Pero, si les parece, comenzaremos nuestro recorrido analizando qué dicen los expertos sobre la llegada de la vacuna contra el coronavirus…
Quizá nunca antes en la historia tantos millones de seres humanos hayamos deseado lo mismo y al mismo tiempo: una vacuna que nos libere del coronavirus. Soñamos con que, de un día para otro, los científicos logren el fármaco, y que todos quedemos protegidos y volvamos a nuestra vida anterior. Así lo veía el propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el mes pasado: “Tan pronto como le den el visto bueno, lo aplicaremos y derrotaremos el virus”. No quiero ser aguafiestas, pero los expertos ya están alertando que las cosas… no van a ser así.
Haya vacuna o no, nos aguarda un 2021 bastante caótico y seguiremos teniendo que llevar mascarilla. “Hasta ahora, casi nadie se ha dado cuenta de las complejidades, el caos y la confusión que habrá en unos cuantos meses”, afirmó en el New York Times el miércoles pasado Gregory Poland, director del Grupo de Investigación de Vacunas de la Clínica Mayo.
Es verdad que hay una decena de proyectos muy avanzados en el desarrollo de estos fármacos. Dos de ellos, el de la Universidad de Oxford en colaboración con la empresa farmacéutica AstraZeneca y el de Pfizer, ofrecerán en pocas semanas sus resultados finales: los obtenidos durante la llamada ‘fa
En una chabola de dos dormitorios y viviendo con sus padres, cuatro hermanos y un perro, Kemilly Luanda tiene muy difícil ensayar sus pasos de ballet. A sus 17 años, está a punto de culminar su último curso de formación para convertirse en bailarina profesional y lo ha hecho a través de videollamadas con sus profesores: “Sacaba a todos de un cuarto, colocaba el celular en una litera y practicaba entre las camas”. Kemilly es una de los 200 alumnos del Ballet de Paraisópolis, un gota de belleza y disciplina artística en la segunda mayor favela de São Paulo.
‘Plié, tendu, relevé, grand battement’… La voz del maestro retumba en las paredes del local de ensayo. Un total de 22 alumnos han podido por fin volver a las clases presenciales. Pese a la pandemia del coronavirus, que se ha cebado con los más desfavorecidos, estos chavales han encontrado la motivación para mantener la disciplina del baile en un lugar donde a veces es difícil encontrar la motivación incluso para vivir. "Estaba muy ansiosa por volver, como si fuese la primera vez", cuenta Kemilly a la agencia France Presse.
Gracias a unas subvenciones privadas y públicas, el Ballet de Paraisópolis es gratuito. Su reputación es intern
Cuando era pequeña, en mi casa era sagrada la hora del noticiario en televisión a mediodía. La política nacional era lo primero de lo que hablaba aquel busto parlante con corbata. Por la pantalla desfilaban ministros y líderes opositores. Luego llegaba el momento de alguna nota económica, o sobre salud. A continuación, los grandes titulares internacionales: Estados Unidos, la desintegración de la Unión Soviética, algo de Alemania, quizá algo sobre Argentina. Recuerdo, que al final,deprisa y corriendo, de vez en cuando, se deslizaba un nombre extraño al que ya casi no prestábamos atención mientras levantábamos el mantel: Nagorno Karabaj. Ya entonces, hace casi 30 años, había una guerra en esta zona remota del confín oriental de Europa. Hoy la sangre ha vuelto a esta región, ¿por qué?
“Centenares de armenios huyen de las bombas en Nagorno Karabaj”, leo en el portal Euronews a principios de octubre. ¿Quién bombardea a esta gente? Sigo leyendo, y veo que es Azerbaiyán.Una foto enorme encabezaba una crónica del martes pasado en el diario español El País. Un anciano con una maleta en una mano y una pala en la otra rebusca entre los escombros de su casa,demolida por las bombas. Esta imagen
Es difícil ponerse en la piel de la madre de una niña violada. Basta pensar en el sufrimiento, en la ira y en la necesidad de justicia para que se acelere el pulso. Esa sed de justicia es la que explica que el pasado 3 de septiembre la madre de una niña violada decidiese encadenarse a la elegante mesa del despacho de la presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la CNDH, en la Ciudad de México. Cansada de reuniones eternas sin ninguna solución, la madre decidió actuar. Tras ella, decenas de mujeres, hartas de la falta de respuesta de las autoridades de un país con 10 feminicidios diarios, tomaron la sede del organismo. Casi dos meses después, todavía resisten y han convertido el edificio en una fortaleza feminista.
“Hay veces que me asomo al balcón y pienso en qué honor tengo de pertenecer a esto, porque es histórico”, comentó una de las activistas a la agencia española EFE. Por su seguridad, ninguna revela su nombre y todas aparecen con el rostro cubierto ante las cámaras. En estas semanas, han dotado a este palacete del siglo XIX de un nuevo simbolismo: la fachada está cubierta de las fotos de cientos de mujeres violadas y asesinadas. En el interior, eslóganes lla
Pocas cosas parecen tan civilizadas como un jardín bien cuidado, con sus praderas rasuradas, sus setos podados con precisión y sus arriates de flores de temporada. Sin embargo, lo que entendemos por ‘civilización’ encierra, paradójicamente, un ingrediente violento. Para lograr un jardín perfecto hace falta serrar, roturar, matar las malas hierbas y aniquilar las plagas. También para cultivar la tierra, o levantar una ciudad, es necesario dominar la naturaleza a la fuerza. Pero, a veces, la naturaleza no se deja dominar.
Es lo que está ocurriendo en el corazón de la Amazonía colombiana, donde desde hace años un enorme puente de hormigón inacabado permanece en mitad de la selva. Su presencia es tan impactante que atrae a los turistas y ahora protagoniza un curioso documental titulado ‘Suspensión’. El nombre de esta película, dirigida por el cineasta y geógrafo colombiano Simón Uribe, no es casual: juega con varios significados del verbo ‘suspender’.
Por un lado, una carretera debía discurrir ‘suspendida’ por encima del puente, salvando un valle escarpado. Por otro lado, las obras para su construcción se ven constantemente ‘suspendidas’ por las autoridades, que se han cansado de costear