Pero vamos a empezar, si les parece, por los primeros 100 días de Trump…
En una sociedad polarizada, los actores políticos acostumbran a ofrecer visiones diametralmente opuestas de la realidad. Es algo que hemos podido comprobar en Estados Unidos con ocasión de los primeros 100 días del regreso de Trump a la Casa Blanca. Los acólitos del presidente han celebrado y exagerado sus logros al frente del país. “Hoy conmemoramos 100 días de promesas hechas y promesas cumplidas (...) es el comienzo más histórico de una presidencia de Estados Unidos”, proclamó la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. “Trump es el líder estadounidense más importante del siglo XXI y no es un eufemismo”, advirtió, con ribetes hiperbólicos, el líder de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Johnson.
Al parecer, los epígonos de Trump, como en la fábula de El traje nuevo del emperador, no alcanzan a ver que el rey, su rey, está desnudo. Estados Unidos es el centro de gravedad del mundo. Donald Trump lo ha desestabilizado. Su regreso a la Casa Blanca ha sido un terremoto de escala planetaria, con ondas sísmicas que han alcanzado a todos los países. En tan sólo 100 días, el presidente ha hecho y deshecho tantas cosas… que es imposible enumerarlas todas.
A nivel interno
El sociólogo Zygmunt Bauman solía decir que vivimos tiempos líquidos. El mundo sufre transformaciones rápidas y constantes. Las estructuras sociales ya no perduran el tiempo suficiente para solidificarse. Todo es efímero, casi nada es predecible. Las cosas pueden cambiar de un instante a otro. La incertidumbre se ha instalado en nuestras vidas. Que se lo digan al Partido Liberal de Canadá, que acaba de ganar las elecciones legislativas contra todo pronóstico. A principios de año, las encuestas lo situaban 25 puntos por detrás de los conservadores. Justin Trudeau, el primer ministro, estaba en horas bajas, abrasado políticamente, tras más de una década en el poder. Las elecciones anticipadas estaban a la vuelta de la esquina. Todo el mundo daba por hecho que Pierre Poilièvre, a quien muchos apodaban el Trump de Canadá, se mudaría en unos pocos meses al 24 de Sussex Drive, la residencia del primer ministro. Pero nada más lejos de la realidad.
Contra todo pronóstico, el Partido Liberal ha ganado las elecciones, celebradas el 28 de abril, con el 44% de los votos. Mark Carney, sustituto de Trudeau al frente del partido y del gobierno, seguirá siendo primer ministro hasta 2030. El exgobe
El cristianismo se originó en Tierra Santa hace más de 2000 años. En el año 380 d.C., gracias al Edicto de Tesalónica, una de sus ramas más influyentes, el cristianismo niceno, se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano. Luego, a lo largo de los siglos, se instaló en buena parte de Europa, forjando la cultura y los valores del Viejo Continente. En la era colonial, la religión católica traspasó las fronteras del Mediterráneo, hacia otras latitudes. Hoy, América, África y Asia, en plena explosión demográfica, son los continentes donde el catolicismo está ganando más adeptos y donde el Vaticano concentra sus esfuerzos proselitistas.
No es una casualidad que el Papa Francisco fuera latinoamericano. América es la región del mundo con más católicos. Durante los 12 años que duró su pontificado, Francisco viajó en diez ocasiones a América Latina y al Caribe. Lo hizo muchas más veces que su predecesor, Benedicto XVI, que únicamente cruzó el Atlántico en tres ocasiones.
El Vaticano es el estado más pequeño del mundo, pero es un gigante diplomático. Sus nunciaturas llegan a los lugares más recónditos del planeta. En los lugares más remotos que uno pueda imaginar, hay un párroco, un
La conquista española de América, como casi todas las experiencias de la época colonial, vino acompañada de abusos, expolio y esclavitud. “Andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra”. Así, en un breve relato titulado Las palabras, el poeta Pablo Neruda describió a los conquistadores españoles.
Los españoles se llevaron el oro, la plata, y los tesoros más preciados de las culturas indígenas. El saqueo de la mina de plata de Potosí, en Bolivia, es el ejemplo más descarnado del expolio colonial. De sus vetas salió el 80% de la plata que se extrajo en el mundo en los siglos XVI y XVII. En España, de hecho, se usa con frecuencia la expresión “valer más que un potosí”, para referirse a cualquier cosa que atesore un valor extraordinario. La Real Academia Española recoge también la locución “valer más que un Perú”, pues de este virreinato colonial
El peruano Jorge Chávez figura, junto a los hermanos Wright, Charles Lindbergh o Amelia Earhart, en el olimpo de los grandes aviadores de la historia. Fue uno de los pioneros. En 1910, cuando las primeras aeronaves empezaban a surcar los cielos, se propuso cruzar los Alpes. Chávez partió de la ciudad suiza de Ried-Brig con destino a la localidad de Domodossola, en Italia. Antes de despegar dijo: “Pase lo que pase, me encontrarán al otro lado de los Alpes”. Y cumplió su promesa. Tras sobrevolar el sistema montañoso más alto de Europa, Chávez llegó a su destino, con la mala suerte de que antes de tomar tierra, una racha de viento desestabilizó la aeronave provocando un accidente. Moriría cuatro días después.
En 1960, los peruanos quisieron honrar su memoria poniéndo su nombre al Aeropuerto Internacional de Lima, que, desde entonces, se llama Jorge Chávez. Esta infraestructura, fundamental en un país tan extenso como Perú, no ha parado de crecer en los últimos años. En 2008, el aeropuerto movía a ocho millones de pasajeros al año. En 2024, a más del triple: 26 millones de viajeros. La demanda no para de aumentar, al calor del crecimiento económico de Perú y de su explosión como potenc