Las luchas internas desgastan a la izquierda española
Socialistas, socialdemócratas, liberales de izquierda, verdes, comunistas, anarquistas, anticapitalistas, ecologistas, anarcosindicalistas, animalistas... La izquierda siempre ha sabido dividirse en innumerables facciones, algunas irreconciliables, que compiten entre sí por conquistar el voto de los electores. En cambio las formaciones de derechas, siempre mucho más pragmáticas, rara vez han llegado a tales extremos de fragmentación. Y mucho menos a declararse la guerra abierta entre sí. La derecha suele dividirse en simples matices, desde el centroderecha hasta la ultraderecha. Pero los conceptos a defender, a grandes rasgos, son bastante similares: familia, tradición, religión, orden, autoridad, jerarquía, unidad territorial, libertad económica. Lo que cambia es el grado de convicción o compromiso, o más bien el grado de extremismo, con el que se defienden dichos valores. Es por ello, en mi opinión, que los partidos de derecha rara vez encuentran demasiados problemas para ponerse de acuerdo entre sí.
A la caza del apoyo independentista
Pedro Sánchez no tiene más remedio que cortejar, de la manera que sea, a los independentistas catalanes. Es consciente de que, sin el apoyo de los diputados catalanes en el Congreso español, los días en el poder del Partido Socialista están contados. Y en ese caso, retornaría al gobierno la derecha, como lo acaba de hacer en Andalucía. Eso sería no sólo una mala noticia para los partidarios de la izquierda en España, sino sobre todo para los independentistas en Cataluña, quienes con toda probabilidad tendrían que encararse a un recrudecimiento en la represión política. Es por ello que tanto socialistas como independentistas están obligados a entenderse. Y es que en el mundo de la política suelen nacer "extrañas amistades".
Con el fin de "seducir" a los secesionistas, Sánchez ha optado por una de las soluciones más viejas y sencillas del mundo: ofrecer dinero. Más concretamente: muchísimo dinero a cambio de apoyo político. Según los presupuestos presentados la semana pasada por Pedro Sánchez —unos presupuestos que requieren precisamente la aprobación de los independentistas y que permitirían a Sánchez continuar en el poder—, Cataluña recibirá este año 2.250 millones de euros. Esta ci
Un segundo referéndum sobre el Brexit gana cada vez más adeptos
Reino Unido se encuentra en un difícil atolladero. Y nadie sabe muy bien cómo salir de allí. Principalmente su primera ministra, Theresa May. La máxima dirigente del Reino Unido se tambalea día a día sobre la cuerda floja. Uno realmente no sabe muy bien cuál es su prioridad en la política, si encontrar una salida satisfactoria para el Brexit, o sencillamente mantenerse en el poder una semana más. Y otra... y otra... Y así vamos.
La semana pasada May superó una moción de censura propuesta por el principal líder de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn. La superó por un margen muy reducido, eso sí: apenas por 19 votos a favor. Unos días antes, su plan para un Brexit suave había sufrido una apabullante derrota en ese mismo parlamento (incluso muchos miembros de su propio partido votaron en contra), de modo que la oposición consideró que había llegado el momento de apartar a la primera ministra del cargo. Pero el plan fracasó. Y es que, por más increíble que parezca, sólo hay un líder peor valorado que Theresa May en estos momentos: Jeremy Corbyn. Con políticos así, ¿a quién le puede extrañar que no se pueda ver la luz al final del túnel?
El problema principal parece ser que nadie sa
Los líderes de Vox sacan pecho en Andalucía
Finalmente el día que tantos partidarios de la derecha andaluza ansiaban llegó. Eso sí, tuvieron que esperar 36 largos años para que el partido socialista dejase de gobernar en Andalucía. El pasado 16 de enero, Juanma Moreno, el líder del Partido Popular andaluz, se juramentó como nuevo presidente de la comunidad. Así es, la derecha al fin ha logrado desalojar a la izquierda del poder. Pero lo ha hecho a costa de importantes divisiones, ya que se ha fragmentado en tres partidos que compiten entre sí. Bastante ha costado que se pusieran de acuerdo entre ellos para formar gobierno. Lo cierto es que ha habido un gran obstáculo que ha impedido la pronta materialización del acuerdo final de gobernanza: la existencia de Vox, un nuevo partido de ultraderecha. Durante las últimas semanas, han sido numerosas las voces, no sólo dentro de la política española sino también incluso en el ámbito europeo, que recomendaban establecer una especie de cordón sanitario en torno a Vox. O lo que es lo mismo: mantener al partido de la ultraderecha excluido de cualquier negociación política. El problema para los dos partidos de derecha restantes, el Partido Popular y Ciudadanos, era que, de mantener aisla
La masculinidad puesta en duda
Quizá una de las razones principales que explicaría el carácter inestable y turbulento de nuestra época sea la proliferación de opiniones. Las redes sociales han amplificado y multiplicado a la enésima potencia las voces que desean generar conflicto. Hoy en día todos tenemos algo que decir. Lo queremos decir bien alto y exigimos que nos tomen en cuenta. Incluso, sentimos la obligación de opinar sobre cualquier tema, así sea acerca de un vídeo de gatitos, quizá por temor a ser excluidos del ruido mediático. Opino luego existo, diría Descartes en la actualidad.
También las empresas han caído en esta especie de trampa. Hoy en día, muchas compañías sienten la obligación de poseer y hacer pública su "conciencia política o social". Lo vimos hace unos meses con Nike, cuando apoyó, a través de un anuncio publicitario, a Kaepernick, un jugador de fútbol americano que se negaba a mantenerse de pie en los estadios cuando sonaba el himno nacional. Aquello le costó a Nike el desprecio de millones de estadounidenses, incluido el del mismísimo presidente. Y… también le brindó millones de dólares en publicidad gratuita, gracias a la polémica que inundó las redes.
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