Hoy comenzamos discutiendo cómo los graves disturbios que se están produciendo en Francia podrían afectar a las elecciones presidenciales del próximo mes de abril. Algunos —entre ellos el presidente Macron— culpan a la extrema izquierda de La Francia Insumisa de haber orquestado los disturbios, pero el partido lo niega. La ultraderecha de la Agrupación Nacional, entretanto, pretende erigirse en abanderada de la ley y el orden. Para poder avanzar, sin embargo, como discutiremos, quizá sea necesario que todos —tanto políticos como ciudadanos— seamos capaces de ver más allá del blanco y el negro.
Continuaremos nuestro recorrido en Philadelphia, donde una profesora jubilada ha sido noticia tras tener un pequeño altercado con… un robot. Hace unos días, la señora Marvin vio un robot de reparto —de esos que parecen una nevera portátil con ruedas— circulando por la acera. Se plantó delante de la máquina, impidiendo que avanzara. Alguien llamó a la policía y la mujer, de 78 años de edad, acabó detenida. La señora Marvin protesta de esta forma por la pérdida de puestos de trabajo. En Internet, muchos la critican y ningunean y, sin embargo, su estrategia parece eficaz: ¿acaso no estamos hablando aquí de sus reivindicaciones?
Estamos metidos de lleno en un nuevo curso académico y los docentes se enfrentan al reto acuciante de cómo evaluar al alumnado en la era de la inteligencia artificial. En nuestro país, como veremos, la Politécnica de Valencia ya ha anunciado que va a instalar detectores de metales en los exámenes. ¿Una medida, nos preguntaremos, quizá algo exagerada? La Universidad de Valencia, entretanto, se plantea un sistema de evaluación multinivel. En los exámenes finales no se permitirá utilizar la IA. En otros casos, como en el trabajo de fin de grado, sí. Parece una buena manera de evitar que la evaluación académica se convierta en una “carrera armamentística” entre docentes y estudiantes.
Mientras Valencia lidia con la evaluación del alumnado, la vecina Cataluña quiere convertirse en la primera comunidad autónoma de España con un modelo de bienestar digital para la infancia y la adolescencia. La Generalitat prepara un plan estratégico que incluye más de 60 medidas, que persiguen, entre otras cosas, prohibir la inteligencia artificial en la escuela hasta los 14 años, y reforzar la lectura, la escritura a mano y el uso de los libros. Según el último informe PISA, los chicos de 15 años ya no leen textos de más de 400 palabras. ¿Cómo hacer, nos preguntaremos, para que los libros se conviertan no solo en una herramienta educativa, sino en un objeto cotidiano en todos los hogares?
Solo el 17 y el 18 de octubre pasados —según ciertas estimaciones—, más de 3.000 comercios resultaron dañados o saqueados durante los disturbios en Francia. Con toda probabilidad, las pérdidas ascienden ya a varios cientos de millones de euros. Más de 8.000 personas han sido detenidas.
Los principales líderes políticos galos están intentando frenéticamente sacar partido de los graves incidentes, de cara a las próximas elecciones presidenciales francesas, programadas para el 18 de abril de 2027. El presidente Emmanuel Macron culpó a la extrema izquierda, calificándola de “sediciosa”, y un informe reciente de inteligencia, publicado por Le Figaro, responsabiliza a La Francia Insumisa de haber orquestado los disturbios. La formación de extrema izquierda, sin embargo, lo niega.
Entretanto, la ultraderecha de la AN —la Agrupación Nacional— se frota las manos. Numerosas encuestas sitúan a Marine Le Pen, candidata del partido a la presidencia, como favorita para ganar las elecciones del año que viene. El presidente de la AN, Jordan Bardella, acudió la semana pasada a una comisaría del centro de París para “expresar su apoyo” a la policía. “Es el momento de escoger las alternativas políticas
Dicen que Carolyn Marvin, una profesora universitaria jubilada de Philadelphia, en Estados Unidos, salía de vacunarse contra la gripe cuando vio un robot de Uber Eats. Quizá hayáis visto —ya sea en la calle, o en Internet— alguno de estos robots de reparto. Por lo general, se asemejan a una nevera portátil con ruedas, y circulan de forma autónoma por la acera. Marvin se plantó entonces delante de la máquina, impidiendo que avanzara. Alguien llamó a la policía, y la mujer, de 78 años de edad, acabó detenida y esposada.
Tras el incidente, diversos medios han entrevistado a la señora Marvin, que dice haber bloqueado otros robots de reparto con anterioridad. Lo hace, según ha explicado, para protestar contra la pérdida de puestos de trabajo. Y, a pesar de su reciente detención, Marvin, que impartió cursos sobre la libertad de expresión en la Universidad de Pennsylvania, asegura que continuará haciéndolo.
Me ha sorprendido, la verdad, ver el poco apoyo con el que parece contar la señora Marvin en Internet. Muchos la catalogan —cayendo, creo, en el edadismo— como una jubilada sin nada mejor que hacer que meterse en líos con los robots de reparto. Casi ningún internauta parece saber, ni par
José Capilla, el rector de la Politécnica de Valencia, ha decidido que, en este curso académico, su universidad va a instalar detectores de metales a la entrada de los exámenes. A Capilla no le preocupa que se introduzcan armas en las aulas; ese problema, afortunadamente, en España no lo tenemos. Lo que le preocupa es el uso de dispositivos electrónicos para hacer trampas con IA: teléfonos móviles, tabletas, pinganillos, gafas inteligentes.
No sé si, a estas alturas, todavía haya gente a quien una medida como esta le parezca exagerada. Pero los medios informan a menudo de lo que ocurre cuando no se toman precauciones. Un caso muy sonado, últimamente, fue el denunciado por Roberto Serrano en la Universidad Brown de Rhode Island, en Estados Unidos. A finales de junio, el catedrático español anunció públicamente que, en un curso de economía matemática que impartía, al menos 50 estudiantes habían utilizado IA durante un examen.
El incidente provocó un escándalo académico. Resulta fácil —imagino— culpar a los estudiantes, muchos de los cuales acabaron admitiendo que habían hecho trampas. Y, sin embargo, pongámonos en su piel. Te dan un examen para hacer en casa. Se supone que no debes uti
Parece que no hay día que no salga una nueva estadística sobre la cantidad de tiempo que los niños y los jóvenes pasan frente a la pantalla. El mes pasado, la Fundación Gasol —creada por los hermanos Pau y Marc Gasol, los conocidos exjugadores de baloncesto— publicaba un dato que me parece muy ilustrativo: los chicos españoles de entre 8 y 16 años pasan en promedio, de forma acumulada, dos meses al año pegados a las pantallas.
La cuestión es que el “no a las pantallas” probablemente sea más efectivo si va acompañado de un “sí”. Pero sí… ¿a qué? Salvador Illa, el presidente de la Generalitat —el Gobierno regional— de Cataluña, lo tiene claro: sí al papel y al lápiz, a los libros, a la oralidad. Debemos recuperar, en resumen, los hábitos desplazados por la digitalización.
Illa quiere que Cataluña sea la primera comunidad autónoma de España con un modelo de bienestar digital para la infancia y la adolescencia. Para ello, la Generalitat prepara un plan estratégico que incluye más de 60 medidas, que persiguen, entre otras cosas, prohibir la inteligencia artificial en la escuela hasta los 14 años, y reforzar la lectura, la escritura a mano y el uso de los libros.
Dicho así, uno casi se ima