El pasado 24 de junio no sólo los rusos, sino también millones de seres humanos en todo el planeta contuvimos el aliento durante largas horas. Ese día, los mercenarios del grupo Wagner, una entidad militar privada rusa que ha tenido una participación crucial en la invasión de Ucrania, se rebelaron en contra de la cúpula del Kremlin. Los continuos desencuentros entre Yevgueni Prigozhin, líder indiscutible de Wagner, y el ministro de defensa ruso, Serguéi Shoigú, propiciaron el levantamiento. Los militares contratados por Prigozhin tomaron la ciudad rusa de Rostov del Don, cercana a la frontera con Ucrania. A continuación, varias unidades del grupo pusieron rumbo a Moscú, llegando a estar, según diversas informaciones, a tan sólo 200 kilómetros de la capital.
La tensión era máxima. ¿Permitiría Vladimir Putin la entrada de los rebeldes en la capital o se producirían cruentos combates a las puertas de la ciudad? ¿Se encontraba Rusia al borde de una guerra civil? ¿Estaría en peligro el control sobre el armamento nuclear? La providencial intervención de Aleksander Lukashenko, presidente de Bielorrusia y estrecho aliado de Putin, consiguió calmar la situación. Lukashenko convenció a Prig
Se veía venir. Para muchos estaba claro que el presidente de El Salvador iba a hacer oficial, tarde o temprano, su intención de presentarse a la reelección. Y así ha ocurrido: el pasado 25 de junio, Nayib Bukele anunció finalmente la inscripción de su precandidatura de cara a las elecciones presidenciales, pautadas para febrero del próximo año. Y lo ha hecho a pesar de que la Carta Magna salvadoreña prohibía expresamente la reelección. Demostrando ser un hábil estratega, dos años después de su elección como presidente, en 2019, Bukele consiguió, a través de los magistrados del Tribunal Supremo elegidos a dedo por él, que aquella ley inconveniente para sus intereses fuera modificada.
Así es, esto se veía venir. Y no se trata únicamente de que Nayib Bukele sea la personificación del dirigente populista y autoritario que normalmente desea atornillarse a la silla presidencial. Se trata, sobre todo, de un vicio que lamentablemente es bastante común en toda la región de Latinoamérica. Ésa es la razón, sin ir más lejos, por la que los juristas que se han encargado en el pasado de redactar las diversas constituciones en nuestros países han solido incluir la prohibición expresa de optar a la
Tengo varios amigos estadounidenses y europeos que, tras pasar una larga temporada en algún país latinoamericano, suelen hacer el mismo comentario: los líderes políticos en Latinoamérica parecieran estar siempre inmersos en plena campaña electoral. No importa que aún falten varios años para que los ciudadanos sean llamados a las urnas. Incluso después de haber ganado unas elecciones presidenciales, el triunfador da la impresión de permanecer constantemente en "modo campaña". Cuando, finalmente, restan pocas semanas para que se lleven a cabo los comicios, entonces los candidatos simplemente entran en estado de frenesí.
Esto no es tan común de ver en otras latitudes del planeta. Quizá sólo Donald Trump, un líder populista muy similar, en muchos sentidos, a numerosos dirigentes latinoamericanos, posee ese constante afán de dar mítines multitudinarios como si las elecciones estuvieran a la vuelta de la esquina.
Todo esto me ha venido a la mente, el otro día, al leer unos artículos sobre la campaña política que ha iniciado la mexicana Claudia Sheinbaum. Y eso que aún falta un año para que se celebren, en el país norteamericano, las elecciones presidenciales (la fecha pautada es el 2 de j
La casi extinción del bisonte en Norteamérica, un fenómeno que se aceleró sobre todo durante la segunda mitad del siglo XIX, representa uno de los capítulos más sombríos en la larga e ininterrumpida historia de la aniquilación de especies a manos del ser humano.
Centenares de miles de ejemplares de este animal, el mamífero más grande del continente, fueron exterminados en pocas décadas con el objetivo de obtener carne y pieles en abundancia. También estaba dentro de los planes del llamado "hombre blanco", inmerso en su conquista de la mayor cantidad de territorio posible, dejar sin su principal sustento a las incontables tribus indígenas que dependían del bisonte para subsistir. Aún hoy en día muchos líderes espirituales de estos pueblos originarios continúan invocando el retorno del bisonte americano, algo que simbolizaría el regreso de aquellos viejos tiempos plenos de abundancia.
Por fortuna, en los últimos años se han realizado grandes esfuerzos para aumentar el número de ejemplares pertenecientes a los pocos rebaños que consiguieron sobrevivir. En Estados Unidos, la población se ha incrementado considerablemente a lo largo de los últimos tiempos. Si en 1890 apenas quedaban 1000
Entre todas las maravillosas e incontables obras de arte que alberga el Museo del Prado en Madrid, hay una en particular que siempre capta la atención de los visitantes, debido a su misterio y su originalidad. Se trata de El Jardín de las Delicias, un gran tríptico pintado al óleo con unas dimensiones aproximadas de dos metros de altura por cuatro de largo. La espectacular y hechizante obra, pintada a inicios del siglo XVI, tiene la firma del célebre pintor Jheronimus Boch, mejor conocido en idioma castellano como El Bosco.
El Jardín está dividido en tres secciones. El panel izquierdo expone la visión que tiene el artista del Jardín del Edén: Adán y Eva, ambos flanqueando a Dios, disfrutan junto a numerosos animales de la serenidad y la concordia del Paraíso terrenal. El panel central, el más amplio de los tres, representa el Jardín de las Delicias propiamente dicho, el cual podría interpretarse como la vida cotidiana en la Tierra. El ambiente de paz se ha esfumado. En cambio, humanos y animales dan rienda suelta a sus instintos. Y a la derecha se encuentra el tercer y muy inquietante panel, aquel que siempre me ha llamado más la atención cuando he tenido el cuadro delante: El Infi