Pero vamos a empezar, si les parece, por las protestas que están sacudiendo Estados Unidos…
Las imágenes estremecieron al mundo entero. George Floyd, un hombre negro de 46 años, yacía en el suelo rodeado de varios policías. Estaba desarmado y esposado. A pesar de que no oponía resistencia, uno de los agentes oprimía fuertemente su cuello contra el suelo. “No puedo respirar”, advertía Floyd, al tiempo que sus exhalaciones se hacían cada vez más angustiosas. Poco después, Floyd fallecía en un hospital de Minneapolis, convirtiéndose en una nueva víctima de la violencia policial. Lamentablemente, en los últimos años, se han producido demasiados casos similares: Michael Brown, Laquan McDonald, Eric Garner…
Macao es, junto con Hong Kong, una de las dos regiones administrativas especiales que hay en China. Durante más de 500 años fue una colonia portuguesa, hasta su devolución a China en 1999. Este pequeño enclave, situado en los límites de la provincia de Cantón, disfruta de un régimen de autonomía que está garantizado hasta 2049 bajo la modalidad de ‘un país, dos sistemas’.
Macao es una de las regiones más densamente pobladas del mundo. Cerca de 700.000 personas viven hacinadas en apenas 28 kilómetros cuadrados, una superficie ligeramente superior a la de Cambridge, Massachusetts. Macao es, también, el único lugar de China donde apostar está permitido legalmente. El dinero que generan los casinos representa aproximadamente el 80% de su PIB. Olvídense de Las Vegas, Atlantic City, Mónaco o Singapur. No hay ningún lugar en el mundo donde el juego produzca tanto dinero como en Macao. La excolonia portuguesa tiene la segunda renta per cápita más alta del mundo, sólo por detrás de Catar.
El éxito y la riqueza de Macao no podrían entenderse sin un nombre, el de Stanley Ho. Este magnate hongkonés, un “emprendedor patriota” según la televisión estatal china, consiguió el monopolio de los casin
América Latina es la región más desigual del mundo. Allí, según el Programa de la ONU para el Desarrollo, el 10% más rico concentra el 37% de la riqueza. Las familias adineradas acostumbran a disponer de un servicio doméstico muy numeroso. Quienes tienen la suerte de ser millonarios y de tener mansiones enormes pueden llegar a contratar a decenas de empleados en sus hogares, mujeres en la mayoría de los casos. La Organización Internacional del Trabajo calcula que en América Latina hay 18 millones de trabajadoras domésticas. Lamentablemente, casi el 80% de ellas están “en condiciones de informalidad laboral, sin acceso a seguridad social, con salarios muy bajos y jornadas extenuantes”.
La situación de las empleadas del hogar en América Latina ha empeorado considerablemente a raíz de la crisis del coronavirus. La pandemia ha obligado a las autoridades a confinar a los ciudadanos en sus casas. Muchas empleadas domésticas no tienen un contrato formal de trabajo y, al no poder acudir a prestar sus servicios, se han quedado sin ingresos. En Colombia, por ejemplo, nueve de cada diez empleadas domésticas se han tenido que quedar recluidas en sus casas. La mitad de ellas no han percibido sa
Los autocines son un invento genuinamente americano. En 1932, Richard Hollingshead Jr., un magnate de Nueva Jersey, tuvo una genial idea para promover el cine. Se le ocurrió poner una gran pantalla al aire libre e invitar a los vecinos a que acudieran a ver las películas en sus carros particulares: “Toda la familia es bienvenida, sin importar lo ruidosos que sean los niños”, decía su eslogan comercial. El autocine fue todo un éxito y se convirtió en un icono cultural de Estados Unidos durante décadas. ¿Cuántas historias de amor se fraguaron en las lovers’ lanes, las últimas filas de los autocines a donde corrían a refugiarse las parejas en busca de un poco de intimidad?
Tras la Segunda Guerra Mundial, los drive-in se hicieron muy populares también en América Latina. Cuba y Venezuela fueron los primeros países de habla hispana en importar los autocines. Uno de los más conocidos fue el Autocine de los Chaguaramos, en Caracas, que se publicitaba, en 1949, con este poético lema: “Cine bajo las estrellas”. Muchos caraqueños disfrutaron allí de ratos inolvidables. Luego, con el paso de los años, los autocines fueron poco a poco cerrando y desapareciendo. Pero su recuerdo permanece indeleb
Las lenguas están vivas. No permanecen inalteradas, sino que mutan y evolucionan para adaptarse a los cambios políticos, económicos y sociales. Los desarrollos científicos y tecnológicos, por ejemplo, nos obligan a incorporar constantemente neologismos a nuestros diccionarios. El mundo cambia cada día y para describir las nuevas realidades hacen falta palabras nuevas.
En este sentido, creo que la crisis del coronavirus va a dar mucho trabajo a lingüistas y a semiólogos. Los médicos, los periodistas y la gente corriente han creado un glosario de nuevas palabras asociadas a la pandemia. Quizá, en el futuro, algunos de esos términos lleguen a incorporarse al Diccionario de la Real Academia Española, la obra lexicográfica por antonomasia del español. Pero eso llevará su tiempo. Los académicos tendrán que estudiar caso por caso con detenimiento. Sin duda, una de las palabras que más posibilidades tiene de incorporarse al Diccionario es “coronavirus”, voz que, a día de hoy, no está aceptada por las autoridades lingüísticas.
La versión online del Diccionario de la Lengua Española alcanzó en abril su récord histórico de visitas: más de 100 millones. Palabras como “confinamiento”, “cuarenten