Ha muerto el último de los titanes del boom de la literatura latinoamericana. Mario Vargas Llosa falleció en Lima, el pasado domingo, a causa de una neumonía mientras estaba acompañado por sus familiares más cercanos. Con su desaparición se extingue del todo aquel excelso grupo de escritores latinoamericanos, entre los que también destacaban Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Ernesto Sábato y Carlos Fuentes, que revolucionó el panorama literario durante la segunda mitad de la década de los sesenta.
El escritor peruano, nacido en 1936 en la ciudad de Arequipa, disfrutó de las mieles del éxito con gran prontitud. A los 27 años ya captó, gracias a la novela La ciudad y los perros, la atención del público mayoritario y de los críticos especializados. Su fulgurante carrera literaria se consolidaría, en 1969, con Conversación en la Catedral, considerada por muchos como su mejor obra. Por esa época su nombre siempre estuvo asociado al de Gabriel García Márquez, quien fuera su gran amigo durante esos años de grandes éxitos. Sin embargo, a causa de una violenta pelea acontecida en 1976 en Ciudad de México y cuyos motivos nunca han quedado del todo claros (todo apunta a una rivalidad sen
Debe de ser bastante frustrante para cualquier persona tener la convicción durante cuatro décadas de que una idea es brillante y luego, cuando finalmente logra llevarla a cabo, darse cuenta de que esa idea era nefasta. Esa persona en concreto no es otra que el presidente estadounidense. Y su "fantástica" idea era imponer altos aranceles a prácticamente todo el planeta. Aquello, supuestamente, iba a ser una panacea para Estados Unidos. En fecha tan lejana como 1987, ya Donald Trump había pagado de su bolsillo grandes anuncios publicitarios en los periódicos, unos anuncios en los que pregonaba las bondades de gravar con aranceles a los países rivales (ya sabemos que el presidente sólo ve despiadados competidores a su alrededor). Al fin, después de tanto tiempo de espera, pudo hacer realidad su viejo sueño. Y el resultado no pudo ser más inmediato, y más desastroso. Janet Yellen, expresidenta de la Reserva Federal, lo resumió a la perfección hace unos días con las siguientes palabras: "Es la peor herida autoinfligida, nunca antes vista, que una Administración impone a una economía que funciona bien".
El pasado 3 de abril, apenas entraron en vigor la mayoría de los aranceles prometidos,
Para alivio de millones de creyentes católicos, el papa Francisco finalmente reapareció en público en la plaza de San Pedro en el Vaticano. Atrás han quedado aquellos 38 largos e inquietantes días de ingreso en el hospital Gemelli de Roma, en los que Jorge Mario Bergoglio se debatió entre la vida y la muerte a causa de una grave forma de neumonía. Aún convaleciente, el Pontífice se presentó por sorpresa, el pasado 6 de abril, en la plaza para hacer unas elocuentes declaraciones. "Afrontar juntos el sufrimiento nos hace más humanos", fueron algunas de sus palabras. Y también agregó: "Comparto la experiencia de la enfermedad, de sentirnos débiles. No es siempre fácil, pero es una escuela en la que aprendemos cada día a amar y a dejarnos amar".
No es casual, por supuesto, que el papa Francisco haya querido poner el foco en el tema del sufrimiento. Muchas religiones, y en especial el catolicismo, han ahondado a lo largo de los siglos en el espinoso asunto del dolor humano. Después de todo, la principal figura icónica de este credo, Jesús de Nazareth, murió en la cruz en medio de terribles dolores. ¿Por qué un Dios supuestamente bondadoso, misericordioso y omnipotente permite tanto dolor
Muchos expertos en cine sostienen que este arte nació siendo "documental". La salida de los obreros de la fábrica, filmada en 1895 por los hermanos Lumière y considerada la primera película de la historia, no es otra cosa que una cinta que intenta documentar la realidad. Mucha agua ha corrido desde entonces. Pero lo que no ha desaparecido es esa "hambre de realidad" −para usar las palabras del escritor estadounidense David Shields− que hoy en día seguimos experimentando millones de personas en todo el mundo.
Y ese apetito voraz parece haberse disparado en los últimos tiempos. No hay más que fijarse en la amplísima oferta de títulos que ofrecen las diversas plataformas digitales para darse cuenta de que, en la actualidad, el cine documental está viviendo una edad de oro. Tal vez el sentimiento de confusión e incertidumbre que impera hoy en día nos ha llevado a intentar comprender la realidad a través de los documentales. O quizá también estamos todos un poco saturados de la enorme cantidad de películas y series de ficción que cada semana se estrenan en los cines y las plataformas.
Lo cierto es que este boom del cine documental parece no tener límites. Y unas de las personas que supi
República Dominicana se encuentra de luto. La terrible tragedia ocurrida en la madrugada del pasado 8 de abril será muy difícil de olvidar. En esa fatídica noche, el techo de una de las discotecas más célebres y populares de Santo Domingo se vino abajo por razones que aún se desconocen, sepultando a centenares de personas que en ese momento se encontraban cantando y bailando al ritmo de la música en vivo. Más de doscientos cuerpos se recuperaron sin vida bajo los escombros, mientras que las salas de urgencia de los hospitales cercanos se vieron colapsadas debido a la gran cantidad de heridos que requerían atenciones médicas.
Pero la tristeza ha traspasado fronteras y se ha extendido por gran parte de América Latina. Y es que en la tragedia hubo un elemento añadido que provocó que la nefasta noticia corriera como la pólvora por todos los países de la región: el artista que estaba deleitando a los asistentes de la discoteca era nada menos que Rubby Pérez, una figura legendaria del género musical llamado merengue. Este talentoso y famosísimo cantante, apodado como "la voz más alta del merengue", debido a las notas extremadamente altas que podía alcanzar su aguda voz, también pereció, a