A Pedro Sánchez definitivamente no le salió bien la jugada. Y ahora mismo debe de estar arrepintiéndose bastante. Ante unas enormes dificultades para poder formar gobierno, hace un par de meses el presidente español hizo una apuesta arriesgada: convocar otras elecciones generales, las segundas en apenas siete meses, que le permitieran obtener una mejor posición de cara a unas nuevas negociaciones con los demás partidos. Aquello no ocurrió. Todo lo contrario. En estos momentos el partido socialista está en una situación de mayor debilidad, de modo que a partir de ahora será aún más difícil sacar un gobierno adelante. Incluso el espectro de unas terceras elecciones ronda el ambiente.
Cataluña, siempre Cataluña. El conflicto entre el Estado español y el movimiento independentista catalán lo invade todo, lo impregna todo, lo contamina todo. Nada se salva. Prácticamente todos los discursos políticos, a lo largo de la campaña electoral recién finalizada, han estado relacionados de una manera u otra con dicho conflicto. Es omnipresente. Agita los ánimos. Desata pasiones. Hace perder los nervios. Lleva a cometer graves errores. Incluso al presidente del gobierno.
Os cuento lo sucedido. El pasado 4 de noviembre, durante un debate electoral televisado, el presidente español, Pedro Sánchez, hizo una apuesta arriesgada: prometió, ante millones de telespectadores, que traería de vuelta a España a Carles Puigdemont. Para quienes no lo recuerden, Puigdemont ejercía como presidente de Cataluña durante aquel agitado octubre del 2017 en que se declaró, de manera fugaz e ilegal, la independencia de la comunidad. Tras retar al Estado central, Puigdemont huyó a Bélgica, país en el que ha residido desde entonces. El gobierno español ha hecho todo lo posible por traer de regreso a España al ahora expresidente catalán, con el objetivo de juzgarlo y encerrarlo en la cárcel. Sin embarg
La tensión política en la comunidad catalana es constante. La aspereza entre el gobierno central en Madrid y la Generalitat de Cataluña no tiene visos de disminuir. Prueba de ello fue lo ocurrido el pasado 4 de noviembre en Barcelona. Ese día, el Rey de España, Felipe VI, se presentó en la ciudad junto a su esposa y sus dos hijas para oficiar una entrega de premios dedicados a jóvenes emprendedores. El lugar donde se realizó el evento, el Palacio de Congresos, ubicado en una de las principales avenidas de la capital catalana, debió blindarse durante horas por medio de la presencia de decenas de policías y guardias urbanos. Afuera, en las inmediaciones del emblemático edificio, centenares de enfurecidos independentistas intentaban boicotear el evento, dificultando el acceso a los invitados. Estos últimos tuvieron grandes dificultades para desplazarse caminando hasta la entrada. Algunos de ellos fueron agredidos verbalmente, e incluso unos cuantos recibieron manotazos y escupitajos por la espalda. Al tiempo que estas acciones vergonzosas se sucedían ante las cámaras de televisión, los manifestantes coreaban consignas en contra del Rey, a quien consideran un símbolo de la supuesta opr
En un artículo publicado recientemente en el New York Times, un destacado columnista de dicho periódico afirmaba que hay dos principales responsables del ambiente de crispación y división que envuelve a Estados Unidos en estos momentos: Donald Trump y Mark Zuckerberg. La mención del presidente estadounidense creo que no debe sorprender a nadie. Más inesperada es la inclusión en la lista del fundador de Facebook. Sin embargo, creo que Thomas Friedman, el autor de dicho análisis, tiene gran parte de razón.
Donald Trump, creo que ya todos lo sabemos, se ha encargado de dividir a sus compatriotas (y al mundo entero) en amigos y enemigos, haciendo un uso descarado de las "fake news", muchas de ellas elaboradas por agencias informativas bajo control de potencias extranjeras. Y Mark Zuckerberg ha permitido — en innumerables ocasiones, a sabiendas — que todo ese caudal de información falsa, o más bien de pura desinformación, se difunda a través de su popular red social. No olvidemos que diversos estudios sociológicos aseguran que más de la mitad de los estadounidenses se informan únicamente a través de Facebook. De ahí, la gravedad de la actitud pasiva del fundador de dicha red social.
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Las imágenes son sencillamente impactantes. Parecieran salidas de algún filme de ciencia ficción que abordase una distopía apocalíptica. Pero no se trata del futuro. Es el presente. El presente en la ciudad de Nueva Delhi. Los niveles de contaminación registrados durante los últimos días son insoportables para los más de 20 millones de personas que habitan una de las urbes más superpobladas – y por supuesto, más contaminadas – del planeta. Para que os hagáis una idea: los ciudadanos en las calles son incapaces de ver lo que hay a su alrededor a apenas unas decenas de metros de distancia. Pero el principal riesgo no son, evidentemente, los innumerables accidentes de tráfico vial, e incluso aéreo, que aquella permanente nube de esmog podría provocar. La principal preocupación para los habitantes, así como para las máximas autoridades del país, son las terribles consecuencias que tal contaminación puede provocar sobre la salud. Es por ello que el gobierno ha decretado, a partir del pasado 1 de noviembre, una situación de emergencia de salud pública.
Las mediciones hechas en las últimas semanas son alarmantes. La concentración de "partículas finas", las cuales son consideradas por los e