Hace un tiempo, hablamos sobre el modo en que los líderes populistas, y en especial los dirigentes ultraderechistas, suelen pervertir el lenguaje, con el fin de obtener beneficios personales. También citamos como ejemplo el lema totalitario que popularizó George Orwell en su magistral novela distópica 1984: "La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza".
Pues bien, el presidente argentino Javier Milei, experto al igual que su ídolo Donald Trump en el arte de tergiversar las palabras, acaba de brindarnos un ejemplo perfecto. El pasado 5 de marzo, Manuel Adorni, portavoz del gobierno argentino, dio a conocer a los medios de comunicación la última idea ingeniosa del presidente. Se trata de un "botón silenciador", que será utilizado (aún no se sabe a partir de qué fecha) para silenciar durante las ruedas de prensa a los periodistas que se excedan con el uso del micrófono. Adorni también anunció otra propuesta igualmente descabellada: los ciudadanos podrán elegir, aún no sabemos cómo, a los periodistas que estarán presentes en las ruedas de prensa, al estilo de un "Gran Hermano periodístico" (ésas fueron sus palabras textuales).
No sé si Javier Milei y su
En el programa de la semana pasada comentamos el modo en que, tras el fuerte terremoto político generado por el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, se ha desatado una gran euforia entre los cada vez más numerosos partidos ultraderechistas que están prosperando alrededor del mundo. Y una de las mejores pruebas de este buen momento para la derecha radical es el hecho de que sus mensajes extremistas están llegando a cada vez más personas y siendo aceptados con normalidad. Los líderes de estos partidos han metido en un mismo saco a todo aquello que desprecian y quieren eliminar de una vez por todas, ya sea el feminismo, el ecologismo, las políticas de igualdad o cualquier asunto que tenga el más mínimo aroma a "progresismo". Pero el problema no es únicamente el enorme número de ciudadanos que aprueban y comparten estos mensajes. Quizá aún más grave es el hecho de que numerosos partidos políticos tradicionales estén adoptando estos discursos para no quedarse rezagados en las encuestas.
El caso del ecologismo es bastante ilustrativo. Pareciera que una buena parte de la población mundial se hubiera ya olvidado de que existe algo que se llama "calentamiento global". Y todo ello mientr
El pasado sábado finalizó el Carnaval de Río, la celebración de bailes y disfraces más famosa del planeta. En torno a ocho millones de asistentes, tanto brasileños como viajeros venidos de todas partes del mundo, disfrutaron durante varios días de la alegría que más de setenta escuelas de samba desplegaron en el Sambódromo y en diversas calles de la ciudad. Y en esta nueva edición del festival se respiró un ambiente de celebración algo más intenso que el habitual, pues se vino a sumar un motivo adicional de alegría: el reciente triunfo de la espléndida película Aún estoy aquí, la cual está precisamente ambientada en la ciudad carioca.
Pero aquel no fue el único elemento que hizo del Carnaval de Río 2025 algo realmente memorable. También hubo otro ingrediente que vale la pena destacar. La prestigiosa escuela de samba Paraíso do Tuiuti escogió para su desfile un tema bastante llamativo: la agitada historia de Xica Manicongo, la primera mujer trans de la historia de Brasil. O al menos eso es lo que señalan los archivos históricos.
Tales documentos mencionan a un esclavo llamado Francisco Manicongo que, en 1591, fue denunciado por las autoridades de la Inquisición portuguesa. ¿Cuál fue s
Si algún turista despistado estuvo paseando la noche del pasado 2 de marzo por las calles de Río de Janeiro o Sao Paulo, quizá haya pensado que la selección brasileña acababa de ganar un nuevo Mundial de Fútbol. Y es que innumerables personas se congregaron aquella noche en las calles de muchas ciudades y pueblos brasileños para festejar al unísono. Incluso el célebre Sambódromo de Río, sede y símbolo del mundialmente conocido carnaval de Brasil, se encontraba abarrotado con decenas de miles de almas que no podían contener su júbilo. Pero no. Toda aquella alegría no había nacido de un nuevo triunfo futbolístico, sino de la primera gran victoria cinematográfica del país a nivel mundial.
Así es, la extraordinaria película Aún estoy aquí se alzó con el Oscar para la Mejor Película Extranjera, venciendo a la cinta favorita en casi todas las quinielas, la controvertida Emilia Pérez. Nunca antes en la historia una cinta brasileña había conseguido adjudicarse este preciado galardón, de modo que tanto jolgorio colectivo es perfectamente entendible. La película del reputado director Walter Salles, quien ya nos había deslumbrado con otras joyas cinematográficas como Diarios de Motocicleta y E
La última gala de los premios Oscar, celebrada el pasado 2 de marzo en Los Ángeles, no será recordada, como sí ha ocurrido en relación a otras ediciones, por su carácter políticamente contestatario. Precisamente en este momento de extrema tensión geopolítica, muchos se preguntaron durante esta última ceremonia en dónde estaban ahora aquellos discursos reivindicativos que, en otros años mucho menos convulsos, habían conseguido generar cierta controversia desde la tarima de los Oscar. Aunque también es verdad, tal como han señalado algunos analistas, que a veces el silencio puede llegar a ser mucho más elocuente que las palabras.
En cualquier caso, lo que sí será recordado de esta gala un tanto deslucida es el sorpresivo triunfo de la película Anora, la cual se impuso sobre otras candidatas que, según los expertos, tenían más posibilidades de triunfar, tales como Cónclave, The Brutalist o Emilia Pérez. Anora, dirigida por el cineasta Sean Baker, se alzó con nada menos que cinco estatuillas doradas: mejor película, director, actriz, guión original y montaje. Nada mal para una cinta que apenas costó 6 millones de dólares.
Sean Baker, quien ya demostró su enorme talento en el 2017 con la