Pero vamos a empezar, si les parece, por la extraña Semana Santa que estamos viviendo en el mundo entero…
La tradición dicta que el Papa debe ofrecer la bendición urbi et orbi dos veces al año. Una el Domingo de Pascua y otra el día de Navidad. Se trata de un mensaje que el Papa ofrece al mundo entero desde El Vaticano. El pasado 27 de marzo, sin embargo, Francisco decidió romper con la tradición para lanzar a los católicos una nueva bendición urbi et orbi con motivo de la crisis del coronavirus. El Pontífice compareció solitario en la inmensa plaza de San Pedro para pedir al mundo unidad y solidaridad en la lucha contra la pandemia: “frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: ‘Que todos sean uno’”.
Corren tiempos difíciles para la humanidad. La crisis del coronavirus ha obligado a los gobiernos del mundo a tomar medidas radicales para contener la pandemia. Algunos países han decretado el estado de emergencia y casi todos han introducido restricciones severas al ejercicio de derechos y libertades fundamentales. Conciliar la necesidad de garantizar la salud pública con el respeto a los derechos de los ciudadanos parece hoy más difícil que nunca.
De entre todas las medidas propuestas para evitar la propagación del coronavirus, las más salvajes son, sin duda, las adoptadas por Filipinas. El pasado 2 de abril, el presidente del país, Rodrigo Duterte, amenazó, ni más ni menos, con disparar a quemarropa a cualquier ciudadano que viole la cuarentena impuesta en el archipiélago. En los últimos días, hemos visto a organizaciones políticas de izquierda denunciar en las calles de Manila la deriva autoritaria del gobierno. Desde el pasado 10 de marzo, el presidente filipino disfruta de poderes de excepción gracias a la declaración del estado de emergencia. Duterte ha amenazado con eliminar físicamente a los disidentes, si es necesario: “Mis órdenes a la policía y a los militares es que si
Con 510 millones de kilómetros cuadrados, 193 países y más de 7.000 millones de habitantes, el mundo es un lugar difícil de cubrir para cualquier medio de comunicación. Televisiones, periódicos y radios se ven obligados cada día a hacer un gran ejercicio de síntesis para resumir la actualidad internacional en unos pocos minutos, o en unas pocas páginas. En estos tiempos en los que la información del coronavirus lo copa casi todo, conviene recordar que el mundo sigue girando y que los problemas de ayer siguen estando presentes a día de hoy: la hambruna en África, los conflictos en Oriente Medio, el terrible drama de los refugiados…
Hace unos días, el secretario general de la ONU, António Guterres, pidió un alto el fuego mundial para “suspender los conflictos armados y centrarnos en la verdadera lucha de nuestras vidas”, que no es otra que el combate del Covid-19. Por desgracia, los llamamientos de las Naciones Unidas suelen ser ignorados por los distintos actores internacionales. En esta ocasión, sin embargo, ha habido una organización guerrillera que sí ha recogido el guante: el Ejército de Liberación Nacional, el ELN, una milicia insurgente de inspiración marxista-leninista que ope
Hace un par de meses tuve la ocasión de visitar San Francisco. En uno de mis ratos libres, aproveché la ocasión para visitar el barrio de Mission District, donde reside buena parte de la comunidad latina de la ciudad. En las calles de Balmy Alley y Clarion Alley se encuentran algunas de las mejores muestras de arte mural del mundo. Sin apenas darme cuenta, me pasé toda la tarde contemplando la miríada de pinturas que adornan las fachadas de las casas. Los motivos de los murales tienen un carácter histórico y reivindicativo, y, por lo general, denuncian las injusticias sociales, los crímenes del colonialismo y las violaciones de los derechos humanos en América Latina.
De entre todos los murales, hubo uno que me impactó especialmente. Un retrato de Óscar Romero, arzobispo de El Salvador, asesinado por defender la causa de los pobres el 24 de marzo de 1980. Acaban de cumplirse justo cuarenta años de su muerte. La pintura fue realizada por Jamie Morgan en el año 2001 y en ella puede leerse, en inglés y en castellano, una de las frases más memorables del monseñor: “Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla”. Monseñor Romero simpatizó con la teología de la liberación, aunque no formó pa
El 4 de marzo de 1960, el buque francés La Coubre ingresó en el puerto de La Habana. A bordo transportaba toneladas de armas para apoyar la Revolución Cubana. Minutos después del atraque, dos explosiones hicieron saltar el barco por los aires. Fidel Castro, que había tomado el poder hacía algo más de un año, acusó a la CIA de estar detrás de la voladura del carguero. Murieron alrededor de cien personas. Al día siguiente, se celebró el funeral en memoria de las víctimas. A las exequias acudió el comandante Ernesto “Che” Guevara, cuya participación en las honras fúnebres fue inmortalizada por el fotógrafo Alberto Korda. En una de sus instantáneas, titulada Guerrillero Heroico, se puede ver al “Che” con el gesto serio y la mirada perdida en el horizonte. Para el Instituto de Arte de Maryland se trata de “la más famosa fotografía e icono gráfico del mundo en el siglo XX”. Imagino que ustedes, como yo, habrán visto mil veces esa imagen del “Che”, bien sea en los libros de historia, en las camisetas de los jóvenes idealistas o en una de las fachadas de la inmensa Plaza de la Revolución.
Ernesto Guevara representa la figura del guerrillero por antonomasia. Su ideología política predicaba l