El rostro de tristeza de los refugiados armenios de Nagorno Karabaj se refleja en los cristales de los autobuses que los evacúan de este enclave de Azerbaiyán. El 24 de septiembre llegaron a la vecina Armenia los primeros refugiados: unos mil seres humanos que huyeron de sus hogares, acosados por los últimos ataques del ejército azerí y temerosos de ser víctimas de una limpieza étnica.
El inicio del conflicto se remonta a finales de la década de 1980 y principios de 1990, cuando la República de Azerbaiyán declara su independencia de la Unión Soviética, que en aquel momento se desmoronaba, camino a una disolución definitiva. En aquellos años estallaron los primeros combates en Nagorno Karabaj, una región del territorio azerí que quedó controlada de facto por fuerzas armenias —la etnia mayoritaria en este territorio—.
La tensión entre ambas poblaciones, azeríes musulmanes y armenios cristia
El 25 de junio de 1978, la selección argentina ganó el mundial de fútbol por primera vez en la historia, pero no todo el país pudo celebrarlo. La final del campeonato se disputó en el estadio Monumental de Buenos Aires, y el estruendo de los goles de la albiceleste se escuchaba desde la celdas de la Escuela de Mecánica de la Armada —la ESMA, situada a poco más de un kilómetro de la cancha—, donde la dictadura recluía, torturaba y ejecutaba sistemáticamente a miles de opositores.
Aquel partido fue un reflejo brutal de la crueldad del régimen. Por un lado, la propaganda oficial transmitía al mundo la imagen de una Argentina triunfante, con el tirano Jorge Rafael Videla festejando la victoria en el palco del estadio. Al mismo tiempo, muy cerca de la cancha, los represaliados por la dictadura agonizaban en una siniestra prisión clandestina. Es difícil imaginar un contraste más sórdido: mientr
Las sociedades indígenas de Brasil han logrado convertir una antigua derrota —una doctrina judicial humillante que supuso una cruel condena de exilio— en una victoria histórica en los tribunales, esencial para preservar su modo de vida. Una década y media después de que un juez negase a varias comunidades originarias el derecho a habitar la tierra que tradicionalmente habían ocupado, la máxima corte de justicia del país ha fallado ahora en sentido contrario. Los pueblos originarios podrán ahora permanecer en sus hogares o regresar a ellos, en el caso de que hubieran sido expulsados por la fuerza.
En 2009, un juzgado de primera instancia se opuso a conceder el estatus de demarcación indígena al territorio Ibirama-Laklano, situado en la región de Santa Catarina, en el sur de Brasil, históricamente habitado por las etnias Xokleng, Guaraní y Kaingang. La sentencia expuso que las tres comunida
Por muchos años que pasen, siempre recordaré el regalo que me trajeron mis abuelos el día en el que empecé la escuela primaria: un globo terráqueo más grande que una pelota de baloncesto. Hasta entonces, nunca había sido consciente de la enormidad del océano Pacífico, porque en el mapamundi que tenía colgado en la pared de la habitación apenas se apreciaba su verdadero tamaño. En mi nuevo globo terráqueo, en medio de esa gigantesca superficie azul, me sorprendió encontrar un punto diminuto llamado Isla de Pascua. Jamás se me habría ocurrido que ese lugar tan remoto —y que tantas fantasías despertaba en mi imaginación— sufriría la contaminación que, actualmente, está ensuciando sus costas.
A pesar de estar alejada a más de 3500 kilómetros de Sudamérica —el territorio continental más cercano— la Isla de Pascua está siendo asediada por una marea de plásticos cada vez mayor. Hasta sus orillas
Han pasado más de siete años desde el referéndum del Brexit y, al parecer, aún no se ha resuelto el rompecabezas político, económico y social que supuso la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Después de una maratón de negociaciones extenuantes para concretar los términos de la separación entre Londres y Bruselas, puede que no se haya alcanzado todavía la puerta de escape de ese intrincado laberinto. El jefe de la oposición británica, el laborista Keir Starmer, propone ahora revisar los acuerdos ya firmados, si es elegido primer ministro el próximo año —un escenario que las encuestas dan por seguro—.
Ahora que el Reino Unido está sufriendo las consecuencias de haber abandonado la Unión Europea, quienes apoyaron la separación se están quedando cada vez con menos argumentos para defender aquella decisión tan drástica. Según los últimos sondeos de YouGov, apenas el 31% de los británic