Esta semana abriremos nuestro programa con la polémica que está rodeando la Bienal de Venecia 2026. Incluso antes de que se inaugurara oficialmente la exposición, el pasado 9 de mayo, las imágenes de las activistas de Pussy Riot y Femen protestando frente al pabellón ruso habían dado ya la vuelta al mundo. Quizá los artistas rusos e israelíes no tengan la culpa de que Putin y Netanyahu estén acusados de crímenes de guerra. Y, sin embargo, nos preguntaremos, ¿permitirían el Kremlin o Tel Aviv la presencia de artistas “no alineados” en el evento? ¿Sigue importando el arte en estos tiempos convulsos?
Continuaremos nuestro recorrido en España, donde un conocido barómetro de lectura nos acaba de dar una agradable sorpresa: el porcentaje de españoles que dedican tiempo a la lectura está aumentando. El informe nos cuenta también que los jóvenes de 14 a 24 años, a quienes solemos imaginarnos absorbidos por las redes sociales, son, de hecho, quienes más leen. Comentaremos diferentes formas de buscar inspiración para la lectura, ya sea en una librería de barrio, en una feria del libro o en BookTok. Por cierto, ¿sabíais que, en España, el porcentaje de mujeres que leen supera en 12 puntos al de los hombres?
La siguiente noticia nos llevará a Fujiyoshida, un pueblo japonés situado al pie del Monte Fuji. El exceso de turismo, asegura el alcalde del pueblo, está llevando al límite la paciencia de los residentes. El parque Arakurayama Sengen es, según Instagram, el lugar perfecto para hacerse una foto con el Monte Fuji de fondo. Y cada día acude allí, cámara o teléfono móvil en mano, una multitud de turistas. Este año, Fujiyoshida ha cancelado el popular Sakura Matsuri, el festival que celebra el florecimiento de los cerezos. ¿Qué será lo siguiente, nos preguntaremos, enviar un contingente de policía que prohíba hacer fotos del Monte Fuji?
La última discusión de nuestro recorrido tratará de ciencia. En los últimos años, los investigadores están demostrando un creciente interés por los cefalópodos, unas criaturas altamente inteligentes y dotadas de cerebros complejos. Animales sintientes, incluso, y capaces de experimentar dolor, según concluyen estudios recientes. Muchos de quienes han visto el documental Mi maestro el pulpo, sospecho, estarían de acuerdo. ¿Cómo es posible que, como denunciaba recientemente Nature, a ciertos investigadores les siga pareciendo aceptable implantar electrodos en el cerebro de un cefalópodo sin utilizar anestesia?
“Acontecimientos culturales ensombrecidos más que nunca por la política”, sentenciaba hace unos días el corresponsal de The Guardian en la Bienal de Venecia. Antes de que arrancara oficialmente la exposición, el pasado 9 de mayo, las imágenes de las protestas contra la presencia de Rusia e Israel en el evento ya habían dado la vuelta al mundo.
Decenas de activistas de Pussy Riot y de Femen —las primeras, con pasamontañas rosas en la cabeza, las segundas, con los pechos al descubierto— se situaron frente al pabellón ruso y gritaron consignas como “¡Rusia mata, la Bienal expone!” o “¡Disfruta del espectáculo e ignora el mundo!”. Entretanto, en el pabellón israelí, en la zona del Arsenale, un grupo de personas se manifestaba tras una enorme pancarta con el lema “No artwashing genocide”.
Yo no acabo de estar de acuerdo con The Guardian. Más que la “política”, lo que está ensombreciendo la Bienal, diría, es la realidad. La cruda realidad que nos rodea. Invadir un país por trasnochadas aspiraciones imperialistas, matar civiles, violar mujeres, secuestrar niños —lo que está haciendo Rusia en Ucrania— no es política. Las atrocidades que, a día de hoy, sigue perpetrando el ejército israelí en
El barómetro de lectura del gremio de editores de España nos da esperanzas. Las estadísticas de lectura están al alza. Sube el porcentaje de españoles que leemos, en todas las franjas de edad: mayores de 65 años, de 25 a 64 años, de 14 a 24 años. Este último grupo, de hecho, es el que más lee —un 76,9 % en 2025—, lo cual contrasta con el estereotipo del joven consumido por las redes sociales.
La conclusión no es solo que el español lee, sino que lo hace cada vez más. Desde 2017, el porcentaje de personas que dedican tiempo a la lectura ha aumentado alrededor de un 6,5 % en nuestro país. Estadísticamente, el perfil del lector hace años que no cambia: mujer joven, universitaria y que vive en una ciudad. En España lee el 72,3 % de las mujeres, por el 59,8 % de los hombres. De media, ellas consumen 11,9 libros al año, por los 10,3 de los varones. Los hombres harían bien, creo, en intentar no quedar rezagados.
No será por falta de opciones. Acercarse a una librería de barrio es siempre una posibilidad. Suelen ser lugares acogedores donde pasar un rato agradable. Y, si uno quiere orientación, los libreros suelen estar encantados de ayudar. También hay, por supuesto, grandes superficies y c
Quien más quien menos sabe que, para visitar Japón, es aconsejable familiarizarse con las costumbres del país. Al llegar, no es difícil darse cuenta —creo— de que lo estudiado en preparación del viaje, sea mucho o poco, es solo la punta del iceberg. En realidad, aprender a comportarse correctamente llevaría tiempo. Y, sin embargo, si uno simplemente lo intenta, verá ampliamente recompensados sus esfuerzos con un trato amable y cortés.
Ahora, sin embargo, el turismo de masas está poniendo a prueba a los japoneses. “La paciencia de los residentes está llegando al límite”, decía Shigeru Horiuchi, alcalde de Fujiyoshida, durante una entrevista con el New York Times el pasado 26 de abril. Hace unos años, Fujiyoshida, una población de unos 46.000 habitantes situada al pie del Monte Fuji, era poco conocida incluso dentro de Japón. Después, en 2013, la UNESCO declaró el Monte Fuji Patrimonio de la Humanidad. Y, tras la pandemia, los turistas comenzaron a acudir a Fujiyoshida en tropel.
Circulan noticias de turistas entrando en casas del pueblo sin permiso; bloqueando el tráfico escolar; dejando basura a su paso; incluso haciendo sus necesidades en plena calle. Quizá algún lector del New York
En el oscarizado documental Mi maestro el pulpo, el cineasta Craig Foster cuenta sus experiencias interactuando con un pulpo. Foster considera que, durante el año en que siguió a un pulpo buceando en aguas de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, desarrolló una verdadera relación de amistad con el animal. El cineasta asegura que, entre otras cosas, el cefalópodo le enseñó a sentirse parte de la naturaleza, y no simplemente un visitante.
Lo que hizo Foster es excepcional. La ciencia moderna comparte el interés del cineasta por los pulpos, pero el submarinismo no es precisamente el fuerte de muchos investigadores. La mayoría de los científicos prefiere aprender de los cefalópodos en el laboratorio. Qué sé yo: implantándoles electrodos en el cerebro, o cortando su cerebro en finas láminas que se mantienen “vivas” para estudiar su fisiología.
A estas alturas, no es ningún secreto que los cefalópodos son animales altamente inteligentes, dotados de cerebros complejos. En los últimos años, además, diversos estudios científicos han impulsado la idea de que son criaturas sintientes y capaces de experimentar dolor. Personalmente, me parece francamente difícil ver un documental como Mi maestro el pulp