Javier Milei tiene algo hipnótico en su aspecto y en su discurso. El hasta ahora poco conocido político ultraconservador es el favorito para las presidenciales argentinas del 22 de octubre. Tertuliano y economista, sus dotes de comunicador no han pasado desapercibidas por la gran maquinaria de la derecha mediática global. Milei acaba de sentarse junto a Marine Le Pen, Jair Bolsonaro, Viktor Orbán o Giorgia Meloni en el olimpo imaginario de los líderes ultraconservadores mundiales. Un olimpo en el que, por encima de todos, reina Donald Trump.
La invitación para este exclusivo club se la entregó metafóricamente el 15 de septiembre uno de los más influyentes valedores mediáticos de Trump: el presentador estadounidense Tucker Carlson. Carlson, quien fue expulsado en abril de la cadena Fox News, conducía allí desde 2017 un programa de máxima audiencia desde donde se había convertido en el azote de los demócratas y los movimientos sociales, con consignas muy parecidas a las que esgrime Milei en Argentina.
Pero para entrar en un club no solo hace falta una invitación, también es necesario un padrino que presente al nuevo miembro. El encargado de catapultar a Milei a la fama mundial ha sido
Recuerdo que ver en televisión el noticiario era una religión en casa de mis padres, a la hora de cenar. Siempre me impactaron las noticias sobre guerras. En mi mente infantil, las guerras eran esquemáticas: buenos y malos de dos países luchando en un campo de batalla. Luego fui percibiendo matices: guerras civiles, guerras no declaradas, olvidadas.
Algo va mal cuando un Estado despliega al Ejército en su propio territorio. Si lo hace para luchar contra la delincuencia, es síntoma de impotencia, de que la policía –bien por falta de medios, bien por corrupción– es incapaz de imponer la ley. Está ocurriendo en Colombia, en la región de Cauca, una zona montañosa, azotada por una enorme desigualdad económica, donde la numerosa población originaria –que cultiva hoja de coca de manera tradicional– coexiste con plantaciones destinadas a la producción de cocaína. Un lugar con una endiablada geografía –y salida al mar–, que sirve bien a los propósitos del narcotráfico.
La guerra que desangró Colombia, y que acabó gracias al acuerdo de paz de 2016, ha rebrotado aquí como una planta mal podada: “La desatención a los acuerdos de paz permitió el resurgimiento de grupos armados, un aumento de los
Mientras los hormigones modernos se agrietan a las pocas décadas, el Panteón de Agripa, en Roma, lleva en pie dos mil años. Es una buena metáfora para intentar explicar por qué los hombres de todo el mundo declaran pensar “a menudo” en el Imperio Romano. Puede que añoren la solidez unificadora y guerrera de aquella civilización tan patriarcal.
Este verano Artur Hulu, un ferviente creador de contenido sobre ese periodo de la historia, publicó en su cuenta de Instagram una pregunta que originó una tendencia viral: “Pregúntale a tu marido, novio, padre o hermano con qué frecuencia piensa en el Imperio Romano… ¡Te sorprenderán sus respuestas!”. Y así fue. Las redes se llenaron de videos de hombres a los que no les extrañaba la pregunta… y mujeres que reían por las respuestas. “Cada día” o “al menos una vez a la semana” estaban entre las respuestas más comunes.
Pero, como buen aficionado al anexionismo y a las conquistas, Hulu no había hecho más que apropiarse de un territorio ya poblado y hacerlo suyo. En 2022, la influencer sueca Saskia Cort había planteado una pregunta parecida. Lo hizo después de llevar varios años teniendo solo parejas femeninas. Cuando volvió a salir con hombres, di
La poeta Gloria Fuertes cantaba en unos versos que la puerta “quiere ser abierta” y el lápiz “desea” que escriban con él. Siguiendo esa teoría, entonces los cuadros también ansían que alguien los contemple. En el caso de las obras que componen la abrumadora pinacoteca que durante casi una década han construido el oligarca ruso Roman Abramovich y su tercera exmujer, la coleccionista y empresaria Dasha Zhukova, ese anhelo de los cuadros no será satisfecho: desde 2021 nadie puede admirarlos.
La mayoría languidecen en almacenes custodiados. Algunas llegaron a colgar en las mansiones del magnate en Reino Unido y Francia, pero ahora se desconoce su paradero. El crítico de arte del diario The Guardian, Jonathan Jones, expresó el 22 de septiembre la magnitud de ese tesoro artístico oculto, formado por más de 300 joyas valoradas en unos mil millones de dólares: “Abramovich ha reunido una colección mejor que la de la Tate Gallery”.
Los detalles de la pinacoteca de Abramovich y Zhukova han trascendido por una filtración periodística, los Oligarch Files, donde además se desvela cómo el multimillonario desvió, mediante un entramado de empresas, su fortuna obtenida en los campos petrolíferos de S
Pocas veces estuvo tan justificado el uso de la palabra ‘luchador’ para definir a alguien. La vida de Saúl Armendáriz —quien nació en Texas, en la ciudad de El Paso, en 1970 — es ciertamente un ejemplo de lucha, quizá de uno de los combates más difíciles: llegar a ser uno mismo sin importar lo que esperan los demás. Armendáriz dejó la escuela a los 15 años para cumplir su sueño de ser una estrella de la lucha libre; un sueño que solo era posible al otro lado de la frontera, en Ciudad Juárez. Pero, con los años, Saúl conseguiría mucho más: el respeto de la muy machista sociedad mexicana a un luchador abiertamente gay.
Su infancia no fue fácil, tal y como narró el propio Armendáriz en 2016, en el documental The Man Without a Mask: "Cuando era niño pensaba que no era nadie. Pensaba que era un desecho. Cuando me convertí en luchador exótico, fue como: 'Vaya, estoy en casa'". En la lucha libre, los exóticos son luchadores que visten ropa femenina y subvierten los roles de género. Empezaron siendo un alivio cómico.
Armendáriz debutó en 1988 en Ciudad Juárez. Lo hizo sin máscara, bajo el apodo de Rosa Salvaje, ataviado con la blusa de su madre y la cola del vestido de quinceañera de su herm