marcan los santos más importantes para los católicos.
Patético en pleno siglo XXI. Yo soy mucho más partidario del modelo anglosajón, que llama a sus festivos bank holidays. Puestos a elegir entre la Iglesia o la Banca, me quedo con lo segundo.
Bien, pues como a la Iglesia no le basta sólo con estar presente en el santoral y decirnos cuándo tenemos derecho a tomarnos un descanso del trabajo, ahora quiere recuperar terreno perdido. Los obispos del Camino de Santiago, una ruta milenaria de peregrinación que tiene como destino final la catedral de Santiago de Compostela, en Galicia, quieren que haya signos religiosos en los albergues donde se hospedan los peregrinos que se aventuran a este viaje.
Es una vuelta al pasado en toda regla. Hasta hace bien poco un crucifijo y una foto del rey era lo que podía verse en todo edificio público español. Sin excepción. Me parece que los obispos piensan que el tiempo pasado fue mejor.
En una carta pastoral presentada la semana pasada, los líderes espir