El populismo progresista
El populismo es una práctica política que consiste en alimentar el lado más emocional de la gente. Por lo general, cuando hablamos de populismo nos referimos a la izquierda política y a los mecanismos que desarrolla para atraer a las clases trabajadoras. Los ejemplos abundan. Un líder populista de izquierda habla de justicia social y de redistribución de la riqueza. Crea enemigos externos, los imperialistas, y enemigos internos, la burguesía. Sin embargo, por supuesto, también hay movimientos populistas de derecha, y aquí los ejemplos también abundan. En este caso, la retórica política habla de Dios, de la familia, de la raza y de un conjunto de valiosas tradiciones culturales amenazadas por unos cuantos enemigos, tanto externos como internos.
El lejano fin de la guerra en Siria
Desde hace algunas semanas ha sido normal encontrar análisis que centran su atención en el fin del conflicto en Siria. En medios como The Guardian, o Al Jazeera, aparecieron reportajes sobre el fin del conflicto y el triunfo de Bashar al-Asad, el presidente sirio. Estos reportajes, de otro lado, insistían en la injerencia iraní y rusa como parte de este triunfo, y en los millonarios contratos y beneficios que estos países recibieron a cambio de su ayuda para ganar la guerra. Asimismo, casi con humor, estos medios no tenían problema en denunciar el imperialismo ruso e iraní.
Pero lo anterior es fácilmente rebatible. Desde el pasado 20 de enero, por ejemplo, el gobierno turco bombardea la ciudad de Afrín, al norte de Siria. Esta ciudad está controlada por los kurdos sirios, que el gobierno turco busca alejar de su territorio, bajo la acusación de ser un grupo terrorista asociado con milicias kurdas en Turquía. Pero, a su vez, las milicias kurdas sirias han sido el principal aliado de Estados Unidos para derrotar a ISIS.
Los kurdos, recordemos, son una gran nación que, tras la disolución del Imperio Otomano y el posterior control del Imperio Británico, quedó repartida entre lo que actua
La guerra contra la corrupción en Guatemala
La corrupción es claramente una de las causas principales de la desigualdad social. Un problema que en los países del tercer mundo se acentúa, y parece aun más visible. A mí, los corruptos me parecen sumamente despreciables. Tan despreciables que, por momentos, quisiera que se instaurase la pena capital para este tipo de crimen. Como en China. Pero sé muy bien que esas medidas no son la solución y que terminan, en el fondo, alimentando el autoritarismo y generando una espiral de corrupción aun mayor. Y entonces, ¿hay alguna solución?
Pues bien, creo que en Guatemala se está llevando a cabo un programa de justicia independiente que podría servir como modelo para muchos países del mundo. De esta forma, pese a que la situación económica, política y social de este país centroamericano esté muy deteriorada, también hay razones para ser optimistas.
El pasado 13 de febrero, por ejemplo, fue detenido el expresidente guatemalteco Álvaro Colom, junto con nueve de los más altos funcionarios de su administración. Colom fue presidente entre el 2008 y el 2012, y está acusado de haberse robado 35 millones de dólares con el pretexto de querer implementar un nuevo modelo de transporte público.
La noti
La explotación laboral y la desigualdad
En la raíz de los problemas de Latinoamérica se encuentra la desigualdad económica. Y, con ello, la inmovilidad social, la falta de esperanza y de futuro. En este contexto, resulta todavía más chocante que las empresas no cumplan con sus obligaciones básicas y exploten a sus empleados; una condición que atenta no solo contra las esperanzas de la gente, sino contra su más elemental sentimiento de dignidad y su presente.
El pasado 18 de febrero, el periódico El País publicó un reportaje sobre las condiciones del campo mexicano. Este se centró en los cinco estados agrícolas más económicamente productivos de México: Sonora, Baja California, Sinaloa, Jalisco y Chihuahua. En resumen, el reportaje da cuenta del modelo de explotación y desigualdad que impera en este país con los trabajadores agrícolas.
Así, es común que en los campos trabajen menores de edad, que las mujeres embarazadas manipulen sustancias tóxicas y que las empresas no presten ningún servicio de guardería. Asimismo, los jornaleros viven hacinados en pequeños cuartos, no se les pagan vacaciones, ni horas extras, ni aguinaldo, ni utilidades. Tampoco tienen seguridad social y de esta forma nunca podrán acceder a créditos. Y, p
Delitos homofóbicos
El viernes 16 de febrero resonó una polémica que, en otro contexto político, o en otro mundo, quizá, podría ser… hasta graciosa. Me refiero a una desatinada clase de medicina legal dictada en la Universidad de Buenos Aires (UBA), una de las universidades más prestigiosas de Argentina.
La profesora, que había titulado la clase El delito homosexual, proyectó unas diapositivas que exploraban “los tipos de crímenes cometidos por los homosexuales y su alta propensión a cometer delitos”. Por ejemplo, según las diapositivas, una persona homosexual tiene una “estructura emocional inestable”. Esta característica la lleva a cometer “homicidios” por “celos o por venganza”. Y estos homicidios —según la profesora— son más violentos que los llamados homicidios pasionales cometidos por heterosexuales. Pero las “enseñanzas” no terminan acá, y el listado continúa con algunas categorías, cuando menos, originales. Por ejemplo: un “homosexual prostituto” puede matar a sus clientes, un “homosexual latente” puede matar a un homosexual “en actitud sexual reivindicatoria”, y un “homosexual psicópata” asesina “para su satisfacción sexual”.
Los estudiantes de la UBA compartieron esta información en las redes