Vamos a iniciar nuestro recorrido en Bogotá, pues allí una icónica reliquia ha sido la principal protagonista de la toma de posesión del presidente Gustavo Petro, enturbiando bastante el ambiente a su alrededor. Y también en la capital colombiana se ha inaugurado recientemente una exposición cuyo tema central es el reciclaje de la ropa, asunto que igualmente abordaremos en este programa. Asimismo, tendremos ocasión de analizar la incautación de documentos que ha efectuado el FBI en la lujosa mansión de Donald Trump en Florida, así como una sorprendente decisión tomada por el gobierno tailandés para incentivar el turismo. Por último, finalizaremos nuestro programa rindiéndole un merecido homenaje, con motivo de haberse cumplido diez años de su desaparición, a la maravillosa cantante de rancheras Chavela Vargas. Los invito a todos a acompañarme...
La utilización descarada de los símbolos patrios (himnos, banderas, objetos históricos, etc.) suelen llevarla a cabo los gobernantes derechistas. La exaltación del orgullo nacional es, por lo general, una estrategia muy bien aprovechada por los demagogos del bando conservador (hay claras excepciones, por supuesto, como en el caso del chavismo en Venezuela). Por ello, me sorprendió un poco que el nuevo presidente de Colombia, el izquierdista Gustavo Petro, quien tomó posesión de su cargo el pasado 7 de agosto, se empeñara en hacer uso de un símbolo bastante especial en su país: la espada del Libertador Simón Bolívar, el general venezolano que liberó a la mayor parte de Sudamérica del dominio colonial español, hace un par de siglos. Gustavo Petro pidió que el arma estuviera presente durante el acto de toma de posesión en la Plaza de Bolívar de Bogotá. Sin embargo, su pedido no fue atendido por el presidente saliente, el derechista Iván Duque, quien rechazó la solicitud. Es por ello que Petro, apenas un minuto después de haber asumido su cargo como presidente, y ante la sorpresa de todos los invitados, dio la primera orden de su recién iniciado mandato: ir a buscar la espada del Liber
Dice la escritora estadounidense Elizabeth Gilbert que nadie desea cambiar por las buenas. "Sólo lo haces cuando tu espalda está tan contra la pared que ya no tienes más remedio que hacerlo". Y eso, creo yo, es lo que le está sucediendo a innumerables ciudadanos alrededor del mundo, quienes tras apreciar los devastadores efectos del cambio climático han entendido que ha llegado la ineludible hora del cambio a nivel individual. Es ahora o nunca. Y una de las claves de ese cambio es el decrecimiento económico. O, en otras palabras, la disminución del consumo individual. Me refiero a todo tipo de consumo: combustibles fósiles, vehículos, objetos innecesarios, productos cárnicos...y también, por supuesto, ropa. Es el momento de decir adiós a la ropa de usar y tirar, ese tipo de productos baratos fabricados en serie que tanto éxito han brindado a muchas empresas transnacionales y que, por otra parte, tantas penurias y fatigas han ocasionado a miles de trabajadores semiesclavizados en países como Bangladesh y otros del sureste asiático.
Los recursos de nuestro planeta son limitados, así que ya no podemos seguir dándonos el lujo de despilfarrarlos. Y ese desperdicio en el mundo de la moda
Quienes pensaron en Estados Unidos que, tras la traumática marcha de Donald Trump de la Casa Blanca en enero del 2021, la calma retornaría al país, ya tienen que haberse dado cuenta de que estaban completamente equivocados. Y es que prácticamente no hay semana en que el expresidente, por alguna u otra razón, no llame la atención de los medios de comunicación. Los últimos días han sido especialmente frenéticos. El pasado 6 de agosto, en Texas, Trump puso el broche de oro a la Conferencia de Acción Política Conservadora, un congreso donde se dan cita las grandes celebridades de la derecha más radical (este año la reunión contó con la excelsa presencia del ultraconservador Víktor Orbán, el primer ministro de Hungría, y de Nigel Farage, líder de la extrema derecha británica). Allí Donald Trump, además de coquetear con la idea de postularse para las elecciones del 2024, pintó un escenario apocalíptico ante su enfervorizado público: Estados Unidos es un país en plena descomposición, atenazado por una inflación rampante y asediado por hordas de peligrosos inmigrantes irregulares que desean sembrar el caos por doquier. Donald Trump parece no darse cuenta, ni tampoco sus seguidores, de cuán
...así es, definitivamente el mundo está al revés. Aunque, a veces, las cosas dan un inesperado giro de 180º en la dirección correcta. Eso, supongo, es lo que deben estar pensando los tailandeses que han visto con buenos ojos la última decisión adoptada por las autoridades de su país para incentivar el turismo...
La pandemia del coronavirus, resulta obvio decirlo, afectó sobremanera la economía de todos los países del mundo. Pero unas de las más perjudicadas fueron aquellas economías que dependen en sumo grado de la industria del turismo internacional. Tailandia fue un caso emblemático. Como consecuencia de las restricciones provocadas por la pandemia y de la drástica reducción de los vuelos internacionales, aquel país del sureste asiático registró la peor recesión económica desde el año 1998.
Afortunadamente para Tailandia y para muchos otros países que dependen de la buena salud del turismo, el presente año está siendo bastante positivo en lo que a vuelos internacionales y pernoctaciones de viajeros se refiere. Se podría decir que prácticamente ya se han recuperado las cifras registradas durante los años pre-pandémicos. Los miles de trabajadores tailandeses ligados a la industria turística pueden sonreír de nuevo. Pero es que hay además un sorpresivo factor extra, aparte de la eliminación de las restricciones, que en el caso de Tailandia está contribuyendo a que dicha industria vuelva a vivir una nueva edad de oro: el cannabis.
Así es, la célebre droga, también conocida como marihuana, ya n
El pasado 5 de agosto, mientras me tomaba mi café matutino y hojeaba el periódico, me topé con una noticia que me sorprendió: ese día se cumplían diez años de la muerte de Chavela Vargas, la célebre cantante que popularizó por todo el mundo infinidad de temas de la música ranchera mexicana. Y es que no hay duda de que su espíritu, así como sus canciones, interpretadas con aquella recia voz tan particular, siguen estando muy presentes en millones de hogares en toda Latinoamérica. De allí, mi sorpresa al percatarme de que ya había transcurrido toda una larga década desde que la artista falleció en la ciudad mexicana de Cuernavaca, contando con 93 años. Dudo que haya pasado un solo mes, desde hace muchos años, en que yo no haya escuchado en casa alguna de sus inolvidables canciones, tales como La Llorona, Paloma blanca o Macorina. Y su intensa versión de Gracias a la vida me sigue emocionando, a pesar de ya haberla escuchado incontables veces.
Como decía, el espíritu rebelde e inconformista de Chavela Vergas sigue estando muy presente hoy en día. Se podría decir con cierto humor que, desde el mismo día de su nacimiento, Chavela comenzó a romper moldes. Más de uno se sorprende al descub