Durante la tensa campaña de las últimas elecciones en Brasil, en octubre del año pasado, proteger el Amazonas fue una de las mayores promesas de Lula da Silva. Ahora, tras haber regresado a la presidencia del país, el dirigente brasileño ha convertido aquella propuesta de su programa electoral en una de las principales prioridades de su agenda política. El pasado día 5, Lula reveló las líneas maestras de su plan para detener la destrucción de la Amazonía y combatir una deforestación que se intensificó durante el mandato de su predecesor, Jair Bolsonaro.
La estrategia desplegada por Lula supone un viraje de 180 grados respecto al rumbo seguido por la anterior administración en cuestiones ambientales. Solo durante el primer año de Bolsonaro en el Palacio de Planalto, la tasa de deforestación del Amazonas se aceleró un 30%. Sobre el expresidente brasileño pesan dos graves acusaciones en el Tribunal Penal Internacional, relacionadas con su pésima gestión de la Amazonía: una de ellas, lo considera responsable de genocidio contra la comunidad indígena Yanomami —un pueblo originario diezmado por la devastación de su entorno—; la otra, lo señala por ecocidio debido a los daños cometidos con
El mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos fue tan controvertido —casi distópico, en algunos casos— que, varios años después, el antiguo inquilino del Despacho Oval sigue protagonizando noticias sin precedentes en la historia del país. La investigación sobre los documentos confidenciales que Trump almacenaba en su residencia de Florida es el ejemplo más reciente: por primera vez, un expresidente estadounidense ha sido acusado formalmente de delitos federales. El exdirigente se enfrenta a 37 cargos por haber retirado archivos clasificados de la Casa Blanca y haberlos ocultado en su mansión de Mar-a-Lago.
Este escándalo —uno más en una larga lista de comportamientos reprobables de Trump— estalló en agosto del año pasado, cuando el FBI irrumpió en el domicilio del exmandatario en busca de documentos oficiales con información sensible: de nuevo, ese registro en la residencia de un expresidente fue un hecho inédito en la historia de Estados Unidos. Los agentes hallaron una gran cantidad de carpetas catalogadas como de alto secreto y extrajeron numerosas cajas repletas de archivos confidenciales. Esas son las pruebas contundentes que ahora incriminan a Trump.
El pasado me
Una escena de la película Martín (Hache), dirigida por el cineasta argentino Adolfo Aristarain, describe muy bien el apego que todos podemos sentir por un determinado paisaje urbano. El protagonista del filme, un joven bonaerense residente en Madrid, decide regresar a su país porque añora su ciudad natal, pero admite que no sabría explicar exactamente qué es lo que tanto echa de menos. Con una voz titubeante, el personaje confiesa que —aunque sea difícil de comprender— una de las cosas que más extraña es contemplar los tejados de Buenos Aires. Ahora, más de 15 años después del estreno de la película, ese panorama característico de la capital argentina está desapareciendo por culpa de la especulación inmobiliaria.
El patrimonio arquitectónico de los barrios más emblemáticos de Buenos Aires —construcciones hermosas de una o dos alturas— está siendo arrasado para levantar edificios mucho más altos, proyectados con el único criterio de maximizar la rentabilidad económica. La transformación de los distritos históricos altera la convivencia entre los vecinos y destruye un poderoso elemento cultural e identitario: ese urbanismo propio, esos rasgos que configuran lo que llamamos hogar, ese
Siempre me ha parecido injusto que el cuento se considere un género menor de la literatura, aunque —afortunadamente— este es un prejuicio que parece cada vez menos habitual entre críticos y lectores. Es obvio que para idear una gran novela se requiere el mayor talento narrativo imaginable, con el que construir todo un universo de tramas, personajes, escenarios y épocas. Sin embargo, para firmar un buen relato breve también es imprescindible contar con una cualidad específica, que solo está al alcance de los mejores autores: ser capaz de sintetizar la complejidad de cualquier historia en un número reducido de páginas. Muchas de mis narraciones favoritas son cuentos que pueden leerse en apenas un día, y por eso me ha alegrado saber que acaba de publicarse en español Las dos amigas, la única obra de Toni Morrison escrita en este formato.
Uno de los rasgos literarios que más aprecio en los cuentos es que, debido a la brevedad del texto, suele haber elementos muy significativos de la narración que ni siquiera están escritos. La extensión limitada que define a este género obliga al autor a omitir algunas claves —solamente puede sugerirlas o evocarlas—, lo cual invita al lector a ser aún m
Lila Downs es una artista camaleónica, dotada de una extraordinaria capacidad para interpretar distintos géneros musicales, al mismo tiempo que mantiene intactos sus principales rasgos artísticos e identitarios. A lo largo de tres décadas sobre los escenarios, la cantante y compositora mexicana ha transitado por diferentes estilos y tradiciones folclóricas del país, sin abandonar en ningún momento aquellos elementos de su carácter que han guiado su carrera: por ejemplo, la defensa de los valores feministas o de las raíces indígenas. Esa personalidad resuena también en su último disco—el álbum La Sánchez— que va a lanzarse este verano y que homenajea a la música norteña de México.
La facilidad para explorar una gran variedad de géneros musicales es una cualidad innata de Lila Downs: un instinto que emerge de manera natural, un apetito que surge casi desde la infancia, sin que la propia artista sepa explicar con precisión cuáles son las razones de esa personalidad polifacética. “Por qué toco distintos estilos ha sido la pregunta de toda mi vida. He sido una niña inquieta, no me gustaba que me dijeran que calladita me veía más bonita”, ha declarado recientemente la cantante oaxaqueña.