El cambio climático, gran reto para 2019
2018 ha sido, desgraciadamente, un mal año para el cambio climático. Decir otra cosa sería mentir. En octubre, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC) urgió una vez más al mundo a tomar acciones inmediatas contra el calentamiento global; la ventana de oportunidad para evitar una alta probabilidad de cambios catastróficos es cada vez menor.
Los principales expertos científicos sobre el cambio climático aseguraron, en el informe del IPCC de octubre, que solo tenemos 12 años para limitar el incremento de temperatura a 1,5 grados centígrados. Un incremento de 2 grados aumentaría significativamente el riesgo de sequías, inundaciones y fenómenos climatológicos extremos. Pero la realidad es que, al ritmo actual, —no olvidemos que este año han vuelto a subir las emisiones mundiales de dióxido de carbono— se prevé un aumento de la temperatura nada menos que de 3 grados.
2018, un gran año para la corrupción en España
Según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas, en 2018, como en los últimos años, la corrupción ha seguido siendo uno de los tres problemas que más nos preocupan a los españoles. Y los ciudadanos españoles no somos los únicos en opinar así; en febrero, Transparencia Internacional hizo público su índice de corrupción mundial. Y España obtuvo su peor clasificación de la historia, apareciendo en el puesto número 42, con 57 puntos.
Durante el año han seguido aflorando nuevos casos de corrupción. Es una larga lista, pero les pondré dos ejemplos significativos. En abril dimitió la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, acusada de haber falsificado el máster que supuestamente cursó en la Universidad Rey Juan Carlos. Cifuentes será procesada por un delito de falsedad documental en relación al “caso Máster”. Por otro lado, el 4 de diciembre la Fiscalía Anticorr
La llegada del Aquarius, un momento para recordar
El 17 de junio entraba en el puerto de Valencia un pequeño convoy marítimo de tres embarcaciones, encabezado por el buque de salvamento Aquarius. A bordo de este último viajaban centenares de personas, rescatadas frente a la costa de Libia por las ONG SOS Mediterráneo y Médicos Sin Fronteras. Llevaban más de una semana en el mar, tras la negativa de Italia y Malta a autorizar su entrada.
Permitir el desembarco del Aquarius fue una de las primeras decisiones de Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno español, que en ese momento llevaba solo dos semanas en el cargo. Se organizó un dispositivo de 2.000 personas para atender a las necesidades de los recién llegados, y muchos españoles nos sentimos orgullosos de nuestro país.
Aunque no todos, por supuesto. Tras esperar de manera prudente —o cobarde, según se mire— unos días, el secretario general del Partido Popular, Pablo Casado, rechazó la
Jamal Khashoggi, esperando justicia
Según la reconstrucción de la BBC, sobre las 3 y media de la madrugada del pasado 2 de octubre aterrizaba en Estambul un jet privado. A bordo viajaba el primer contingente de un equipo de agentes saudíes, que llegaba a la capital turca con un siniestro objetivo: asesinar al periodista disidente Jamal Khashoggi.
Cuando Khashoggi entró en el consulado de Arabia Saudí en Estambul, a la 1 y cuarto de la tarde, los asesinos ya estaban preparados. Con toda probabilidad, cayeron sobre él minutos después de que accediera al recinto consular, y le estrangularon. Después, su cuerpo fue desmembrado por un médico forense que, como el resto de asesinos, había llegado a Turquía aquel mismo día. Los restos mortales del periodista probablemente no se encuentren nunca.
En los meses transcurridos desde la muerte de Khashoggi, el reguero de sangre que debió dejar su cuerpo ha dado paso a ríos de tinta. Tras