Lo comentamos hace un par de semanas: el encendido discurso que pronunció Gustavo Petro ante la Asamblea General de la ONU no dejó indiferente a nadie. El pasado 20 de septiembre, el presidente de Colombia expresó con contundencia la necesidad de aplicar nuevas estrategias a la hasta ahora ineficaz lucha global contra el narcotráfico. Y dicho mensaje, según el cual las políticas meramente represivas sólo han provocado aún mayor sufrimiento y llevado a la cárcel a millones de ciudadanos, ya ha llegado a los oídos de las personas adecuadas. Una de ellas es Antony Blinken, el Secretario de Estado de Estados Unidos. Blinken visitó Colombia la semana pasada y se reunió personalmente con Gustavo Petro. Tras el fructífero encuentro, llevado a cabo el pasado 4 de octubre, Blinken y Petro protagonizaron una rueda de prensa. El primero en hablar fue Petro, quien insistió una vez más en la necesidad de reconsiderar el camino emprendido hasta ahora en la lucha contra las drogas: según sus palabras, la nueva visión debería "ser más integral". De hecho, una de sus principales propuestas es la compra de tres millones de hectáreas de tierras productivas, las cuales serían entregadas a campesinos q
...y desde Bogotá vamos a ir hacia el este, en dirección a Caracas. Pero en el camino vamos a detenernos primero en la frontera entre Colombia y Venezuela, pues allí, en ambos márgenes, se ha hecho un importante anuncio que ha llenado de ilusión al pueblo colombiano...
Se ha repetido muchas veces (y abundan los datos y las estadísticas que lo certifican) que América Latina no es sólo la región del planeta donde hay mayor desigualdad social, sino también la más violenta del mundo. Con toda seguridad ambos datos están intrínsecamente relacionados. Y dentro de la región latinoamericana, destaca un país sobre los demás que ha experimentado como ningún otro esta violencia exacerbada. Estamos hablando de Colombia, un país que ha sufrido la ferocidad relacionada con el narcotráfico y también, desde hace muchas décadas, ha sido escenario de un sangriento conflicto armado entre el Estado y las diversas guerrillas insurgentes.
Por fortuna, las cosas han cambiado bastante en los últimos tiempos en relación al terrible drama de la insurgencia armada. Juan Manuel Santos, quien gobernó el país entre 2010 y 2018, consiguió sentar en la mesa de negociaciones a las temibles FARC —las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia— y, tras muchos esfuerzos y obstáculos, logró que el grupo armado depusiera las armas y se integrara a la vida civil.
Ahora le ha llegado el turno al nuevo presidente colombiano, Gustavo Petro, para que intente hacer lo mismo con el ELN —el
La escalada de las hostilidades bélicas en Ucrania ha tenido varias consecuencias en Washington. Por un lado, las relaciones entre Estados Unidos y Rusia se han enturbiado en gran medida. Y por otro, como una manera de compensar aquel empeoramiento de las relaciones con Moscú, la Casa Blanca está intentando rebajar la tensión en otros puntos candentes del planeta. Uno de ellos es Venezuela. Desde hace meses, el gobierno presidido por Joe Biden ha dejado de considerar al Estado venezolano como "adversario". El régimen chavista, liderado por Nicolás Maduro, ya no forma parte de la "lista negra" de la diplomacia estadounidense. Prueba de ello son los esfuerzos emprendidos por Biden con el fin de incorporar el petróleo venezolano al mercado internacional.
Y recientemente hemos sido testigos de un nuevo entendimiento entre Washington y Caracas. Hace dos semanas se escenificó un intercambio de presos —un gesto de gran valor simbólico—. El pasado 1 de octubre, el régimen chavista ordenó la liberación de siete ciudadanos estadounidenses. Se trata de cinco exdirigentes de la compañía Citgo, la filial de la empresa petrolera estatal venezolana en Houston, quienes fueron detenidos en Venezuela
El ser humano siempre ha sentido una gran fascinación por el teórico final del mundo. Infinidad de judíos, musulmanes y cristianos han centrado su atención, a lo largo de la historia, en el Apocalipsis, el Día del Juicio Final o el Armagedón. También los mayas, entre otras muchas civilizaciones de la Antigüedad, se obsesionaron con ese terrible final, e incluso intentaron calcular la fecha exacta en la que ocurriría. Y esta milenaria obsesión parece haber ganado fuerza en las últimas décadas, coincidiendo con recurrentes crisis globales. Las películas de Hollywood sobre grandes catástrofes son una evidente prueba de ello, ya que suelen filmarse por docenas precisamente durante los períodos convulsos. Las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo pasado, cuando el mundo estaba inmerso en lo más álgido de la Guerra Fría, fueron testigos de la aparición de numerosos filmes que hablaban de guerras nucleares, desastres naturales e invasiones marcianas. Y hemos presenciado este fenómeno una vez más en los últimos años, gracias a exitosas películas apocalípticas como Don´t Look Up, Moonfall, Un lugar tranquilo y Aniquilación. Quizá para el público sea una manera de hacer catarsis y exo
Afirma Moisés Naím, reputado analista político de origen libio, que los tiempos convulsos que estamos viviendo son, en gran medida, provocados por la "PPP". Esta triple P significa: populismo, polarización y posverdad. En otras palabras, líderes mesiánicos en todo el mundo han hecho uso constante de estas tres artimañas para engatusar al electorado y hacerse con el poder. La lista es larga: Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil, Erdogan en Turquía, Orbán en Hungría, Chávez y Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua, Bukele en El Salvador... y, más recientemente, Giorgia Meloni en Italia.
El problema que tienen estos líderes populistas, los cuales durante las campañas electorales ofrecen soluciones simples a problemas muy complejos, es que, una vez alcanzado el poder, se sitúan ante la enorme dificultad de gobernar eficientemente un país. Ante sí encuentran dos posibilidades: continuar incentivando la confrontación y el uso de las mentiras o las medias verdades (la estrategia más común entre este tipo de líderes irresponsables) o, por el contrario, asumir cierta racionalidad y virar hacia algún tipo de "centralidad" política.
Espero no equivocarme, pero esta segunda posibilidad