Madrid Central funciona
La capital de España lleva casi una década en la “lista negra” de la Comisión Europea, por la mala calidad de su aire. 2018 fue el noveno año consecutivo en que la ciudad superó los límites legales de contaminación por dióxido de nitrógeno.
Visito Madrid con relativa frecuencia pero reconozco que, personalmente, soy incapaz de percibir la contaminación del aire. En cualquier caso, me fío de la ciencia. Y estoy convencida de que, de no hacer nada al respecto, la salud de muchos madrileños se verá perjudicada en un futuro quizá no muy lejano.
En parte para evitar una multa millonaria de la Comisión Europea, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha lanzado diversas iniciativas para mejorar la calidad del aire de la ciudad. Se ha definido un protocolo para actuar en caso de episodios de alta contaminación, reduciendo la velocidad de circulación en los accesos a la ciudad y en la autopista de circunvalación, e impidiendo a los coches más antiguos y contaminantes circular por el centro de la capital.
La tragedia griega de Google
El enorme éxito del iPhone, lanzado en 2007, hizo temblar los cimientos de Google. Aunque el buscador de Google estaba disponible en el iPhone, quizá la compañía temió alguna maniobra de Apple para sustituir su servicio de búsqueda por otro. Y ello hubiera supuesto un duro golpe para Google, en un momento en el que Apple dominaba de manera aplastante el creciente mercado de los dispositivos móviles inteligentes.
En 2005, Google había comprado Android, Inc., una startup que desarrollaba el sistema operativo móvil del mismo nombre. Para intentar frenar el dominio del iPhone, en 2008 Google decidió ofrecer Android de manera gratuita a los fabricantes de teléfonos inteligentes.
En los años de dominio del iPhone, Vic Gundotra, entonces vicepresidente de Google, aseguró que, si no se actuaba, “nos enfrentamos a un futuro draconiano donde un hombre, un teléfono y un proveedor serán nuestra única elección. Es un futuro que no queremos”. El temible “hombre del teléfono” no era otro que el ya desaparecido Steve Jobs.
El tiempo le ha dado la razón a Gundotra. Aunque, quien ha acabado ejerciendo un virtual monopolio que, estoy muy de acuerdo, no queremos, es la propia Google; se estima que actual
Narcotráfico, jugar con fuego
A finales del año pasado, se publicó en España un juego para dispositivos móviles llamado “Narcos del Estrecho”. Como contaba el diario El País el pasado 6 de enero, la app, creada por un desarrollador de Cádiz, emula la “carrera” de un narcotraficante del Estrecho de Gibraltar.
El jugador empieza con una moto de agua. Si consigue transportar droga sin ser detenido, va subiendo en el escalafón del narcotráfico, y accediendo a mejores embarcaciones. El objetivo final es llegar a lo más alto, convirtiéndose en el “narco más buscado”.
La organización antidroga Nexos ya ha denunciado el juego, por considerar que es una mala influencia para jóvenes y niños. Por su lado, el desarrollador de la app lo niega, asegurando que es un “simple juego”. El programador no ha revelado su nombre completo, lo cual es inusual y… parece algo sospechoso.
En zonas como el Estrecho, o Galicia, la lucha de las autoridades españolas contra los narcotraficantes ocurre en paralelo a otra guerra, quizá incluso más importante: la que se libra por conquistar los corazones de los jóvenes. Los miembros de Nexos, que son conscientes de ello, visitan constantemente los colegios de las zonas afectadas por el narcotráfico
Censura en tiempos de Twitter
El alcance y la relevancia de las redes sociales parecen aumentar cada día que pasa. Hace unos días, Rahaf Mohamed al Qunun, la joven saudí huida de su familia, publicó un tuit desde su habitación de hotel en el aeropuerto de Bangkok, asegurando que las autoridades saudíes estaban intentando forzarla a volver. También dijo que, si volvía, su familia la mataría. Habiendo declarado la joven que renunciaba al Islam, su desesperación estaba justificada; en Arabia Saudí la apostasía se castiga con la muerte.
En un principio, las autoridades tailandesas parecían dispuestas a entregar a la joven al régimen saudí. Pero Rahaf Mohamed al Qunun continuó publicando tuits cada pocos minutos, y comenzó a comunicarse por Twitter con activistas de Human Rights Watch. En pocas horas, su cuenta en la red social acumulaba ya decenas de miles de seguidores. Los principales medios tailandeses comenzaron a informar de su caso, y la ONU se involucró en la situación. El Gobierno tailandés dio marcha atrás; Rahaf Mohamed al Qunun no sería entregada.
Obviamente, después de esto Riad no va a tenerle ninguna simpatía a Twitter. Y otro régimen antidemocrático que ya hace tiempo que le declaró la guerra a la red
Dar es Salaam, o cómo evitar el colapso
Cada año llegan a Dar es Salaam, la mayor ciudad de Tanzania, nada menos que 500.000 nuevos residentes. Muchos de ellos se establecen en asentamientos informales a las afueras de la ciudad, cuya población supera ya los 6 millones de personas. Pero los trabajos que busca la mayoría de los recién llegados están en el centro. La previsible consecuencia son kilométricas retenciones, que obligan a muchos miles de personas a pasar más dos horas en la carretera para llegar al trabajo. Y dos horas más para volver a casa, cuando acaban su jornada laboral.
Pero, como informaba el diario The Guardian el pasado 8 de enero, la ciudad tiene ahora un arma con la que luchar contra sus problemas de tráfico: el sistema de autobuses de transporte rápido Dart. El tiempo de viaje desde la estación terminal de Kimara hasta el centro de Dar es Salaam, que anteriormente era de unas dos horas, se ha reducido a 45 minutos. Ello implica unos ahorros de tiempo enormes para los numerosísimos usuarios que toman el bus dos veces al día, prácticamente a diario.
Esta espectacular mejoría se ha conseguido estableciendo un carril separado para los autobuses del sistema Dart, y haciendo que la venta y el control de bil