Nuevos políticos, viejas costumbres
Quizá hayan oído que, en los últimos años, los españoles hemos perdido nuestra devoción por las mayorías absolutas en el Parlamento. Fue bonito mientras duró… o no. Cuando el partido que has votado alcanza la mayoría absoluta, está muy bien. Pero, cuando le toca el turno a los otros, y ves como desmontan todo lo que hicieron los “tuyos”, ya no es tan divertido.
Tenerife no quiere más túmulos de piedras en la playa
La costumbre humana de crear simbolismo amontonando piedras es quizá tan vieja como nuestra especie. En las islas Baleares, por ejemplo, están los talaiots, monumentos megalíticos con más de tres mil años de antigüedad en algunos casos. Quizá sorprendería a los habitantes prehistóricos de las Baleares saber que, varios milenios después, no hemos perdido la costumbre de amontonar rocas. La última moda es poner en equilibrio unas cuantas piedras de pequeño o mediano tamaño, normalmente en una playa o lugar costero. Probablemente las hayan visto.
No sé qué tendrán estos túmulos de piedras, pero, una vez que alguien empieza, ya no hay quien pare. Ya pasaba en tiempos de los talaiots, según parece, y eso que usaban losas de varias toneladas de peso. En Menorca particularmente es difícil no encontrarse con alguno; los hay literalmente a cientos.
Pero si no hay que levantar losas, sino solo piedras de poco peso, esta costumbre puede llegar a convertirse en una auténtica fiebre. Y es lo que ha ocurrido en nuestro otro archipiélago, el de las Canarias. Como contaba El País el pasado 20 de julio, las playas Jardín y El Beril, en la isla de Tenerife, ostentan el dudoso honor de tener el récord
En tierra de nadie
El pasado 20 de julio, eldiario.es hablaba de la startup de patinetes eléctricos Reby. La empresa, que alquila patinetes por Internet, y que en el futuro planea ofrecer también otros vehículos eléctricos como bicicletas, declara su intención de “poner el foco en el peatón”. Según uno de sus fundadores, Reby quiere evitar el modelo americano, por ser “muy depredador de la ciudad”.
Vamos a ver, señores de Reby. Aclaremos un poco las cosas. Lo primero es que una persona montada en un patinete eléctrico, o en una bicicleta, no es un peatón. Por definición, solo quien va a pie lo es. Y su compañía se dedica a alquilar vehículos eléctricos sobre ruedas, por lo que su foco, claramente, no es el peatón.
Como hacen otras startups, las empresas de patinetes eléctricos, que están surgiendo como champiñones en muchas ciudades, intentan aprovecharse del vacío legal para arrancar sin incómodas trabas regulatorias. Pero, en mi opinión, patinetes eléctricos, Segways, monopatines motorizados y otros vehículos similares son, efectivamente, “depredadores de la ciudad”. Sencillamente, porque los núcleos urbanos no disponen de un lugar adecuado para su circulación.
Para mí, permitir vehículos sobre ruedas
Thunberg, una verdad incómoda en el Parlamento francés
Si creyera en los viajes en el tiempo, pensaría que la activista medioambiental sueca Greta Thunberg viene del futuro. No tanto por la información contenida en sus discursos, que se basa en datos publicados por la comunidad científica, sino por la emoción; la intensidad que transmite parece propia de alguien que hubiera visto con sus propios ojos el negro futuro que nos invita a eludir.
El pasado 23 de julio, Thunberg pronunció un breve discurso ante al Parlamento francés. Como de costumbre, estuvo afilada como una navaja. Les dijo a la cara a los parlamentarios de la Asamblea Nacional que líderes políticos y empresariales no están haciendo nada por detener el cambio climático. Pero, según la joven activista, hay un peligro incluso mayor que la inacción, que es pretender que se está actuando, cuando en realidad no se hace nada. Por momentos, el auditorio fue un festival de caras largas, aunque también hubo aplausos.
Vergonzosamente, algunos parlamentarios franceses se ausentaron de la presentación. Guillaume Larrivé, candidato a la presidencia del partido conservador Los Republicanos, urgió a sus compañeros a boicotear el discurso de Thunberg, tuiteando “No necesitamos gurús del Apoc
Bolsonaro acelera la destrucción del Amazonas
El pasado mes de junio se deforestó un 80 por ciento más de superficie de la Amazonia que durante el mismo mes de 2018, según informaba el New York Times el pasado 28 de julio. Tras este alarmante aumento está la mano, no precisamente invisible, de Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil.
Durante la campaña presidencial del año pasado, Bolsonaro amenazó con desmantelar directamente el Ministerio del Medio Ambiente. La misma campaña durante la cual le dijo a una congresista que no la violaría porque era demasiado fea, y que preferiría que su hijo muriera en un accidente de coche a que fuera homosexual… entre otros comentarios homófobos, misóginos y racistas.
Sus aliados del lobby agropecuario, temiendo un posible boicot contra sus productos, tuvieron que decirle a Bolsonaro que se calmara un poco. ¿Qué sería incluso mejor que eliminar por completo el Ministerio de Medio Ambiente? Recortar al máximo sus funciones, y poner a un títere al frente —el Sr. Ricardo Salles—. Así pueden guardar las apariencias mientras destruyen impunemente la Amazonia.
Obviamente, el presidente de Brasil no engaña a nadie. Sus intenciones están muy claras, y el dramático incremento en la deforestación del Amaz