Gustavo Petro es un presidente distinto al resto de dirigentes que han gobernado Colombia en la historia contemporánea, y su toma de posesión —el pasado 7 de agosto— también fue diferente a todas las demás. Hasta el clima de Bogotá, gris y lluvioso, pareció transformarse para el acto de inauguración. Una tarde soleada y apacible acogió a las decenas de miles de personas que abarrotaron la plaza de Bolívar para asistir a la ceremonia. Petro juró su cargo entre numerosos símbolos con los que trató de representar el cambio político que ahora pretende impulsar.
Colombia, siempre gobernada por líderes conservadores, dio un golpe de timón el pasado mes de junio, escogiendo a Petro como presidente de la República —el presidente más votado en la historia del país. La primera decisión del nuevo mandatario, solo un instante después de asumir el cargo, fue trasladar la espada de Simón Bolívar al escenario de la ceremonia; algo a lo que se había negado el mandatario saliente, Iván Duque. Ante ese icono de la independencia colombiana —símbolo de la soberanía del pueblo, según recordó Petro— todo el acto adquirió aún más solemnidad.
Cuando aún militaba en las filas de la guerrilla del M-19, Petro
El acuerdo entre el Gobierno de Panamá y la asociación de profesores, ratificado el pasado 2 de agosto, ha supuesto el punto final de la mayor oleada de protestas en la historia reciente del país. Los docentes iniciaron el paro a principios de julio para exigir medidas contundentes contra el alza del coste de la vida, así como un aumento en la inversión pública para la educación. Su iniciativa fue apoyada por diversos sectores laborales y civiles, como el sindicato de la construcción, los movimientos estudiantiles y las organizaciones indígenas: todo un estallido social que durante un mes paralizó la economía panameña.
La gota que colmó el vaso fue de whisky. El pasado 1 de julio se filtró un vídeo en el que aparecían una veintena de diputados de la Asamblea Nacional —incluido su presidente, Crispiano Adames— brindando con botellas valoradas en casi 700 dólares cada una, en una fiesta celebrada en uno de los hoteles más lujosos de Ciudad de Panamá: un gesto de desprecio hacia las penurias económicas que sufren la mayoría de los panameños, y un reflejo de la profunda desconexión que existe entre las instituciones y la sociedad. La imagen detonó el descontento de una ciudadanía asfixi
Las alarmas en las cancillerías de todo el mundo se encendieron el pasado 2 de agosto cuando un avión Spar-19 de la fuerza aérea estadounidense comenzó a aproximarse a Taiwán. A bordo de la aeronave viajaba la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, quien aterrizó en Taipéi sobre las once menos cuarto de la noche, hora local. Pelosi, en viaje oficial por la costa pacífica de Asia, había evitado confirmar hasta entonces si visitaría la isla. Su llegada a este territorio, que China reclama como propio, provocó —tal y como estaba previsto— una furiosa reacción de Pekín.
Taiwán fue el refugio de los nacionalistas chinos en 1949, cuando fueron definitivamente derrotados por el bando comunista, tras la guerra civil. Desde entonces, la isla se ha autogobernado hasta alcanzar en la actualidad un altísimo desarrollo democrático y económico. Pekín, sin embargo, siempre ha aspirado a extender su soberanía sobre los taiwaneses, y ha conseguido imponer la doctrina de Una sola China en las relaciones internacionales.
La inmensa mayoría de los países del mundo reconocen el criterio de Una sola China, y pueden mantener relaciones comerciales o culturales con Taiwá
Una coreografía de bailes folclóricos y una representación de rituales tradicionales de agradecimiento a la naturaleza destacaron en la inauguración de una peculiar competición futbolística. La ceremonia se celebró en el estadio de Villa Tunari, una gran cancha —con capacidad para 25.000 espectadores— construida hace cuatro años en esta localidad del departamento de Cochabamba, en el centro de Bolivia. Antes de que rodase el balón en el partido inicial del campeonato, los aficionados desplegaron un enorme mosaico en el graderío, aunque no para animar a ningún equipo. En la pancarta exhibida en la tribuna principal solamente podían leerse tres letras mayúsculas: EVO.
Así quedó inaugurada la Copa Evo 2022, la primera edición de un trofeo internacional de fútbol sub-17 auspiciado por el expresidente boliviano Evo Morales. La competición, por extraña que parezca, contó con un altísimo nivel deportivo: participaron algunos gigantes del balompié latinoamericano, como los argentinos Boca Juniors y River Plate, y los brasileños Grêmio y Sao Paulo. Chile fue representado por Universidad Católica, y Perú, por Sporting Cristal. Los restantes seis equipos eran bolivianos: Bolívar, Aurora, Depo
Alfredo, el entrañable proyeccionista de Cinema Paradiso, le da un último consejo a su aprendiz Totò, antes de despedirse de él para siempre. Un instante antes de que el protagonista de la película abandone el pueblo siciliano de Giancaldo, su viejo y ciego amigo le susurra al oído: “Nunca regreses, no mires atrás, no te dejes vencer por la nostalgia”. Ese poderoso sentimiento, la añoranza, es el cimiento sobre el que se construye el filme —cuyo argumento fundamental es la vuelta de un hombre a su hogar—. La nostalgia impregna también el próximo proyecto del director Giuseppe Tornatore, quien va a escribir y realizar una serie de seis episodios basada en su obra maestra.
Casi 35 años después de su estreno, Cinema Paradiso ha sobrevivido a la prueba más dura: el paso del tiempo. Ganó el Óscar a Mejor Película Extranjera y el Premio Especial del Jurado en el festival de Cannes, donde los espectadores aplaudieron durante siete minutos cuando concluyó la proyección —al fin y al cabo, el filme termina con uno de los finales más recordados de la historia del cine: una secuencia desbordante de nostalgia, con una carga emocional subrayada por la inolvidable banda sonora compuesta por Ennio