Muchas veces me pregunto si los negacionistas del cambio climático refutan tercamente las evidencias que tienen ante los ojos por verdadera convicción o por simple tribalismo político. En otras palabras, ¿realmente se creen a sí mismos cuando afirman que el calentamiento global no existe? ¿O simplemente se instalan en la negación perpetua debido a su oposición a cualquier cosa que pregone el bando opositor? ¿A tanta ceguera nos ha conducido la polarización política hoy en día?
Porque hay que estar realmente ciego para no ver las señales que se suceden con cada vez más frecuencia y claridad a nuestro alrededor. Tal vez, si estos negacionistas, que suelen proliferar en los países industrialmente más desarrollados, pasaran una temporada en alguna región tropical, su percepción cambiaría. Porque son los países ubicados en las regiones tropicales, precisamente esos países que menos contribuyen con el calentamiento global, los que más están sufriendo las terribles consecuencias de este desequilibrio medioambiental a nivel planetario.
Los ejemplos abundan por doquier. Veamos uno de tantos: el mar, cada vez más violento e indómito, está literalmente devorando un pueblo ubicado en la costa co
Creo que ninguno de nosotros había oído hablar tanto de Groenlandia como en las últimas semanas. Y eso que estamos hablando de la isla más grande del planeta. Ha sido Donald Trump (¿quién, si no?) el encargado de volcar nuestra atención sobre este inmenso y gélido territorio autónomo, el cual jurídicamente forma parte del Reino de Dinamarca. Las continuas, y no tan veladas, amenazas de anexión por parte del presidente estadounidense han llenado páginas en los periódicos y horas en los telediarios. ¿Pero qué ha visto exactamente Trump bajo las nieves eternas de esta colosal isla? Él suele decir que Estados Unidos necesita Groenlandia como pieza clave para la seguridad nacional e internacional. Pero creo que todos sabemos muy bien qué es lo que pretende Trump: riqueza. Se calcula que Groenlandia podría albergar hasta el 25% de las "tierras raras" de todo el planeta (así es, los mismos elementos químicos que Trump anhela extraer del territorio ucraniano). Por otra parte, el progresivo deshielo del círculo polar ártico, ocasionado por el calentamiento global, facilitará cada vez más la navegación comercial por aquella región. Y quien controle Groenlandia controlará también gran parte d
Cuando el actual Dalai Lama, el máximo líder del budismo tibetano, se vio obligado a huir del Tíbet, en 1959, a causa de la ocupación del régimen comunista chino, no pudo imaginar que jamás volvería a pisar su tierra. Con 23 años, debió refugiarse en la India junto a miles de compatriotas tibetanos. Pero, como dice el viejo refranero popular, "no hay mal que por bien no venga". Este es un pensamiento, por cierto, con el que muchos budistas suelen estar de acuerdo. Y es que una vez en el exilio, el Dalai Lama emprendió la labor que ha ocupado su vida desde entonces: dar a conocer en el resto del mundo los fundamentos del budismo tibetano. Millones de personas en todas partes del planeta se han visto beneficiadas, gracias al arduo y paciente trabajo del Dalai Lama, por la transmisión de las enseñanzas que impartió el último Buda hace ya más de 2.500 años. Unas doctrinas que, a pesar de los muchos siglos transcurridos, no han perdido su validez.
Para tristeza de muchos adeptos budistas, la vida de Tenzin Gyatso, el actual Dalai Lama, ya se encuentra cerca del final. A sus 89 años, Tenzin Gyatso es consciente de que ya quedan pocos granos por caer en el reloj de arena. Es por ello que h
La inesperada muerte de Diego Armando Maradona, ocurrida el 25 de noviembre de 2020, conmocionó a toda Argentina. En un país en el que el fútbol es prácticamente una religión, era comprensible que millones de personas se sumieran en el dolor y el desconsuelo al enterarse del sorpresivo deceso. Al fin y al cabo, estamos hablando de la persona que, en el Mundial de México 86, se cargó a la selección argentina a la espalda para conquistar la Copa del Mundo. Y además lo hizo venciendo, en el camino hacia la final, al archienemigo equipo inglés. Maradona, por si fuera poco, marcó en ese memorable partido el que es considerado el gol más extraordinario en toda la historia de los Mundiales. Tras aquella inigualable gesta, "el pelusa" (tal era su apodo más célebre) siguió brindando inmensas alegrías a los argentinos, ya fuera vistiendo la camiseta de la selección nacional o la de clubes europeos. También brindó muchas horas de entretenimiento gracias a los agitados episodios, dignos de una telenovela, que marcaron su convulsa vida personal.
Precisamente ese agitado estilo de vida, marcado por el consumo desenfrenado de sustancias estupefacientes, influyó de manera determinante en la muerte
El mayor temor de un atleta de la élite deportiva es, por supuesto, lesionarse. Aquello es un impedimento para desarrollar su carrera profesional y, sobre todo, para hacer lo que más le gusta en la vida: competir. Pero este temor general y latente puede convertirse en una horrible pesadilla ante la siguiente circunstancia: lesionarse justo antes de participar en una Olimpiada. Después de todo, ese es el objetivo principal por el que miles de deportistas profesionales entrenan cada día: para competir, y con suerte colgarse una medalla, en esos campeonatos, que sólo se celebran cada cuatro años.
Y esa es precisamente la pesadilla que vivió en carne propia Yulimar Rojas, la atleta venezolana de triple salto de longitud que, además de haberse coronado como campeona mundial en cuatro oportunidades, también posee el récord mundial en esta disciplina: 15,74 metros. El año pasado, faltando tan sólo cien días para que se iniciaran los Juegos Olímpicos de París, Rojas sufrió una grave lesión en el tendón de Aquiles mientras practicaba el triple salto. No es difícil imaginar el desconsuelo que debió sentir.
Por fortuna, ya Yulimar está comenzando a ver la luz al final del túnel. Un año de rehab