No es normal. Así se titula el último monólogo de la humorista norteamericana Wanda Sykes en una popular plataforma de vídeo online. En él, Sykes nos recuerda, por supuesto en tono de humor, que el comportamiento del actual presidente de Estados Unidos no es normal, aunque, de alguna manera, nos hayamos acostumbrado a él.
En mayo de 2017, unos 200.000 usuarios del sistema operativo Windows en todo el mundo vieron aparecer en sus pantallas el inquietante mensaje: “Uy, tus ficheros importantes están encriptados”. Sus ordenadores habían sido infectados por el ransomware WannaCry, que, si no pagaban un rescate, amenazaba con bloquear para siempre el acceso a su información.
La “moda” del ransomware no tiene visos de acabar; más bien al contrario. Imagino que, mientras haya gente que paga, habrá ciberdelincuentes sin escrúpulos buscando víctimas y chantajeándolas. Pero, según varios expertos, a pesar de su enorme alcance, el ataque de 2017 no reportó tanto dinero a sus responsables. Entre otras cosas, porque la mayoría de la gente no sabe pagar en bitcoins, como suele exigirse en estos casos.
Quizá por ello, ahora muchos ataques de ransomware tienen por objetivo a grandes empresas, capaces de pagar importantes cantidades, en bitcoins, con tal de no ver su negocio interrumpido. Hace unos días, le tocó el turno a las emisoras de radio de Prisa, uno de los mayores grupos de medios de comunicación españoles.
Los trabajadores del popular noticiero radiofónico “Hoy por hoy”, de la cadena SER, fueron los primeros
Recuerdo una tira de humor de hace unos meses donde, viñeta tras viñeta, se veía a una mujer depilándose diferentes partes del cuerpo, quizá en preparación para una cita. Al final, aparecía un hombre tumbado en una cama —esperando a la mujer, imagino— con una gran sonrisa en la cara… y el cuerpo cubierto de pelo.
Sí, los hombres suelen ser más peludos que las mujeres. Pero la historieta anterior refleja perfectamente el doble rasero que existe en relación a la cantidad de vello deseable, o cuando menos aceptable, para el sexo opuesto. Una doble vara de medir que, por supuesto, va mucho más allá, porque, en la inmensa mayoría de casos, somos las mujeres las que invertimos más tiempo —y dinero— en cuidar nuestra apariencia: peinado, maquillaje, ropa…
Afortunadamente, las cosas están cambiando, y en España tanto o más que en otros sitios. El antiguo mito del “macho ibérico”, modelo de hombre que, entre otras cosas, pretendía convertir el descuidar la apariencia en una virtud, está casi olvidado. Como contaba la publicación digital vozpópuli el pasado 11 de noviembre, los españoles se preocupan cada vez más por su aspecto, y no solo se han vuelto más deportistas, sino que han comenzado a
En esta época del año, los más previsores ya están pensando en los regalos navideños. Pero si, como yo, andan escasos de ideas, no se preocupen; la actriz Gwyneth Paltrow acude al rescate. La web de su marca goop, indispensable para la vida moderna, incluye secciones dedicadas a los regalos de Navidad, entre ellas la incomparable “Guía del regalo ridículo pero genial”.
Este año, la guía propone cosas que van desde una barrita de caviar deshidratado a un itinerario de vacaciones en jet privado. El año pasado, una de las sugerencias de la guía fue nada menos que… una aldea abandonada cerca de Lugo, en Galicia. Yo, en realidad, no quería hablarles de las estrafalarias recomendaciones de Paltrow, ni de regalos navideños, pero sí de comprar aldeas abandonadas.
Como contaba la revista 20minutos el pasado 13 de noviembre, una pareja holandesa acabó comprando, poco tiempo después, la aldea gallega mencionada por Paltrow. En el programa hemos comentado varias veces el fenómeno de la España vacía, y cómo en nuestro país existen miles de pueblos abandonados. Pero quizá las cosas estén empezando a cambiar; ya han surgido agencias inmobiliarias especializadas en la venta de aldeas abandonadas, y
Entre los elementos que comparten las tres grandes religiones del mundo está el diferente tratamiento que reciben hombres y mujeres. Los primeros son, claramente, los “hijos predilectos”. Rabinos, sacerdotes e imanes pueden ser solo hombres y, en el matrimonio, el papel principal está reservado también al sexo masculino. Las mujeres deben ser sumisas y obedecer los dictados primero del padre y después del marido, y, por supuesto, en todo momento los del líder religioso.
Personalmente, he de decir que todo esto me parece una flagrante injusticia; discriminación de género de libro. Las grandes religiones establecen, por supuesto, un sinfín de preceptos para mantener este status quo, con los hombres en el poder. En el islam, una de estas normas dicta que, a la hora de heredar, las mujeres reciben solo la mitad que los hombres. Y en Egipto, donde precepto religioso y ley civil con frecuencia se confunden, todas las mujeres, sean de la religión que sean, sufren las consecuencias de esta injusta ley.
Imagino que el poder de la religión y la presión social impiden a la mayoría de mujeres musulmanas rebelarse contra esta situación. Pero la comunidad copta, que profesa la fe cristiana, ve las