Hoy abriremos el programa reflexionando sobre qué implicaciones tiene que Estados Unidos haya estado a punto de emitir por internet la ejecución de un ser humano, tal y como se hacía en las plazas públicas en la Edad Media, y como todavía se hace en Irán, Somalia y Afganistán. Respaldado por Donald Trump, el Pentágono quería retransmitir en directo el fusilamiento de Nidal Hasan, un psiquiatra militar que en 2009 mató a 13 personas en la base de Fort Hood. Al final, la presión de la opinión pública –y de los familiares y supervivientes de aquella masacre– ha logrado que Trump dé marcha atrás.
En nuestra siguiente noticia abordaremos qué hay detrás del inquietante suicidio de una joven moderadora de Facebook e Instagram que trabajó durante años en Barcelona. Su muerte y la demanda presentada ante la Justicia por cientos de sus compañeros han puesto de manifiesto el enorme daño psicológico que han sufrido estos héroes anónimos al tener que filtrar durante horas un bucle incesante de videos de asesinatos, torturas o abusos a menores para evitar que el peor rostro del ser humano llegase a las redes sociales.
A continuación, veremos cómo un insólito ciberataque en Francia ha elevado la temperatura de los congeladores de 700 supermercados hasta unos asfixiantes 50 °C. Unos piratas informáticos, que no pidieron ningún rescate, aprovecharon un fallo de seguridad para calentar las neveras y echar a perder toneladas de comida (y millones de euros). Lo que puede parecer una descomunal travesura esconde un aviso de cara al futuro: a medida que delegamos más tareas en la tecnología, la sociedad se vuelve más vulnerable.
La última noticia del programa de hoy nos llevará de nuevo a España, porque Woody Allen está rodando en Madrid su nueva película. El rodaje está envuelto en la controversia. El proyecto ha recibido tres millones de euros de dinero público del Ayuntamiento de Madrid y del Gobierno regional, que justifican ese gasto diciendo que la película servirá de promoción turística. Pero entre los movimientos vecinales y los partidos de la oposición ese desembolso no ha sentado nada bien, entre otras cosas porque Madrid ya recibe millones de turistas al año.
¡Comenzamos!
Las ejecuciones en las plazas, ante los ojos de la muchedumbre, nos remiten a la Edad Media o a países como Irán, Afganistán, Somalia y Yemen. Estados Unidos ha estado a punto de unirse a ese macabro club, solo que la plaza pública en este caso iba a ser internet y la audiencia potencial, millonaria. El Pentágono quería retransmitir en directo, el próximo 3 de diciembre, el fusilamiento de Nidal Hasan.
Hasan es un psiquiatra militar que asesinó a 13 personas en la base texana de Fort Hood en 2009. Su ejecución supondrá la primera vez que el ejército estadounidense recurre a un pelotón de fusilamiento desde 1945. Históricamente, las ejecuciones en Estados Unidos se realizan ante un número muy reducido de testigos, una costumbre que se mantiene desde los años treinta del siglo pasado. Sin embargo, el Pentágono casi consigue romper esa tradición. Al final, la presión de la opinión pública lo impidió.
Tras días de controversia, Trump anunció, la semana pasada, que no habrá emisión en directo. Aunque, al parecer, a él le hubiera gustado. “Creo que retransmitir la ejecución podría haber sido un fuerte elemento disuasorio para que el mundo viera cómo Estados Unidos se enfrenta a terrorist
A veces, en televisión o en medios digitales nos avisan antes de mostrar imágenes muy violentas o desagradables. Cuando no lo hacen, ver cómo un ser humano mata o tortura a otro, o cómo agoniza un animal, nos deja una huella de profunda tristeza, náusea y desesperanza. No puedo ni concebir cómo será trabajar de moderador de contenidos en Facebook o Instagram: cómo debe corroer el alma contemplar un bucle incesante de asesinatos, torturas, abusos a menores y suicidios. Por eso resulta tan impactante la trágica noticia del suicidio de una joven que, entre 2022 y 2025, trabajó en Barcelona como moderadora de contenidos para Meta.
La joven, cuya edad y nombre no han trascendido, revisaba y eliminaba a diario videos de violencia extrema. A los pocos meses de comenzar a trabajar, empezó a presentar síntomas de estrés postraumático. Avisó a sus superiores, pero no sirvió de mucho. Su situación empeoró hasta desembocar en un primer intento de suicidio en 2023. Tras una baja médica, la empresa Telus International –la subcontrata de Meta para la que la joven trabajaba– pactó su despido con una indemnización de 2000 euros. Pero ningún acuerdo podía borrar una herida psicológica tan profunda.
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Los avances tecnológicos casi siempre nos hacen la vida más fácil, pero conllevan un efecto secundario muy inquietante: cuanto más progresa la tecnología, más vulnerables nos volvemos. El último ejemplo lo tenemos en Francia. Nadie duda de que poder regular aparatos eléctricos situados a cientos de kilómetros de distancia es un avance: encender la calefacción horas antes de llegar a casa, precalentar el horno, bajar la temperatura de la vinoteca… Es lo que los expertos llaman ‘el internet de las cosas’. Pero ¿qué pasa cuando esas ‘cosas’ son refrigeradores industriales de cientos de supermercados y quien los regula a distancia es un ‘hacker’?
Durante la noche del 11 al 12 de octubre, cientos de arcones frigoríficos en toda Francia decidieron, bajo el control de unos invisibles piratas informáticos, que su verdadera vocación no era conservar alimentos, sino funcionar como saunas improvisadas. A las cinco de la madrugada, los primeros empleados que entraron a trabajar no encontraron el frío habitual, sino una atmósfera asfixiante.
Aurélien Comte, responsable de un supermercado Intermarché cerca de Burdeos, relató con asombro en el periódico Sud Ouest su llegada al trabajo: “Cuando ab
De adolescente era tan fan de Woody Allen que llegué a completar un coleccionable de sus películas, en formato VHS, que vendían en el kiosco de mi barrio. Me fascinaban tanto la sobriedad de Interiores como la locura cómica de El dormilón. Para los fans fue un mazazo su ruptura con Mia Farrow en 1992 y las acusaciones de abuso sexual. Aunque las acusaciones no resultaron en una condena, sobre su figura se proyectó una sombra de sospecha. Tampoco ayudó que en 1997 Allen se casase con la hija adoptiva de Farrow, Soon-Yi, 35 años más joven que él. La verdad, me resulta difícil digerir la deriva personal de quien durante años me pareció un genio. Tampoco me gusta su deriva creativa.
Ahora Allen acaba de comenzar en Madrid el rodaje de su película número 51. Que haya elegido la capital de España debería ser una buena noticia, pero me temo que no lo hace por motivaciones artísticas, sino por dinero. El proyecto será una comedia romántica y, por exigencias del contrato, incluirá la palabra “Madrid” en su título. El largometraje cuenta con un presupuesto de 12 millones de euros, de los cuales tres millones provienen directamente de fondos públicos.
Tanto el Ayuntamiento de la capital como e