Angie Noemí González era una joven enfermera puertorriqueña que trabajaba atendiendo a los residentes de un centro de mayores, en plena pandemia. Sus amigas la vieron por última vez el pasado 14 de enero, conduciendo su Toyota Yaris color gris por la localidad en que residía —Barranquitas, a unos 55 kilómetros al sur de San Juan. Al día siguiente, su marido, Roberto Félix Rodríguez, denunció su desaparición ante la policía. Para solicitar la colaboración ciudadana en la búsqueda, la división de homicidios difundió una ficha de González, con fotografía y datos básicos: metro cincuenta y cinco de estatura, cabello rubio, ojos marrones, tatuaje en el muslo izquierdo. Después de tres jornadas de investigación, Rodríguez terminó confesando lo que los agentes ya sospechaban. Había matado a la madre de sus tres hijas, de seis, diez y trece años. Después del crimen, el asesino condujo durante más de treinta minutos, hasta el kilómetro 4,8 de la carretera PR-555. Allí, lanzó por un precipicio el cuerpo sin vida de Angie Noemí González, el último nombre de una insoportable lista de feminicidios que finalmente ha llevado al Gobierno de Puerto Rico a decretar un estado de emergencia.
El goberna
Caral es la ciudad más antigua del continente americano, el centro de una civilización que supo crear los magníficos templos, anfiteatros y edificios piramidales que hoy están siendo excavados y estudiados en el valle peruano de Supe, a unos 175 kilómetros al norte de Lima. Investigar este extraordinario patrimonio monumental es una misión, y una vocación de vida, para la directora del yacimiento, la arqueóloga y antropóloga peruana Ruth Shady.
Shady es una de las cien mujeres más influyentes del mundo según una lista, publicada el pasado mes de noviembre por la BBC, que incluye a personalidades como la actriz y activista Jane Fonda, o la líder opositora bielorrusa Svetlana Tijanóvskaya. Un reconocimiento bien merecido para aquella niña, nacida en la ciudad portuaria de Callao en 1946, que soñaba con investigar la historia arqueológica de su país. Tal vez entonces Shady se imaginaba descubriendo grandes tesoros, pero dudo mucho que pudiera intuir el alto precio que pagaría por custodiar los restos de la civilización caralina. Desde hace tiempo, recibe amenazas de muerte: llamadas anónimas, mensajes en el teléfono, incluso la aparición de dos perras muertas, una señal inequívocamente
El día en el que el presidente de Egipto, Hosni Mubarak, renunció a su cargo, me acordé de mi abuelo Daniel. Este próximo 11 de febrero van a cumplirse diez años de aquella fecha, culminación de la histórica protesta del 25 de enero anterior, en la plaza Tahrir. Fue una jornada agitada en la redacción de noticias en la que, en ese invierno de 2011, recién había comenzado a trabajar. Se escuchaba el estruendo de una radio británica, de una televisión árabe, y el furioso repiqueteo de decenas de dedos sobre los teclados. Y fue en aquel fragor que, de repente, pensé en mi abuelo Daniel. Él poseía la sabiduría que viene de haber vivido tres cuartas partes del siglo XX, y conocía como nadie el refranero español. Por eso lo imaginé tensando su espeso bigote con la sonrisa más pícara, más cómplice. Habría dicho: “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. Es decir, presta buena atención a cuanto ocurre en la casa de al lado: podrías ser el siguiente.
Con este colorido comentario, mi abuelo se habría referido a lo ocurrido, unas semanas antes, en Túnez. El 14 de enero, el presidente tunecino Ben Alí se había visto forzado a dimitir, tras una ola de masivas protest
Mônica Calazans es una enfermera brasileña de 54 años que lleva largos y duros meses tratando a los pacientes más críticos de Covid-19 en la unidad de cuidados intensivos del hospital Emilio Ribas de São Paulo. Su nombre se inscribió en la historia de esta pandemia el pasado 17 de enero: fue la primera persona en recibir la vacuna contra el coronavirus en Brasil, el país que más gravemente está sufriendo la crisis sanitaria en Latinoamérica, con más de 225.000 fallecidos.
La mascarilla ocultaba la expresión en el rostro de Calazans, pero sus ojos brillaron de emoción al recibir esa primera inyección de la vacuna desarrollada por el laboratorio chino Sinovac. Detrás de esa imagen, sin embargo, hay mucho más que una batalla de la ciencia y la medicina contra la enfermedad y la muerte. La fotografía —que ha dado la vuelta al mundo— es también un retrato poderoso de la cruda disputa política que está librándose hoy en el país sudamericano, en plena emergencia.
São Paulo es el estado brasileño más poblado y la región con la más fuerte oposición al presidente Jair Bolsonaro. No es casualidad que su administración, liderada por el centroderechista João Doria, se haya adelantado a la estrate
¿Se imaginan a su estrella de rock favorita atascada en una aduana debido al Brexit? Cuando se negoció la salida del Reino Unido de la Unión Europea todos pensábamos en los problemas que podrían surgir para transportistas, exportadores, estudiantes o turistas. Pero ese portazo de Londres a Bruselas es ahora también un grave inconveniente para el patrimonio cultural con el que los británicos suelen conquistar el mundo: los conciertos de sus grandes bandas de música.
Gigantes universales de la canción como Elton John, Noel Gallagher o Sting destacan entre más de un centenar de artistas que han firmado una carta remitida al número 10 de Downing Street, y que publicó el pasado 21 de enero el diario The Times. En esa misiva, los músicos instan al Ejecutivo de Boris Johnson a que luche por facilitar el desplazamiento y la actividad de sus giras por territorio europeo. La normativa actual, denuncian los firmantes del texto, les exige una montaña de papeleo y unos costes inasumibles.
Incluso el mismísimo Palacio de Buckingham está implicado en esta protesta. Entre los firmantes del documento figura también la compositora Judith Weir, quien ejerce desde 2014 como Maestra de Música de la Rein