Pero vamos a empezar por la retirada de Bernie Sanders de la carrera presidencial, una decisión que deja en bandeja a Joe Biden la nominación demócrata a la Casa Blanca…
A finales de marzo, el gobernador demócrata de Wisconsin, Tony Evers, emitió una orden ejecutiva para que los habitantes de ese estado norteño se quedaran confinados en sus casas para frenar el avance del coronavirus. Evers trató además de que las elecciones locales y las primarias presidenciales que debían celebrarse el 7 de abril fueran suspendidas. Pero un recurso de los republicanos ante la justicia, estimado por el Tribunal Supremo de Estados Unidos, provocó que las elecciones se celebran igualmente. Al final, la gente salió en masa a votar y en los colegios electorales de Milwaukee, Madison, Green Bay o Kenosha pudieron verse colas de ciudadanos apiñados para intentar depositar sus papeletas en las urnas. Una tremenda irresponsabilidad, desde mi punto de vista.
Los resultados de las primarias demócratas supusieron un nuevo varapalo para Bernie Sanders y al senador por Vermont no le quedó otro remedio que anunciar su retirada de la carrera presidencial, dejando el camino libre a Joe Biden. Así que el que fuera vicepresidente con Obama será el candidato demócrata que le dispute la Casa Blanca a Donald Trump. Los demócratas podrán al fin dejar a un lado las luchas intestinas y c
El pasado 6 de abril, el primer ministro británico, Boris Johnson, ingresó de urgencia en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Saint Thomas de Londres. Los médicos decidieron ponerlo bajo vigilancia estrecha ante el agravamiento de los síntomas del coronavirus. La noticia corrió como la pólvora en todos los medios de comunicación. Muchos de ellos no desperdiciaron la ocasión para rescatar de la hemeroteca discursos recientes del primer ministro en los que éste minimizaba los riesgos del Covid-19.
Al principio de la crisis del coronavirus, Boris Johnson propuso que los británicos se dejaran contagiar de forma masiva para lograr cuanto antes la “inmunidad grupal”. Una estrategia duramente criticada por los expertos en salud pública. El primer ministro británico, con tono admonitorio, advirtió también a sus conciudadanos de que se prepararan para “perder antes de tiempo a seres queridos”. El extravagante líder tory aseguró no estar preocupado por darle la mano a la gente e incluso se permitió el lujo de estrechar la mano de un doctor en el transcurso de una visita a un centro médico con enfermos de Covid-19. Afortunadamente, Boris Johnson ya salió del hospital, pero lo que le
“Sé como Ortega: quédate en casa”. La semana pasada, este hashtag se hizo viral en las redes sociales de Nicaragua. Se trataba de una denuncia irónica al presidente del país, Daniel Ortega, desaparecido en medio de la peor crisis sanitaria que padece el mundo desde la gripe española de 1918. El mandatario nicaragüense lleva más de un mes sin comparecer ante sus conciudadanos. La última vez que se le vio en público fue el pasado 12 de marzo, cuando participó, desde su búnker de El Carmen, en una reunión virtual del Sistema de Integración Centroamericana. Desde entonces, nada se ha sabido de él. Daniel Ortega es el único presidente del mundo que no ha hablado de la crisis del Covid-19. Ni siquiera se le ha escuchado decir en público la palabra coronavirus. Jamás habría pensado que pudiera existir un líder político capaz de abjurar de sus responsabilidades de semejante manera.
Los nicaragüenses deben sentirse tan desamparados como preocupados, sabiendo que no hay ningún tipo de respuesta sanitaria a la pandemia. Ausente Ortega, ha sido su mujer y vicepresidenta, Rosario Murillo, quien ha asumido, a través de sus mensajes diarios, la portavocía del gobierno. Hasta el momento, las autor
La corrupción es uno de los males endémicos de América Latina. Tanto, que son innumerables los líderes políticos que han acabado procesados por robar y malversar dinero público a lo largo de las últimas décadas: Lula da Silva, Carlos Menem, Ricardo Martinelli, Ollanta Humala, Antonio Saca… La lista es casi interminable. El último en sumarse ha sido Rafael Correa. El pasado 7 de abril, el que fuera presidente de Ecuador entre 2007 y 2017 fue condenado a ocho años de cárcel por un delito de cohecho. La Corte Nacional de Justicia considera probado que Correa estuvo al frente de un entramado de corrupción para financiar ilegalmente a su partido, Alianza País. El expresidente habría recibido sobornos por valor de 7,5 millones de dólares a cambio de adjudicar obras públicas a determinadas constructoras. Entre ellas, la brasileña Odebrecht.
La justicia también ha inhabilitado a Rafael Correa durante los próximos 25 años. Eso significa que el líder izquierdista no podrá presentarse, como era su intención, a las elecciones de 2021. La Constitución ecuatoriana prohíbe que cualquier persona que haya sido condenada por corrupción, enriquecimiento ilícito o malversación de fondos públicos pueda
Panamá, como muchos otros países del mundo, se encuentra sometido a un restrictivo confinamiento para evitar la propagación del coronavirus. Para contener el contagio del Covid-19, las autoridades panameñas han decidido, además, segregar a hombres y mujeres e impedir que unos y otros puedan salir de forma simultánea a la calle, con el argumento de que así será más fácil identificar a las personas que violen la cuarentena. Los lunes, miércoles y viernes son para las mujeres. Los martes, jueves y sábados para los hombres. Los domingos nadie puede salir de casa.
El pasado miércoles 1 de abril, Bárbara Delgado, residente en el distrito de La Chorrera, salió de su domicilio para comprar alimentos en el supermercado. Pero tuvo la mala suerte de toparse con un registro de la Policía Nacional. Después de examinar su documento de identidad, los agentes comprobaron que Bárbara, que es transexual, es, a efectos legales, un hombre. A la Policía Nacional no le quedó otro remedio que proceder a su detención e imponerle una multa de 50 balboas. En Panamá, a los transexuales sólo se les reconoce el cambio de género si se han sometido previamente a una operación de cirugía.
Me parece indignante que e