Hay una imagen, y sobre todo unas palabras, que dieron la vuelta al mundo y que quedaron grabadas en la mente de millones de europeos, allá por el verano del 2012. Y principalmente quedaron guardadas en el recuerdo de incontables italianos. Las palabras en concreto fueron "whatever it takes", y las pronunció Mario Draghi, quien ejerció como presidente del Banco Central Europeo entre el 2011 y el 2019, para calmar las turbulencias del mercado tras la crisis financiera global iniciada en el 2008. "El Banco Central Europeo hará todo lo necesario para proteger al euro. Y créanme, eso será suficiente". Aquellas fueron las frases completas. Y según muchos analistas, estas pocas y contundentes palabras, así como la imagen de serenidad exhibida por el presidente del Banco Central Europeo ante los medios de comunicación, fueron cruciales para salvar al euro. Y es que en aquellos difíciles momentos de plena incertidumbre, la moneda común europea tenía serias posibilidades de desaparecer a corto plazo debido al a grave crisis económica.
Como decía al principio, ese "whatever it takes" que salió de la boca de Draghi permaneció grabado en el recuerdo de millones de italianos. Hasta nuestros días
La actual pandemia del coronavirus, por desgracia, no sólo está dejando a sus espaldas una larga y lamentable estela de fallecidos. También está propiciando diversas dolencias mentales en infinidad de personas que, aunque no se hayan contagiado, de igual manera se ven afectadas por una situación inédita que se está prolongando por demasiado tiempo. La lista de síntomas o dolencias también es extensa: depresiones, adicciones, ataques de pánico, sensación de soledad... y también intenso agotamiento o desgaste psíquico, lo que comúnmente se conoce en el mundo anglosajón con el término "burnout".
Por razones obvias, quienes primero se vieron afectados por este "síndrome de agotamiento", provocado por una situación de estrés continuo, fueron los trabajadores sanitarios, los que se encontraban, y siguen estando, en primera línea de batalla. Estudios recientes realizados en hospitales españoles indican que el personal sanitario, desde el inicio de la pandemia, tiene entre tres y cuatro veces más probabilidades de albergar pensamientos suicidas que el resto de la población. Y en el caso de depresiones, las probabilidades se multiplican por seis en comparación con los demás ciudadanos.
Pero
Venezuela, creo que ya todos lo sabemos, está sufriendo desde hace años una de las peores crisis humanitarias de todo el planeta. El número de refugiados provenientes de este país caribeño es el segundo más alto del mundo, sólo superado por Siria. De todas formas, para captar la extraordinaria singularidad de este país, hay que tomar en cuenta que Venezuela no ha sufrido ninguna invasión bélica, ni ninguna guerra civil, ni ninguna catástrofe natural. No, el único responsable de este gran éxodo ha sido un régimen corrupto, mediocre y represivo. La de Venezuela es una catástrofe social y económica que, estoy seguro, se estudiará a fondo en los libros de historia en el futuro. A lo largo de los últimos años, aproximadamente cinco millones de venezolanos (de un total en torno a los 30 millones de habitantes) se han visto obligados a abandonar el país a causa del hambre, de la delincuencia y de la escasez de oportunidades laborales. Y se espera que otros dos millones hagan lo mismo durante este 2021.
Esta enorme e incomparable crisis humanitaria ha provocado, como es lógico, una gran desestabilización en toda la región suramericana, pues ningún país del entorno estaba realmente preparad
Recuerdo que, estudiando en la universidad, hace ya muchos años, leí, gracias a la recomendación de un muy buen amigo, el libro "No me esperen en abril". Apenas había oído hablar del autor, un tal Alfredo Bryce Echenique. Aquel libro, bastante grueso, por cierto, me atrapó al instante. Aquella prosa ligera y poética, el excelente sentido del humor del narrador, las pinceladas nostálgicas presentes a lo largo de toda la trama, la gran cantidad y variedad de emotivos recuerdos recolectados a través de cientos de páginas... todo ello me hechizó al instante y me llevó, a partir de ese momento, a querer seguirle el rastro a este inclasificable escritor. Desde entonces han sido muy pocos los títulos publicados por Bryce Echenique que no haya leído.
De hecho, me devoré, en pocos días, el último libro que acaba de publicar. Se titula "Permiso para retirarme. Antimemorias III". Como ya se podrán imaginar, se trata de una obra autobiográfica, la última entrega de una trilogía de memorias iniciada en 1993. Y, según las palabras del propio autor, quien ya es un octogenario, el libro representa su retirada definitiva del mundo de la narrativa. La inesperada noticia de la jubilación de Bryce Eche
Ronald Koeman, el actual entrenador del Barcelona Fútbol Club, debe estar bastante arrepentido en estos momentos. Lo primero que hizo, apenas asumió el cargo de entrenador, a comienzos de la presente temporada, fue enseñarle la puerta de salida a Luis Suárez. Koeman consideraba que este delantero uruguayo, a sus 34 años, ya estaba muy mayor para seguir marcando goles junto a Leo Messi. Luis Suárez fue contratado a continuación por el Atlético de Madrid. ¿Y qué ha sucedido en apenas pocos meses? Pues que el Atlético está ahora mismo a la cabeza de la liga, mientras que el Barça se encuentra a diez puntos de distancia, ya sin casi posibilidades de alcanzar al líder. Muchos apuntan a Luis Suárez como el artífice principal de este enorme éxito del Atlético. El delantero uruguayo es en estos momentos el máximo goleador de la liga, incluso por delante de Leo Messi. Definitivamente Koeman cometió un gravísimo error al subestimar la "garra charrúa" de Suárez. Y es que así se denomina, en el ambiente futbolístico, al tesón y a la pasión de los jugadores uruguayos; un término que hace honor a los charrúas, una comunidad indígena que habitaba hace siglos en el territorio que hoy se conoce com