Pero vamos a empezar, si les parece, por la crisis política en Brasil…
El 1 de enero de 2019 Jair Bolsonaro fue investido presidente de Brasil. El líder ultraderechista, ganador de las elecciones contra todo pronóstico, recibió la banda presidencial de manos de su predecesor, Michel Temer, y pronunció un discurso en el que se comprometió a “liberar definitivamente al país del yugo de la corrupción”. Su propósito de luchar contra esta lacra quedó encarnado en su decisión de nombrar ministro de Justicia a Sergio Moro, el juez inquebrantable que había metido en la cárcel al expresidente Lula da Silva. Pero a Bolsonaro la jugada le ha salido mal.
Periodistas asesinados en México. Amenazas de muerte a reporteros en Guatemala, Honduras y El Salvador, el llamado Triángulo Norte de Centroamérica. Censura en Venezuela y en Nicaragua. Bulos difundidos por el “ministerio del odio” del gobierno de Brasil. El ejercicio del periodismo está sometido a fuertes presiones en toda América Latina. El pasado 3 de mayo, como todos los años, se conmemoró el Día Mundial de la Libertad de Prensa y varios organismos internacionales aprovecharon la ocasión para denunciar los retrocesos de la libertad de prensa en toda la región.
Reporteros Sin Fronteras asegura que los periodistas latinoamericanos trabajan en un entorno “cada vez más complejo y hostil”. Esta organización, que se encuentra entre las más reputadas del mundo en el ámbito de la información, publicó a mediados de abril su Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, en la que se constata que los reporteros de la región “sufren cada vez más presiones, violencia e intimidaciones”.
México sigue siendo el país más peligroso del continente para la prensa. La complicidad de algunos políticos con las redes del crimen organizado imposibilita que estos delitos sean debidamente investigados
El Salvador es uno de los países más violentos del mundo. El presidente Nayib Bukele ganó hace algo más de un año las elecciones con la firme promesa de combatir el crimen organizado y de desarticular a las maras. Desde hace décadas, los políticos salvadoreños intentan encontrar la fórmula más efectiva para acabar con el poder de las pandillas, responsables del 50% de los homicidios en el país. Pero hasta ahora nadie ha dado con la tecla adecuada .
El presidente Bukele ha optado por una estrategia de confrontación frontal: oponer el poder coercitivo del estado a la violencia de las maras. Y parece que, al menos de momento, su plan está teniendo éxito. En 2019, El Salvador registró 2.374 asesinatos, 974 menos que el año anterior. Pero es demasiado pronto para cantar victoria. En el último fin de semana de abril se produjo un brote inesperado de la violencia, con más de setenta asesinatos, muchos de los cuales fueron obra de las dos pandillas más poderosas de El Salvador: la Mara Salvatrucha, más conocida como MS-13, y su rival, Barrio 18.
La respuesta de Bukele ante la oleada de homicidios fue autorizar a la policía y al ejército a utilizar la “fuerza letal” contra los pandilleros, l
Imagino que muchos de ustedes habrán visto Unorthodox, la famosa serie de televisión que narra la historia de una joven criada en una comunidad jasídica en el barrio neoyorquino de Williamsburg. La serie está basada en la vida real de la escritora Deborah Feldman y cuenta con detalle la discriminación que sufren las mujeres en el seno de esta secta ultraortodoxa judía, una comunidad que vive con arreglo a una interpretación rigorista de la Torá.
El barrio de Williamsburg, en el distrito de Brooklyn, ha regresado estos días a las portadas de la prensa mundial. La razón no es otra que el funeral multitudinario celebrado el pasado 28 de abril en memoria de un conocido rabino jasídico. Miles de personas asistieron a las honras fúnebres, incumpliendo, de forma flagrante, las medidas de distanciamiento social decretadas en el marco de la crisis del coronavirus. El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, ordenó a la policía disolver la concentración y denunció en Twitter lo ocurrido: “Algo absolutamente inaceptable ha sucedido en Williamsburg: un gran funeral en medio de esta pandemia. Lo que he visto no será tolerado. Mi mensaje a la comunidad judía, y a todas las comunidades, es así de s
Uno de los grandes enigmas de la historia del arte es la identidad de Mona Lisa, la mujer magistralmente retratada por Leonardo da Vinci en el siglo XVI. La Gioconda es posiblemente el cuadro más famoso de todos los tiempos. El lienzo se exhibe en la pinacoteca del Museo del Louvre y, quinientos años después de ser pintado, sigue generando misterio y fascinación a partes iguales. La sonrisa enigmática de Mona Lisa continúa intrigando al mundo. Nadie sabe si está feliz o si está triste. Si es un hombre o una mujer. Si es una persona real o una creación del genio florentino.
Otro de los grandes arcanos del arte pictórico es el cuadro La joven de la perla, pintado en 1665 por el maestro holandés Johannes Vermeer. Una obra a la que se conoce popularmente como la “Mona Lisa holandesa”. La mujer retratada por Vermeer es una chica de ojos claros y labios carnosos. De su oreja izquierda parece que cuelga un precioso pendiente perlado, pero, según algunos expertos, se trataría solo de un efecto óptico. La identidad de la mujer retratada ha sido siempre un misterio. Nadie sabe si la “joven de la perla” existió de verdad, o si fue producto de la imaginación del artista neerlandés.
La joven de