Una enorme cantidad de venezolanos en todo el mundo, y sobre todo aquellos que viven en Estados Unidos, se sienten desorientados y defraudados ante las decisiones tomadas por Donald Trump en relación a Venezuela. Se trata de los "magazolanos", un apelativo que hace referencia al movimiento trumpista "MAGA". Son multitud los ciudadanos procedentes de Venezuela que, en medio de su desesperación ante la interminable prolongación de la dictadura chavista, pusieron sus esperanzas en que un líder fuerte como Trump pudiera ayudar a derrocar de una vez por todas a Nicolás Maduro. Los venezolanos residentes en Estados Unidos y con derecho a voto salieron en masa a depositar su papeleta, el pasado mes de noviembre, a favor del candidato republicano. Por ejemplo, se estima que casi el 70% de los venezolanos con derecho a voto residentes en Florida brindó su apoyo a Donald Trump.
Esta enorme muchedumbre de magazolanos no consigue ahora entender por qué Trump hace las cosas que hace. Los golpes se suceden unos tras otros. Las deportaciones masivas de inmigrantes indocumentados se han cebado especialmente con esta comunidad. Las imágenes de venezolanos –muchos de ellos sin antecedentes penales ni
Vaya extraña manera de "Hacer América Grande de Nuevo". Eso es lo que deben de estar pensando millones de personas, tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Porque esta nueva versión de Donald Trump, mucho más agresiva y vengativa que la que llegó a la Casa Blanca en el 2017, está generando un terremoto económico a tal escala que muchos se preguntan si el presidente es realmente consciente de lo que está haciendo. Son miles de millones de dólares los que ya se han volatilizado en la Bolsa de valores de Nueva York debido sobre todo a la incertidumbre provocada por la amenaza de imposición de múltiples aranceles. Pero el presidente permanece impasible ante estos datos. Trump ha llegado a decir, con perfecta serenidad, que es posible que Estados Unidos entre en recesión en los próximos meses, y hace unos pocos días incluso afirmó que no le importaba en absoluto si aumentaban los precios de los carros extranjeros, algo que en última instancia afectará al bolsillo de los ciudadanos estadounidenses. Muy poca importancia parece darle al errático rumbo que está tomando la economía, siempre y cuando se cumplan sus caprichos.
Un ejemplo bastante ilustrativo de todo esto lo podemos observar
Para ser honestos, lo que no se puede negar es que el gobierno de Donald Trump está siendo cualquier cosa menos aburrido. Y no lo digo como algo positivo: visto lo visto, ahora muchos extrañamos la falta de vigor, energía y entusiasmo del gris mandato de Joe Biden. Aquello, al menos, no parecía una enloquecida montaña rusa.
Y eso es precisamente lo que estamos viviendo, todo gracias a la hiperactividad del presidente estadounidense. Prácticamente no hay día en que una nueva declaración, una nueva orden ejecutiva o un nuevo escándalo no nos eleve un poco más el ritmo cardíaco. Los grandes titulares se suceden unos tras otros y luego caen rápidamente en el olvido. Pero hay uno, entre todos los asuntos candentes, que ha conseguido permanecer largos días en el candelero. Se trata, como muchos de ustedes sabrán, del escándalo en torno a la filtración a los medios de comunicación de un chat privado en el que altos cargos del gobierno debatían asuntos relacionados con un ataque militar en contra de los rebeldes hutíes en Yemen. Aunque parezca difícil de creer, quienes alentaron el chat (principalmente el asesor de Seguridad Nacional, Michael Waltz, y el Secretario de Defensa, Pete Hegseth)
Ya lo dijo el escritor romano Flavio Vegecio Renato hace más de 1.500 años: "Si vis pacem, para bellum". O lo que es lo mismo: "Si quieres la paz, prepárate para la guerra". Este viejo adagio parece haber sido adoptado por los principales líderes de la Unión Europea, quienes están viendo con extrema preocupación cómo la amenaza de una nueva guerra mundial, que esta vez además tendría muchas posibilidades de ser nuclear, se cierne sobre el continente. Los países que conforman la Unión Europea se jactan de haber aprendido de tantos siglos de errores y de haber sabido extirpar la guerra de sus territorios, y desean que aquello continúe siendo así. Sin embargo, en un mundo cada vez más caótico, sobre todo tras el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, las señales no invitan al optimismo.
Y no es para menos. Todo parece indicar que las ansias expansionistas de Vladimir Putin no serán apaciguadas por el presidente estadounidense. Más bien al contrario: la sintonía que ambos parecen exhibir es un muy mal presagio no sólo para Ucrania, sino también para otros países próximos a Rusia, tales como Finlandia, Polonia y los países bálticos. Además, la OTAN ya no es una completa garantía para
Argumentan los defensores de la tauromaquia que, por ser tradición y parte del patrimonio cultural, las corridas de toros deben preservarse y resguardarse. Estos seguidores de la tauromaquia parecen no caer en la cuenta de que los ciudadanos del Imperio Romano, por ejemplo, pensaban lo mismo de la lucha de gladiadores. Y me parece que acabar con aquella cruel y sangrienta "tradición cultural" fue algo bastante positivo. Está claro que no toda tradición es defendible o respetable. Tampoco lo es cualquier actividad inmemorial. En relación a dicho argumento esgrimido por los aficionados a las corridas de toros, vale la pena citar al defensor animalista y premio Nobel de Literatura Isaac Bashevis Singer: "De acuerdo con esa lógica, no deberíamos intentar impedir que las personas se maten unas a otras, ya que eso también se ha hecho desde los tiempos más remotos".
Algo muy parecido debe pensar Clara Brugada, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México. Brugada desea eliminar el derramamiento de sangre en las corridas de toros que se celebran en la capital mexicana. El pasado 13 de marzo, en una conferencia de prensa, la gobernadora afirmó que impulsará una reforma jurídica para que el esp