América Latina al completo presencia con enorme estupor y preocupación cómo el coronavirus se va extendiendo poco a poco por todo el territorio. Y esa preocupación no sólo es compartida por millones de ciudadanos, sino también por sus gobernantes. El virus está irrumpiendo con fuerza en una de las regiones más pobres del planeta, donde más del 30% de la población vive en la miseria. Tanta escasez material no sólo dificultará enormemente la prevención sanitaria, sino que también hará crecer el riesgo de posibles estallidos sociales de enorme violencia. Una cosa es mantener en cuarentena durante semanas a la próspera población europea o a la obediente población asiática, y otra muy distinta es forzar a millones de habitantes empobrecidos a permanecer en sus casas cuando no tienen nada que llevarse a la boca.
Nicolás Maduro se encuentra en una situación cada vez más delicada. Se le acumulan los problemas, uno tras otro. A la crisis del coronavirus, que puede generar grandes estallidos de violencia en una sociedad empobrecida y desvalida, se le han venido a sumar, en el peor momento, unas graves acusaciones provenientes de Washington. El gobierno liderado por Donald Trump ha acusado, el pasado 26 de marzo, al presidente venezolano de complicidad con la industria del narcotráfico. En una comparecencia pública, el fiscal general estadounidense, William Barr, formalizó dicha acusación ante los medios de comunicación, al tiempo que ofrecía 15 millones de dólares como recompensa a quien ofrezca información vital que conduzca a la detención de Nicolás Maduro. Minutos más tarde, y a través de un comunicado oficial, el secretario de Estado, Mike Pompeo, añadía las siguientes palabras: “El pueblo venez
El indetenible avance del coronavirus a lo largo y ancho de América Latina está sacando a relucir las notables diferencias entre los mandatarios de la región. Las reacciones de los distintos gobernantes son bastante disímiles entre sí, desde la extrema rigurosidad en los confinamientos decretados en Argentina y Venezuela, hasta la preocupante actitud negacionista de Bolsonaro en Brasil, pasando entremedias por la tibieza y la indolencia del gobierno mexicano.
Un gobernante que ha destacado entre sus homólogos latinoamericanos es el presidente de El Salvador, Nayib Bukele. El pasado 23 de marzo, cuando apenas se habían contabilizado tres casos de contagio, el joven presidente de 38 años decretó una "cuarentena domiciliar y absoluta" en todo el país durante 30 días. Aquello en realidad no tiene nada de extraño. Lo realmente llamativo son las medidas que acompañan al decreto de cuarentena.
Poco a poco, la civilización humana se va sumergiendo en una nueva era plagada de angustia, incertidumbre y confusión. El enemigo es invisible, pero letal: el Covid-19. Países enteros han entrado en estado de hibernación, a la espera de que tarde o temprano vaya surgiendo alguna luz al final del túnel. En momentos como éstos, no es tarea sencilla conservar la esperanza y mantener el buen ánimo.
Sin embargo, no todo son malas noticias. Si algo tienen los momentos críticos a los que se tiene que enfrentar de cuando en cuando la Humanidad, es que son capaces de sacar lo mejor y lo peor del ser humano. El gobierno de Portugal, por fortuna, está brindando un ejemplo al mundo entero de que la solidaridad y la bondad pueden preservarse incluso en medio de las peores adversidades. El pasado 28 de marzo, el gobierno liderado por António Costa decidió, tras un consejo de ministros de carácter urgen
Finalmente Woody Allen, contra todo pronóstico, lo consiguió: el pasado 23 de marzo logró publicar por sorpresa sus tan esperadas memorias. Allen lo había intentado en varias ocasiones anteriormente. Cuando más cerca estuvo fue hace apenas unas semanas. El cineasta ya tenía firmados todos los acuerdos contractuales con la editorial Hachette. Sin embargo, la presión ejercida en contra por su hijo biológico, el periodista Ronan Farrow, quien es uno de los autores estrella de esa misma casa editorial, obligó a Hachette a dar marcha atrás y cancelar el acuerdo con Woody Allen. Pero el célebre artista neoyorkino, a sus 84 años, no cejó en su objetivo y al final lo logró: la editorial Arcade Publishing se ha atrevido a publicar su autobiografía, la cual ya se puede adquirir online en todo el mundo.
Recordemos que Woody Allen es, actualmente, poco menos que un "apestado social" en Estados Unido