El pasado 3 de diciembre se dio inicio, a través de la toma de juramento de los diputados electos en los comicios del mes pasado, a la decimocuarta legislatura de la democracia española. Sin embargo, ese día en el Congreso de los Diputados no se respiraba ninguna alegría, ni siquiera entre los miembros de los partidos ganadores. Tras dos elecciones generales realizadas en un mismo año, ambas ganadas por el Partido Socialista, seguimos en el mismo punto que antes: no se vislumbran posibilidades de formar un nuevo gobierno en el futuro más inmediato.
La frágil e inestable tregua entre los partidos de derecha en España ha durado bastante poco. Finalmente, tras la conformación del Congreso de Diputados el pasado 2 de diciembre, la cual dio inicio a la nueva legislatura, se ha declarado la guerra entre las distintas formaciones de ideología conservadora.
Durante las últimas dos campañas electorales, desarrolladas a lo largo de este mismo año, los tres partidos del área derechista, el Partido Popular, Ciudadanos y Vox, se cuidaron bastante de lanzarse invectivas unos a otros. Incluso el Partido Popular y Ciudadanos tuvieron la "delicadeza" de evitar mencionar públicamente el hecho, bastante evidente, de que Vox es un partido claramente xenófobo, machista y de ultraderecha. Todo muy civilizado y educado, hay que reconocerlo. En realidad la razón es bastante comprensible: los votantes de derecha en líneas generales se diferencian sobremane
La ola global de protestas ciudadanas continúa expandiéndose con fuerza por todos los rincones del planeta. Hong Kong, Santiago de Chile, Quito, París, Bogotá... ya son muchos los puntos del globo donde se ha avivado la indignación colectiva. La conflictiva e inestable región del Medio Oriente, que muchos califican como un polvorín constantemente a punto de estallar, no ha sido la excepción. Sin embargo, a diferencia de lo que acontece por ejemplo en Latinoamérica, donde el despliegue informativo es abundante, lo que está ocurriendo en estos momentos en las calles de las principales ciudades de Irán, uno de los países más herméticos del planeta, nos llega con cuentagotas.
Así es, la mecha de la ira también se ha encendido en contra del régimen teocrático de la República Islámica de Irán. El país está experimentando en estos momentos las revueltas más violentas desde el triunfo de la revol
La última cumbre de la OTAN, celebrada la semana pasada en Londres, sirvió sobre todo para dejar algo en evidencia: la extrema división que reina en el interior de dicha organización.
Las cosas han cambiado bastante desde que, en el año 1949, la alianza militar se fundara. Para la historia quedó la memorable frase que pronunció su primer secretario general, el británico Hastings Ismay: la OTAN nació para mantener a los rusos fuera, los estadounidenses dentro, y Alemania debajo. Mucha agua ha corrido desde entonces. Alemania ahora tiene un papel preponderante, mientras que Estados Unidos no sólo se ha distanciado de sus socios tradicionales, sino que además ha acercado posiciones con Rusia, el rival histórico de la alianza.
Y ese alejamiento se ha hecho más que patente durante la última cumbre. Se han repetido los reproches y las acusaciones cruzadas, sobre todo entre Emmanuel Macron y Don
Madrid está siendo escenario estos días de la Cumbre Mundial del Clima. Dicha cumbre, que en teoría debía realizarse en Santiago de Chile, tuvo que ser trasladada con premura a la capital española debido a las violentas protestas ciudadanas que se están desarrollando desde hace semanas en el país austral. Madrid demostró estar a la altura del desafío y logró organizar, en tiempo récord, un complejo evento que, entre los días 2 y 13 de diciembre, conseguirá reunir a miles de personas provenientes de más de 200 países. Otra cosa muy distinta es el teórico éxito que al final pueda derivarse de esta cumbre. A pesar de las buenas intenciones y de la sincera preocupación de muchas de las delegaciones congregadas en Madrid, son numerosos los analistas y científicos que son escépticos en relación a la efectividad real de las medidas que puedan acordarse al final de las reuniones. Desde hace vari