Pero vamos a empezar, si les parece, por las elecciones presidenciales de Polonia...
Karol Nawrocki, un nacionalista ultraconservador, ha ganado las elecciones presidenciales en Polonia. Este antiguo boxeador recela de la Unión Europea, está en contra de la agenda verde y se opone al aborto, los derechos LGTB+ y la inmigración. Nawrocki es admirador de Donald Trump y epígono de la agenda MAGA. Tanto que, durante la campaña, recibió el apoyo explícito de la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem.
El jefe de estado de Polonia es una figura sin grandes poderes ejecutivos, pero tiene la capacidad de vetar las leyes del gobierno que no le satisfagan. La elección de Nawrocki como presidente bloquea, de facto, la agenda reformista del primer ministro liberal y europeísta, Donald Tusk, y aboca al país a un choque institucional.
Polonia está profundamente polarizada. Las elecciones del 1 de junio han escenificado el pulso que dirimen en toda Europa el nacionalismo ultraconservador y el progresismo. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha galvanizado a los partidos de extrema derecha en el viejo continente. La ultraderecha nacionalista gobierna ya en Italia y en Hungría y es la fuerza política mayoritaria en los parlamentos de Austria y de los
Tras las encerronas de Donald Trump a los presidentes de Ucrania y de Sudáfrica en el Despacho Oval, los líderes internacionales acuden con cierto temor a la Casa Blanca. Su miedo a ser emboscados es más que evidente y por eso viajan a Washington preparados para sufrir los embates del presidente. El último líder de renombre en visitar la capital federal ha sido el nuevo canciller alemán, Friedrich Merz. En las horas previas al encuentro, la CNN advertía a Merz de que podía ser víctima de una emboscada diplomática como las sufridas recientemente por Zelensky y Ramaphosa. La organización de periodismo Politico, en una metáfora muy elocuente, alertaba al canciller alemán de que se adentraba en la guarida del león Trump.
Los puntos potenciales de fricción eran evidentes. Los alemanes “son malos, muy malos”, dijo hace unos meses el presidente de Estados Unidos, que acusa a Alemania de no comprar coches americanos y de no invertir lo suficiente en defensa. Además, las relaciones de Trump con los partidos tradicionales de Alemania se han deteriorado tras las últimas elecciones federales, ya que su administración ha defendido públicamente a Alternativa para Alemania, un partido de extrema
El concepto de “democracia”, como forma de gobierno, se originó en la Grecia antigua. Con el paso de los siglos el sistema se ha ido perfeccionando hasta desembocar en los sistemas democráticos contemporáneos, basados en la soberanía popular, la separación de poderes y el imperio de la ley. El sufragio universal se ha utilizado para elegir asambleas legislativas y jefes de estado, y también para dirimir en referéndum cuestiones de calado para la sociedad. Lo que nunca se había hecho era utilizar el voto popular para elegir a los jueces.
Hasta ahora, al menos. El pasado 1 de junio, México se convirtió en el primer país del mundo en convocar a sus ciudadanos para elegir en las urnas a todos los jueces y magistrados del país, incluidos los nueve miembros de la Suprema Corte de Justicia. El resultado fue un estrepitoso fracaso, por varias razones.
En primer lugar, la participación apenas alcanzó el 13%. Un porcentaje tan poco representativo que resta legitimidad democrática a la elección. En segundo lugar, México tendrá, a partir de ahora, una justicia más politizada. La Suprema Corte de Justicia de la Nación pasará a estar integrada por jueces considerados afines al poder. Los candidat
En los sistemas democráticos, los parlamentos representan por delegación la soberanía popular. Las constituciones establecen las competencias del poder legislativo y definen con claridad quién y en qué circunstancias puede convocar un plebiscito para solicitar a la ciudadanía su opinión sobre un asunto concreto. En un estado de derecho es fundamental respetar las reglas de juego y la separación de poderes. No hacerlo, implica poner en peligro la democracia misma.
Por esta razón, me parece preocupante que el presidente de Colombia, Gustavo Petro, haya decretado la convocatoria de una consulta popular para sacar adelante su reforma laboral, después de que el Senado la rechazara, el pasado mes de marzo. “El pueblo debe expresarse porque es el dueño del poder político en Colombia”, proclamó Petro en una alocución a la nación. Lo que ocurre es que la competencia de organizar referéndums recae en el Congreso de Colombia y no en la presidencia. Tampoco es aceptable que Gustavo Petro ignore al parlamento cuando lo que éste decida no le guste. El Senado no sólo rechazó su reforma laboral, sino que el pasado 14 de mayo, rechazó también la posibilidad de someter el proyecto de ley a consulta
Hace apenas un mes que León XIV fue elegido Papa de la Iglesia católica. El nuevo Pontífice, aunque con un estilo propio y diferente, ha demostrado que quiere profundizar en las líneas de la diplomacia vaticana trazadas por Francisco. Una de ellas es la relación con América Latina. El Vaticano quiere hacer proselitismo en la región, defender la causa medioambiental y ser paladín de la justicia social. La jerarquía católica espera también seguir contribuyendo a la resolución de conflictos en países como Colombia o Cuba.
La semana pasada, León XIV envió a su secretario para las relaciones con los Estados y los Organismos Internacionales, Paul Richard Gallagher, a La Habana para reunirse con el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y su ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez. El Pontífice quiere seguir tendiendo puentes con la isla, manteniendo una crítica constructiva, pero reforzando las relaciones con el régimen comunista en el poder desde 1959.
La reconstrucción de las relaciones con Cuba ha sido una tarea de décadas, y el Papa está resuelto a continuar con el trabajo. Las últimas seis décadas han estado marcadas por encuentros y desencuentros entre El Vaticano y La Habana. No h