Se intensifica el conflicto diplomático entre Reino Unido y Rusia
La tensión entre el Reino Unido y Rusia no cesa de incrementarse día a día. Moscú ha elevado aún más la temperatura al ordenar, el pasado 17 de marzo, la expulsión inmediata de suelo ruso de 23 diplomáticos británicos. Además, ha emitido la orden de clausura del consulado británico en San Petersburgo y la suspensión de las actividades del British Council en toda Rusia. Estas medidas son la respuesta por parte de Vladimir Putin a la orden de expulsión de 23 diplomáticos rusos del Reino Unido, decretada la semana pasada por Theresa May. La primera ministra británica castigaba así al régimen ruso por el atentado, aún no esclarecido del todo, en contra de un ciudadano ruso y su hija, en la ciudad inglesa de Salisbury. El pasado 4 de marzo, el exespía Sergei Skripal fue encontrado inconsciente junto a su hija en un banco de una plaza pública. Tras las primeras investigaciones, se supo que ambos habían sido envenenados con una sustancia química que afecta al sistema nervioso. Padre e hija se encuentran aún en estado crítico y luchando por sus vidas en un hospital de la capital británica. Todas las sospechas recaen sobre el régimen de Vladimir Putin. No sería la primera vez que algo así ocurre. Recordemos que este caso se asemeja bastante al asesinato, ocurrido también en territorio británico, en noviembre del 2006, de otro espía ruso, Alexander Litvinenko, que fue envenenado con polonio radiactivo. En ambos atentados el rastro apunta directamente al Kremlin, a pesar de que, por supuesto, Putin y sus allegados insisten en que no se trata más que de acusaciones descabelladas y sin fundamento.
Una brecha cada vez más amplia entre dos países... y un hombre cada vez más solo
Finalmente ha ocurrido: Estados Unidos se ha puesto firme ante Rusia. Nunca es tarde para enmendar los errores. Aunque, claro está, su presidente, Donald Trump, ha querido pasar sobre el espinoso asunto de la forma más discreta y silenciosa posible, casi como si caminara sobre cáscaras de huevo.
A raíz de la elevación de la tensión entre Rusia y Gran Bretaña a cuenta del atentado en contra de un ciudadano ruso en suelo inglés, los principales líderes occidentales han querido mostrar su apoyo a la primera ministra británica, Theresa May. Y Donald Trump no ha tenido más remedio que unirse a las críticas. De haber proseguido con su silencio, se habrían intensificado las sospechas de su connivencia con Vladimir Putin, una oscura alianza cuyo resultado más visible fue el papel jugado por el Kremlin durante la campaña presidencial estadounidense.
Donald Trump dio su apoyo por teléfono a Theresa
Un asesinato que conmociona a un país entero
Innumerables historiadores, sociólogos e incluso filósofos llevan tiempo insistiendo en que vivimos hoy en día, en términos relativos, la época más pacífica en toda la historia de la civilización humana. Es una afirmación sustentada con gráficos, estadísticas y tablas comparativas. Sin embargo, de ser cierto tal análisis, tengo la sospecha de que no es aplicable por igual a cada región del planeta. Puede que la gran fotografía global, sobre todo si tomamos en cuenta la paulatina pacificación observada en Europa y Asia, sea esperanzadora. Pero otras zonas, tales como Medio Oriente, África o Latinoamérica, poco a poco se van sumiendo en una espiral de violencia que hace añorar épocas pasadas no demasiado distantes.
Lo que está ocurriendo hoy en día en Brasil es un ejemplo palpable de lo que estoy diciendo. La violencia cotidiana en las principales favelas de Río de Janeiro ha llegado a tale
Latinoamérica se organiza para enfrentarse a las fake news
Poco a poco todos los gobiernos se van dando cuenta de que ha llegado la hora de encararse a uno de los grandes retos de la actualidad: la proliferación de noticias falsas. Resulta obvio que las llamadas fake news han existido desde siempre. Tan sólo basta consultar los archivos periodísticos relacionados con la Guerra Fría para confirmar esta evidencia. Sin embargo, nunca antes la influencia perniciosa de las noticias falsas se había hecho tan palpable. Ni tan fácil había sido su distribución inmediata gracias a la ubicuidad de las redes sociales. Según un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts, las noticias falsas tienen la capacidad de difundirse, a través de Twitter, con mucha mayor rapidez que las noticias verdaderas, gracias sobre todo a la inconsciencia, y muchas veces al fanatismo, de los propios usuarios. Por otra parte, encuestas recientes estiman que aproximadament
Nicaragua quiere controlar el contenido de las redes sociales
Innumerables gobiernos alrededor del mundo están debatiendo la manera de enfrentarse a la propagación de las noticias falsas a través de las redes. Se trata de un fenómeno que va in crescendo y que socava las bases del propio sistema democrático. Si los ciudadanos no pueden dar credibilidad a la noticia que tienen ante sus ojos, o peor aún, si cada ciudadano puede escoger libremente la “verdad” que más se ajuste a sus intereses e ideologías particulares, la realidad misma pierde consistencia y resulta imposible que una sociedad pueda embarcarse en un proyecto en común.
Hay quienes, sin abandonar su optimismo innato, defienden una lucha justa entre la verdad y la mentira, algo así como una batalla entre el bien y el mal librada en el campo del libre mercado. Según esta teoría, en mi opinión bienintencionada pero algo ingenua, la verdad siempre debería prevalecer sobre la mentira. Olvidan e