Pero vamos a empezar, si les parece, por la tragedia que se vive en Guayaquil…
La primera vez que visité Guayaquil fue en mayo de 2016, pocas semanas después del terremoto que arrasó las provincias de Manabí y Esmeraldas. Aún recuerdo el calor húmedo que me golpeó nada más bajar del avión. La ciudad de Guayaquil, la segunda más importante de Ecuador después de Quito, está ubicada a orillas del río Guayas. En primavera, la humedad relativa ronda el 80%, la sensación térmica supera los 40ºC y una tiene la impresión de estar sudando todo el rato.
Al principio de la pandemia, cuando aún no sabíamos demasiadas cosas sobre el Covid-19, algunos epidemiólogos tenían la esperanza de que la enfermedad se expandiera menos en los países con climas cálidos. Pero nada más lejos de la realidad. Guayaquil es el perfecto ejemplo de ello. La ciudad es el motor económico de Ecuador y también el núcleo urbano con mayor densidad poblacional de todo el país. Más de tres millones de personas viven en su área metropolitana. La llegada del coronavirus pilló a las autoridades desprevenidas y la enfermedad se propagó con gran rapidez, sobre todo en los barrios pobres.
Guayaquil es la zona cero de la pandemia en Ecuador. Ninguna otra ciudad del país tiene tantos contagios, ni tantos muer
Venezuela es el país del mundo con las mayores reservas de petróleo. Es también uno de los principales exportadores de hidrocarburos. La producción se concentra fundamentalmente en el lago de Maracaibo y en sus alrededores. En el siglo XVI, los conquistadores españoles llegaron a esta región buscando El Dorado, la ciudad legendaria hecha de oro desaparecida en algún lugar del antiguo Virreinato de Nueva Granada. No se percataron de que el oro que anhelaban encontrar no era en realidad dorado, sino negro y que se hallaba bajo el suelo. Los indígenas llamaban a esa sustancia mene. La usaban para encender antorchas y para calafatear sus embarcaciones. Los colonos españoles no le encontraron utilidad alguna y renunciaron a su explotación. Faltaban aún siglos para la llegada de la Revolución Industrial.
En la década de 1920, sin embargo, las compañías petrolíferas británicas y estadounidenses pusieron sus ojos en Venezuela. La sospecha de que Maracaibo flotaba sobre un mar de oro negro se hizo realidad. Y comenzaron las prospecciones. El petróleo convertiría a Venezuela en la ‘Suiza de América Latina’ y cambiaría el país para siempre. Los venezolanos han estado acostumbrados desde enton
Durante siglos, el ferrocarril ha sido posiblemente el medio de transporte que más ha inspirado al cine y a la literatura. Líneas de tren como el Orient Express, que unía París con Estambul, o el Transiberiano, que conecta Moscú con las provincias rusas del Lejano Oriente, forman parte del imaginario colectivo de varias generaciones. A día de hoy, el ferrocarril sigue siendo un medio de locomoción muy popular en muchos países europeos y asiáticos.
Su implantación en otras zonas del mundo, como América Latina, es, sin embargo, menor. Esto se debe a razones históricas, económicas y, también, geográficas. Las grandes distancias entre los países latinoamericanos y la difícil orografía de la región obstaculizaron sobremanera el desarrollo del ferrocarril como medio de transporte. Aun así, en América Latina hay líneas de tren absolutamente espectaculares. Entre mis favoritas están la que une Cuzco con Machu Picchu, en los Andes peruanos,y el llamado Tren a las nubes, un ferrocarril que recorre la provincia argentina de Salta, en ocasiones a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar.
México, al contrario que la mayoría de sus vecinos, ha decidido apostar fuertemente por el ferrocarril. El
A lo largo de los siglos, muchos de los bienes culturales de la humanidad han sido destruidos. Basta con pensar en algunas de las principales civilizaciones de la antigüedad para darse cuenta de ello. ¿Cuántos monumentos egipcios, grecorromanos, incas o mayas han sido demolidos para siempre? Muchas veces, el responsable de la destrucción del patrimonio cultural es un desastre natural, como ocurrió, por ejemplo, con el terremoto de Nepal de 2015, que arrasó monumentos milenarios en el valle de Katmandú. En otras ocasiones, lamentablemente, es la acción del hombre la que provoca la pérdida de invaluables bienes culturales.
Es imposible olvidar cómo la locura iconoclasta de los talibanes provocó, en 2001, la voladura de los budas de Bamiyán, en Afganistán. Años más tarde, la guerra de Irak facilitó el saqueo de algunos de los vestigios arqueológicos más valiosos de Mesopotamia. En 2015, el autodenominado Estado Islámico destruyó parcialmente las ruinas de Palmira, en Siria, y, dos años después, dinamitó la gran mezquita de Al Nuri de Mosul, en Irak.
Muchos de nosotros no entendemos cómo cosas así han podido ocurrir. A veces, casi negando la realidad, pensamos que una destrucción semeja
“Tres, dos, uno, cero… Ignición y despegue”. A las 15h22 del sábado 30 de mayo, el cohete propulsor de la Crew Dragon se puso en marcha marcando un nuevo hito en la era espacial. Era la primera vez que una nave tripulada por seres humanos y fabricada por una empresa privada – Space X – partía con rumbo al espacio. Era también la primera vez, desde 2011, que una nave con astronautas despegaba desde Cabo Cañaveral, en Estados Unidos.
A bordo de la cápsula Crew Dragon viajan Robert Behnken y Douglas Hurley, dos veteranos astronautas con experiencia en los antiguos transbordadores de la NASA. Horas después del lanzamiento, la nave se acopló, sin ninguna incidencia reseñable, a la Estación Espacial Internacional. Nada más desembarcar, Behnken y Hurley fueron recibidos, con los brazos abiertos, por otro astronauta estadounidense y los dos cosmonautas rusos que ya se encontraban a bordo de la estación.
Una de las cosas que más me han llamado la atención es lo mucho que ha progresado la tecnología espacial. En la imágenes suministradas por la NASA se puede observar lo ligeros que son los trajes espaciales de última generación, mucho menos voluminosos que los que llevaban, por ejemplo, Armst