Stephen Hawking, un científico para la eternidad
Dicen que el físico británico Stephen Hawking, que falleció el pasado miércoles, 14 de marzo, a los 76 años de edad, encontró la carrera de física y matemáticas en Oxford tan fácil que casi no estudiaba. Una hora al día le bastaba. Tras finalizar sus estudios, se trasladó a Cambridge para el doctorado. Pero, en 1963, cuando apenas había comenzado su trabajo de investigación, fue diagnosticado con una enfermedad degenerativa neuromuscular, y le dieron solo unos años de vida. En un cruel giro del destino, el universo le presentaba a Hawking un desafío a su medida.
El Marqués de Comillas, ¿prohombre o esclavista?
Desconozco cuándo se acuñó la expresión “hacer las Américas”, pero hoy, más de 500 años después del viaje de Colón, todavía sigue vigente. Antiguamente, hacer las Américas implicaba embarcarse en un viaje largo e incierto, con la esperanza de hacer fortuna en el nuevo continente. Hoy, la expresión se utiliza para referirse a quienes van a América, no necesariamente a enriquecerse, pero sí a triunfar, ya se trate de deportistas, diseñadores o toreros.
Para muchos, esta expresión probablemente tenga connotaciones positivas, quizá similares a las del moderno “sueño Americano”. Para mí, el significado de esta locución es inseparable de los aspectos más deplorables de la Conquista de América por los españoles: la explotación imperialista y sanguinaria de los indígenas.
Por eso, cuando escucho que algún personaje histórico “hizo fortuna en las Américas”, me invade la sospecha: por qué medios levantó su fortuna, y a expensas de quién. La sospecha se acentúa si hablamos de alguien que no solo se enriqueció en América, sino sobre quien pesa la acusación de ser un esclavista.
En el caso que nos ocupa, se trata de Antonio López López, emigrante español que llegó a Cuba en 1817. Tras casarse con
La compra a granel, antídoto contra el desperdicio alimentario
Cada vez que vuelvo a casa a cierta hora, quizás las 9 o las 10 de la noche, veo a tres personas esperando en la puerta de atrás de un supermercado, junto a unos contenedores de basura. Al principio no sabía qué hacían allí, hasta que un día vi a los trabajadores del super sacando cajas de comida y otros productos, y echándolas a los contenedores.
Son productos que acaban de expirar y que, por lo tanto, ya no pueden venderse, pero que, en muchos casos, todavía pueden consumirse sin problemas. Eso sí, para dedicarse al dumpster diving hay que saber improvisar en la cocina, —si uno dispone de ella, claro— como me contaba hace poco una joven estudiante danesa. Por lo visto, la chica estuvo un año entero viviendo en Copenhague de lo que pescaba en los contenedores. Cuando cogió confianza con el tema, hasta se atrevía a comer queso gruyer del contenedor, según me dijo.
Claramente, en los países industrializados se desperdicia mucha comida. En España, según datos oficiales, casi la mitad del desperdicio corresponde a los hogares, que en 2016 tiraron a la basura la friolera de 1.250 millones de kilos de comida. Esto supuso una reducción del 6% respecto a 2015, por lo que, en sus conclusione
Como los cangrejos
Cualquiera que haya visto títeres sabe que este tipo de representaciones pueden ser bastante bestias. A veces ruedan cabezas, se arrancan miembros, salpica la sangre. Ciertas funciones de títeres quizá no son para niños. Y, si les preguntáramos a esos estudiantes mojigatos que ahora exigen que se les pinte el mundo color de rosa, —se traumatizan con el más mínimo sobresalto— seguramente dirían que es mejor prohibir los títeres. Por desgracia, los estudiantes mojigatos no están solos.
En febrero de 2016, dos titiriteros representaban la obra La bruja y Don Cristóbal durante el Carnaval de Madrid, una sátira “no apta para delicados”. Una bruja mata al propietario del piso donde vive cuando éste intenta violarla, y asesina a una monja que pretende llevarse a su bebé. Don Cristóbal, un policía corrupto, instala en la vivienda de la bruja objetos incriminatorios para acusarla de terrorismo. Entre ellos, un cartel con un mensaje en vasco: Gora Alka-ETA —Viva Al-Qaeda-ETA—.
El juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, sin pensárselo dos veces, mandó a los dos titiriteros a prisión y les acusó del delito de enaltecimiento del terrorismo. Al cabo de cinco días, los dos detenidos fueron pue
Charmaghz, el bus azul de la esperanza
Dudo que los niños de Kabul, en Afganistán, sepan quién era Jim Morrison. Pero, como ocurre en la canción The End, el bus azul les llama. Desde el amanecer hasta el atardecer, el bus azul se pasea por los barrios de la capital afgana, deteniéndose un par de horas en cada sitio.
Cuando ven el vehículo azul asomar a su calle, los niños corren hacia él. Los voluntarios que van en el bus tienen el mejor trabajo del mundo, porque la sonrisa de un niño ilusionado no se paga con dinero. Dentro del bus y durante un rato, los chavales se olvidan de lo dura que es la vida, de la destrucción y la muerte que han visto. El autobús azul es una ventana a un mundo donde el único límite es la imaginación.
Esta biblioteca infantil sobre ruedas fue idea de Freshta Karim, una joven afgana de 25 años que, tras obtener un máster en política pública por la Universidad de Oxford, regresó a su país tras la caída de los talibanes. Al parecer, de pequeña Karim tenía en casa un solo libro infantil, que leyó una y otra vez. Muchos no tenían ni eso.
Los 500 libros de la biblioteca móvil han sido donados por diferentes organizaciones e individuos, que también pagan el combustible del vehículo. El fabuloso éxito del