Brasil se partió en dos el domingo pasado. Los resultados de las elecciones presidenciales no fueron concluyentes y el país está abocado a una segunda vuelta el próximo 30 de octubre. El candidato progresista, Luiz Inácio Lula da Silva, obtuvo un resultado peor que el que vaticinaban las encuestas. Con más de un 48% de los votos, Lula se impuso al ultraconservador Jair Bolsonaro, que logró más de un 43% de los sufragios. La distancia no fue suficiente para evitar una segunda votación.
Las miradas se dirigen ahora a Simone Tebet, líder de Brasil para Todos. Es la tercera candidatura más votada: una coalición de centroderecha que ha superado el 4% de los votos, lo que equivale a casi cinco millones de sufragios. El previsible apoyo de Tebet a Lula para la segunda vuelta desequilibraría definitivamente la balanza a favor del candidato progresista, pero está por verse qué sucederá en los días que quedan de campaña.
“Yo nunca gané una elección en una primera vuelta, parece que al destino le gusta hacerme trabajar un poco más”, dijo Lula durante su comparecencia en São Paulo ante los miles de seguidores que se concentraron allí durante la noche electoral.
Los buenos resultados de Bolsonaro
Un 15% del territorio de Ucrania ha sido anexionado por Rusia, según anunció el viernes pasado Vladímir Putin y ratificó ayer la Duma. La decisión de Moscú de aumentar la presión geopolítica coincide con varias derrotas en el frente de guerra, el reclutamiento forzoso de hombres en edad militar y las misteriosas averías en los gasoductos que suministran combustible a Europa.
La comunidad internacional no reconoce la validez de los referéndum –ilegales y sin control independiente– con los que Moscú pretende legitimar una anexión supuestamente apoyada por porcentajes que van del 87% al 99% de la población de esos territorios.
Minutos después del anuncio de Putin llegó la reacción de Ucrania. El presidente Volodímir Zelenski pidió acelerar el ingreso de su país en la OTAN. Esa misma tarde, la UE acusó a Moscú de “socavar deliberadamente el orden internacional y violar descaradamente los derechos fundamentales de Ucrania, su soberanía y su integridad territorial”.
El discurso de Putin fue pronunciado de forma solemne en un amplio salón del Kremlin, ante dirigentes y diputados rusos y en presencia de los cuatro gobernadores títere de los territorios anexionados: Donetsk, Lugansk, Zaporiyia
Ingresar con 20 años en un convento; cerrar la puerta y no abrirla hasta 12 años después: esa puerta física –pero sobre todo mental– es la que reabre ahora Florencia Luce con su novela, El canto de las horas. A través de Marie, la protagonista, Luce recrea en tercera persona sus días recluida en un monasterio de Buenos Aires.
La clausura es para las monjas sinónimo de recogimiento, silencio, oración y búsqueda de la unión mística con Dios. Para Florencia fue algo más. Ingresó a los 20 años, aconsejada por un sacerdote y contra la opinión de toda su familia. El cura no vio en ella convicciones religiosas demasiado firmes, pero sí a una muchacha idealista, con inquietudes espirituales, estudios superiores y ganas de cambiar la sociedad. En una época en la que Florencia buscaba su lugar en el mundo, la convencieron para alejarse definitivamente de él.
Se encerró para encontrar el sentido trascendental de su vida y ser útil a la sociedad, pero, desde que ingresó, lo único que hizo fue aceptar, y acatar, una regla tras otra. Sin cuestionarlas, sin sentido crítico, sin voluntad. Lo explica en una entrevista para BBC News: “En la realidad encuentras un mundo de celos y competitividad, donde
Violento, machista, codicioso, de baja calidad musical… Los puristas no escatiman críticas contra el reguetón, un estilo nacido en Puerto Rico a finales del siglo pasado y que hoy suena en hogares y discotecas de medio mundo. Son críticas que, en su día, también recibieron el rock and roll, el pop o el hip-hop. En realidad, ningún estilo musical supone un mensaje concreto: todo depende de las letras y la actitud. Así lo demuestra el último y comprometido sencillo de Bad Bunny, una estrella mundial del género.
A sus 28 años, este músico puertorriqueño ha aprovechado la gran repercusión mediática de sus canciones para denunciar cuatro problemas actuales de esta isla caribeña de habla hispana que es, desde 1952, un Estado Libre Asociado de Estados Unidos.
Bad Bunny ha mezclado el videoclip de El Apagón, su nueva canción, con un documental titulado Aquí vive gente, obra de la periodista local Bianca Graulau. El resultado es un video de 23 minutos que ya supera las siete millones de visualizaciones en YouTube.
Los apagones, los cortes de fluido eléctrico, son precisamente uno de los grandes problemas de la isla. En agosto, un hospital se quedó 20 horas sin luz. Los cortes se han visto agra
Da igual si creemos en la inmortalidad del alma o no: nuestro cuerpo se quedará aquí cuando muramos. Más de 183.000 personas fallecen al día en el mundo, según datos de la World Population Review. Los cuerpos de toda esa gente son enterrados en ataúdes, incinerados o tirados al mar… Actividades altamente contaminantes.
La superpoblación del planeta ha convertido la muerte en algo ambientalmente insostenible. Por eso va ganando fuerza el llamado ‘compostaje humano’, una opción inspirada en la naturaleza misma. Una opción que, además, recoge aquella frase del Génesis bíblico: “Comerás el pan con sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste sacado; pues eres polvo y al polvo volverás”.
Que los cuerpos de los fallecidos “vuelvan a la tierra”, en sentido literal, es lo que se ha aprobado hace unas semanas en California, quinto estado del país en legalizar el compostaje humano, una opción alternativa de enterramiento que entrará en vigor en 2027.
El proceso es sencillo: se coloca al fallecido en una caja de acero junto a material biodegradable, como virutas de madera, alfalfa o flores. Después de un periodo de uno a dos meses, el cuerpo se descompone formando hum